PRÓLOGO DE PALOMA SANTORIO, ESCRITORA SOLIDARIA

Antes reía mucho más. Me encanta reír, a carcajadas, que me duela la tripa de las convulsiones y que el cuerpo se convierta en una marioneta con Parkinson histérico (a pesar de las miradas ceñudas de mucha gente cuando ríes de ese modo). Reír es uno de los mayores placeres de la vida, y poco a poco lo estamos perdiendo. Las prisas por vivir, por ir a trabajar, por quedar con los amigos (pero rapidito, una cervecita y todos con un ojo en el móvil sin perder detalle), prisas por terminareldía, por dar las cenas a los pequeños o mayores de la casa, por acostar a nuestros hijos, por acabar el último informe de trabajo y mandarlo vía email a las once y media de la noche, prisas por ver el último capítulo de una serie)… prisas por absolutamente todo.

Estamos perdiendo de vista que vivimos sin pensar, no somos conscientes del momento en el que estamos. ¿Cuántas veces me ha pasado que mientras fregaba pensaba en lo que haría después (¿Limpio el baño, voy al gimnasio, me tiro al sofá y que le den morcillas a todas las demás tareas?), o mientras embarcaba un avión y decía buenos días a doscientas personas pensaba en el siguiente vuelo o en el final del día para ir a casa y quitarme esos zapatos que me estaban matando y hacer otra cosa?… sí… ¡¡¡definitivamente estamos convirtiéndonos en cibors!!!

A veces me paro a pensar en lo mucho que me reía con mis hermanas de pequeña, esa sensación de cosquilleo en la boca después de una buena risa, ese espíritu animado que se te queda después de haber reído a gusto con alguien a quien quieres, y ese miedo a que tu madre viniera con la zapatilla por detrás, por reírte a carcajada limpia en su siesta que, bien sabías tú, era sagrada. Me molesta ir perdiendo esa capacidad. A medida que la pierdo soy mas consciente de ello y quiero recuperarla, pero las malditas prisas por las que nos regimos todos en esta vida me lo impiden.

Afortunadamente tengo una pequeña de dos años que no sabe nada de la vida y ella me hace reír, a todas horas y por los motivos más tontos que uno pueda imaginar, desde una palabra que no existe o que existe, y ella la cambia (dice “puta” en vez de “puerta”) hasta gritar “mamá cacaaaaa” a pleno pulmón en un restaurante. Los niños no sienten vergüenza, nosotros les enseñamos a tenerla. Primero me río y luego me acuerdo de que soy una oveja que vive en sociedad y la reprendo para que, por lo menos, grite algo más bajito.

El otro día Mar me llamó para que escribiera este prólogo y entré en pánico. ¿Por qué? Porque hacía mucho que no escribía en su blog solidario. Empecé muy bien el primer año, muy firme y constante y después vinieron las prisas, el embarazo que me dejó sin neuronas y somnolienta por nueve meses y luego la pequeña que me dejó trastornada el último año y medio por falta de sueño. Así que me dije a mí misma que ¡nada de excusas! y aquí estoy, frente al ordenador, con la pequeña corriendo a mi alrededor y sacando todos los bolígrafos y los libros de su sitio mientras se parte de risa, vete a saber por qué razón, y me digo que si ella puede yo también, que yo también quiero ser fuerte y aprender a reír de nuevo sin vergüenza y muy alto. Pues eso, el vecino mira desde la ventana de enfrente a esta loca y yo le saludo riéndome y esperando que este prólogo no parezca el de una esquizofrénica.

Éste es el quinto aniversario de Cinco Palabras, y todavía recuerdo como si fuera ayer a Mar Olayo hablándome súper ilusionada sobre este genial proyecto solidario, sobre las muchas causas en las que podríamos ayudar sin poner apenas esfuerzo, solo unas letras, unas palabras, algo de nuestro tiempo(sí, ese que vivimos tan deprisa).

Me encantó su idea, pero sobre todo me encogió el corazón el esfuerzo y el alma que puso para sacarlo adelante. Me enorgullezco, como otros tantos escritores que formamos parte de Cinco Palabras, de haber aportado mi granito de arena a este inmenso proyecto, que me ha hecho parar y bajarme por unos momentos del vertiginoso mundo que es mi día a día, que me ha hecho pensar y sentarme a escribir para otras personas, y que me ha hecho disfrutar al saber que he conseguido algo de ellas: ¡una lágrima, una carcajada o unos pelos de punta! Pues ya llevamos Cinco años, no puedo pedir más.

Un saludo.

Santorio participó en el concurso de camisestas de Cinco Palabras: http://marolayo.blogspot.com.es/p/concurso-de-camisetas.html?m=1

 

 

La autora del prólogo de este mes es Paloma Santorio, escritora solidaria de la Asociación de Escritores Cinco Palabras y tripulante de cabina de la compañía IBERIA.

La causa del mes de marzo es  ‘Ningún niño sin Merienda’ que surge de cinco voluntarios que llevan tres años trabajando para que los niños más necesitados no se queden sin esa merienda. Este grupo preparan meriendas, ropa, juguetes y le intentan llevar alegría a esos niños.  A éste grupo le hace falta ayuda con productos de merienda. Su última acción ha sido en el Hospital Miguel Servert de Zaragoza.

Los escritores solidarios de CINCO PALABRAS siguen las siguientes reglas:

No se cambiará género ni número de las palabras propuestas. No se modificará la posición de las mismas.

El relato tendrá una extensión de máximo 100 palabras.(*)

(*) Escribe el relato en esta WEB pinchando DEJA UN COMENTARIO (aparecerán publicados una vez sean aprobados por nuestro equipo de edición) – Al final del mes se recopilarán todos los relatos en un volumen editado en PDF, que se podrá adquirir por un donativo de 5€, destinado a cada causa del mes. Colabora con nosotros y nuestras causas.

Además, puedes colaborar para que siga creciendo el proyecto CINCO PALABRAS mediante un donativo realizando una transferencia bancaria a la cuenta corriente de la Asociación de Escritores Solidarios:

ING DIRECT

Titular: CINCO PALABRAS

IBAN: ES60 1465 0100 9219 0019 2138

Código BIC/SWIFT: INGDESMMXXX

NOTA: CINCO PALABRAS se reserva el derecho de la publicación de los relatos. Se eliminarán relatos ofensivos o insultantes hacia cualquier país, pueblo, animal o personal que puedan herir la sensibilidad del lector. Registro de la Propiedad Intelectual Nº 43388/2013 © CINCO PALABRAS. Una vez que el autor escribe su relato en ‘comentarios’, autoriza a CINCO PALABRAS a hacer comunicación pública de las obras que voluntariamente publica en nuestra página web: cincoplabras.com

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