ESCRIBE TU RELATO DEL MES DE DICIEMBRE: JOSÉ MANUEL PARADA

Este mes de diciembre tenemos el honor de recibir las Cinco Palabras de una de las voces más queridas de la televisión española: José Manuel Parada, periodista, presentador y figura imprescindible en la historia de la comunicación y la cultura en España.

Parada ha dedicado buena parte de su vida profesional al legendario programa Cine de Barrio, un espacio que se convirtió en un punto de encuentro intergeneracional alrededor del cine español. Películas, artistas, directores, iconos de varias décadas… todos pasaron por su mesa, siempre arropados por su cercanía, su memoria prodigiosa y su capacidad única para contar historias que forman parte de nuestra memoria colectiva.

Actores, cantantes, guionistas, directores, estrellas del cine y la televisión… Parada ha conversado con todos. Su carrera es un puente entre generaciones y un testimonio vivo del valor cultural de nuestro cine.

Un encuentro muy especial

El pasado viernes 28 de noviembre, tras la proyección del documental dedicado a Samuel Bronston (realizado por Juan Antonio Tirado, creador de nuestro documental sobre la MGF, y José Cabanach) dentro de la exposición que se está celebrando en la Casa de Cultura Paco de Lucía en Torrelodones, nuestra presidenta Mar Olayo tuvo la oportunidad de saludar a José Manuel Parada.

Junto a ella estaba Andrea Bronston, embajadora de Cinco Palabras e hija del mítico productor. Fue un momento entrañable, lleno de cariño y complicidad, y allí mismo, en ese espacio dedicado a la historia del cine, Mar le pidió a José Manuel que nos regalara sus Cinco Palabras.

Él, generoso y espontáneo, nos entregó estas cinco joyas llenas de identidad, sentimiento y raíz.

Tuvimos la suerte de coincidir con Joaquín Torres fue miembro del grupo Los Pasos. Figura esencial del pop español y fundador del emblemático Torres Sonido, donde agradecemos que grabara «Radio Cantoría», para Cinco Palabras.

¡Gracias!

COLABORA CON CINCO PALABRAS ESTE DICIEMBRE con el Calendario Solidario 2026 – Las Damas de Claribel

¡OS ESPERAMOS EN LOS MERCADILLOS DE NAVIDAD!

🗓️ 1 de diciembre

Mercadillo Solidario de AENA en la Terminal T2 del Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid‑Barajas
⏰ 9:00 a 14:00
📌 T2 – Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas

🗓️ 5 de diciembre

Valdemorillo

⏰19.30h
🌟 Encendido de las luces de Navidad con las canciones navideñas de la Coral Cantoría.
🎄 Mesa solidaria de Cinco Palabras

🗓️ 13 y 14 de diciembre

Mercadillo Solidario de Colmenarejo

⏰ 10:00 a 14:00

🗓️ 21 de diciembre

Real Coliseo Carlos III. San Lorenzo de El Escorial. tras el concierto de Navidad de la Coral Cantoría ⏰ 13h


Claribel Aránega es escritora, pintora y costurera, una creadora única que pone su talento al servicio de las causas solidarias de Cinco Palabras.

¿Qué podrás encontrar en su mesa solidaria?

✨ El calendario Las Damas de Claribel – 2026
✨ Adornos navideños cosidos a mano
✨ Libros firmados por la autora
✨ Arte, palabra y solidaridad para regalar

Todo lo recaudado se destina directamente a los proyectos de nuestra ONG.

📅 El calendario ya está disponible en nuestra página web.
👉 Adquiérelo aquí y colabora

Adquirirlo es participar activamente en esta cadena de generosidad que Claribel nos inspira con su arte.

¡Ven a disfrutar de su arte solidario!

Querido José Manuel el 9 de diciembre será tu cumpleaños. Queremos felicitarte de una manera muy especial con una de las Damas de Claribel. ¡Que seas muy feliz!

ESCRIBE TU RELATO DEL MES DE DICIEMBRE Y PARTICICPA EN NUESTRO CONCURSO LITERARIO: JOSÉ MANUEL PARADA

Las palabras que nos ha regalado son las siguientes:

  • MORRIÑA
  • OLE
  • ESPAÑOLEAR
  • SAUDADE
  • JUNTOS

Palabras que evocan emoción, cultura, identidad, nostalgia, fiesta, pertenencia y unión.
Palabras que forman parte de nuestro lenguaje emocional, y que ahora son también parte de nuestra causa solidaria.

Invitamos a toda nuestra comunidad a escribir con ellas, a crear, a compartir…
Porque con Cinco Palabras, cuando escribes, ayudas.

NORMAS DE CINCO PALABRAS

Normas de CINCO PALABRAS para escribir un relato solidario:

1-. Extensión máxima 100 palabras.
2-. No se cambiará la posición de las palabras.
3-. No se modificará el género ni el número de las palabras proporcionadas.

*Por favor, revisad ortografía antes de publicarlo.
*Se eliminarán los relatos que no cumplan las normas

LA CAUSA DEL MES: AYUDA EN CHIVA

Desde la ONG CINCO PALABRAS seguimos colaborando con Conchín Feijoo, damnificada de la DANA en Valencia.

Invitamos a todos a unirse a nosotros en este esfuerzo, porque cada pequeño gesto cuenta. A través del arte y la solidaridad, podemos marcar la diferencia en la vida de Conchín y tantas otras personas que están pasando por situaciones difíciles.

🖐🏾 Si quieres ayudar a Conchín puedes hacer una donación:

ONG CINCO PALABRAS
LA CAIXA
ES91 2100 5920 2702 0014 7460

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🖐🏾 Escribe tu relato solidario a favor de Conchín.

PRÓLOGO DE AURORA RAPÚN


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NOTA: CINCO PALABRAS se reserva el derecho de la publicación de los relatos. Se eliminarán relatos ofensivos o insultantes hacia cualquier país, pueblo, animal o personal que puedan herir la sensibilidad del lector. Registro de la Propiedad Intelectual Nº 43388/2013 © CINCO PALABRAS. Una vez que el autor escribe su relato en ‘comentarios’, autoriza a CINCO PALABRAS a hacer comunicación pública de las obras que voluntariamente publica en nuestra página web: cincopalabras.com

Para cualquier sugerencia: contacto@cincopalabras.com


43 respuestas a «ESCRIBE TU RELATO DEL MES DE DICIEMBRE: JOSÉ MANUEL PARADA»

  1. luis uriarte montero

    Relato: Amigos para siempre

    Tengo morriña de mi pasado, era estar en el patio del colegio y ole los partidos de fútbol que echábamos, todos contra todos, si españolear era sentirse bien en tu infancia, ese era yo con mis amigos de entonces, saudade es la melancolía para los lusos, para mi ahora que estoy solo en el pueblo, sería volver a estar juntos todos los que un día fuimos amigos.

  2. −No, señora MacIvor, la de «teño morriña» no la canta Julio Iglesias en castellano, la canta en gallego… en otra lengua de España. Y no, el ole se le dice a los toreros, no a los cantantes. A los cantantes se les dice «bravo»… No, españolear no es hablar en español. Nosotros no españoleamos, nosotros aprendemos español. We learn Spanish. «Teño morriña, teño saudade»… Julio Iglesias sentía nostalgia de Galicia, «homesickness». Y ahora repita: «estamos aprendiendo español juntos», −«we are learning Spanish together»−. No, la de «mi gran noche» no es de Julio, es de Rapahel. Sí, tranquila, ahora la cantamos.

  3. Joaquín Iborra Mateo

    CLASE

    −No, señora MacIvor, la de «teño morriña» no la canta Julio Iglesias en castellano, la canta en gallego… en otra lengua de España. Y no, el ole se le dice a los toreros, no a los cantantes. A los cantantes se les dice «bravo»… No, españolear no es hablar en español. Nosotros no españoleamos, aprendemos español. We learn Spanish. «Teño morriña, teño saudade»… Julio Iglesias sentía nostalgia de Galicia, «homesickness». Y ahora repita: «estamos aprendiendo español juntos», −«we are learning Spanish together»−. No, la de «mi gran noche» no es de Julio, es de Rapahel. Sí, tranquila, ahora la cantamos.

  4. LO QUE SE LLEVARON LOS OCHENTA

    La morriña le llevó hasta el año del Señor de 1980. Sin barriga y con pelazo, ¡ole! Perdió la cabeza por una chavala con permanente y hombreras en su ropa. Simpática, bailona y disfrutona de la alegría y del sol de España, llevaba a gala españolear cantando «Como una ola» de Rocío Jurado. Sentía saudade de su loco verano juntos. Todo terminó cuando ella le dijo… o, peor aún, le cantó «Lo siento mi amor». Nunca superó del todo ese «Hace tiempo que no siento nada al hacerlo contigo». Ahí empezó a crecer la barriga y a caérsele el pelo.

  5. Sueños rotos por Jose Mª Escudero Ramos

    El hombre de triste mirada observó su rostro en el espejo del despacho. Al verse tan desmejorado sintió morriña por su yo más personal, aquel que aceptó afrontar el desafío de llegar al poder.
    ¡Ole mis colchones!_ dijo sonriéndose cínicamente a sí mismo.
    Ni siquiera podía españolear pues vivía preso de los deseos de las minorías.
    Bajó la cabeza susurrando «¡Oh, joven soñador! ¿Qué estado anímico se vincula a la decepción de la coherencia? ¿Saudade? Juntos comenzamos la lucha de clases; ahora acabo sin clase ni moral. No vengo de un país en guerra; yo, Dimitri Petrov, soy la guerra.»

  6. […] El texto no deberá exceder de las 100 palabras. […]

  7. La fotografía

    El veterano brigadista desenterró la caja de entre los escombros. Al abrirla, lo atravesó la morriña por una hija que jamás tuvo: una niña con vestido de faralaes que le sonreía desde una foto con la inscripción: «¡Olé, papá!».
    Ha consagrado décadas a españolear su valor ante ese retrato requisado de un hogar que la artillería arrasó.
    La saudade más cruel es la de los recuerdos inventados. Cuando murió, enterraron la caja y la fotografía con él, y desde entonces mienten juntos en Argelès-sur-Mer.
    Desde 1940.

  8. John Milton Octavio Mortadelo Darío Blake

    SEGUIR

    Casi toda la morriña que he gastado a lo largo de estos años fue para no olvidarme de ella. Hasta que un día me di cuenta de que una mujer de olé y olé, que te hacía españolear lejos de España o te mataba de saudade, a cualquier hora en Portugal, no estaba hecha para mí, porque el oficio de pasar la vida juntos resultaba incompatible con el de seguir soñando.

  9. Jorge Luis García Anacleto Benedetti Bécquer

    CIUDADES

    Versificando los conjuros de las meigas
    mientras intento convencerlas de que olviden
    su morriña de Santiago.

    Esperando a Camarón y sus cuarenta mil fandangos
    con una copa de manzanilla y olé,
    en San Fernando.

    Negociando
    mi capacidad de españolear
    en una basílica de Constantinopla.

    O compartiendo un cigarro de saudade
    con la llama de la aurora,
    en Lisboa.

    Solo soy una más
    entre las criaturas del universo
    indignas de aparecer en un Bestiario.

    Pero atraído
    por sus grandes alas de neón y de luz negra
    siempre termino haciéndolo en las ciudades.

    Juntos
    y a su lado
    nos encontraréis.

  10. Alba Rodríguez García

    La morriña descendió como un velo de niebla sobre mi memoria.
    Un ole de esperanza se alzó, iluminado entre las voces del pueblo.
    Comenzamos a españolear sencillos gestos, como quien borda su propia identidad con cada expresión compartida.
    La saudade, profunda y antigua, se convirtió en canto.
    Y descubrimos que esa unión es a las vez raíz y horizonte.
    Cada relato es semilla y con cada verso tendemos un puente,
    Y entre las grietas de la tierra herida de Chiva florece la solidaridad.
    Porque escribir es sembrar
    Y sembrar es recordar que la verdadera patria se llama ayuda, paz y solidaridad.

  11. Rafael Blasco

    Patrias
    Guardaba aquella maleta como un triste símbolo. Recordaba la morriña estrujándole el corazón en el pasado, y, mirando a su nieto, deseaba que jamás tuviera que emigrar. Fue duro abandonar sus raíces, pero la patria se pierde cuando rugen las tripas vacías. Su tierra le estiraba como una cadena invisible, por eso gritó, ¡Ole!, cuando encontró un amor paisano. Volvió a españolear. En la maleta había una foto, ella ya no estaba, su alma sintió el vacío. Saudade. Sabía que pronto se reunirían juntos para siempre en otro lugar, y mirando la imagen exclamó: mi patria eres tú.

  12. RETORNO AL HOGAR
    Hoy me he levantado con morriña. Recuerdo al abuelo gritando “¡ole!” cuando yo, una canija con faralaes, me arrancaba por sevillanas. Le encantaba españolear y nuestra casa estaba decorada en consecuencia: mantillas de encaje, abanicos pintados a mano, castañuelas de madera, porrones, botijos, incluso una navaja de Albacete, cubrían muebles y paredes. Y los tapetes de ganchillo de la abuela, que me provocan una inevitable saudade al recorrerlos con los dedos. Juntos cruzaron el charco y juntos descansan en esta tierra, pero estoy convencida de que sus espíritus, juntos, han regresado a su tierra natal.

  13. Héctor Ricardo Bernasconi Abal

    MI NONA PERFECTA

    Al principio no entendía cuando mi Nona hablaba de morriña, y casi siempre la nombraba cuando soltaba un OLE, y quería españolear cuando la saudade la acercaba a su amada aldea de Lugo.

    Allá, muy lejos de ella, me pedía que me sentara a su lado y me contaba historias de su infancia, de su mar, y de sus montañas. A mi me encantaba escucharla, y siempre terminaba jurandole que algún día la llevaría, y juntos recorreriamos eso parajes.

    Ya en España recorrí varias veces su aldea y pude sentirla a mi lado.
    Allí supe lo que sentía mi Nona.

  14. importantthoughtfully6948d9d7e6

    M. Ezker

    HERIIMINA
    Paris, la ciudad que siempre me cautivó, y allí me fui en cuanto me gradué en Filología Clásica. Pero había amanecido con “Herrimina” o Morriña que dice mi amigo Yago. Así que bajé al Café de Fleur y pedí en plan castizo un café olé. Tras las risas, me dijo Pepe el camarero andaluz, ¿qué, hoy tendremos que españolear, a ver si se te quita esa Saudade que llevas encima? y juntos tarareamos el himno del Athletic.

  15. MARÍA SOFÍA ABARCA

    EL VOLUNTARIADO

    Creí que me mentían: ¡esa hermosa muchacha no podía estar enferma! La MORRIÑA de sus ojos me hizo pensar que estaba cansada.
    Allí, a su lado, permanecí yo, acompañándola.
    Recordé medicamentos, dietas, nombres y dolores.
    El “OLE” de las fiestas quedó postergado, así como el sentimiento de ESPAÑOLEAR, de celebrar cumpleaños y de respirar, con SAUDADE, el aire fresco.
    Los médicos vinieron a verla: le quedaban pocos días de vida. ¡¿Cómo era posible?! Y yo todavía pensaba que me mentían.
    En cualquier momento se levantaba y se iba. ¡Nos iríamos JUNTOS! Y así fue… aunque por caminos distintos.

  16. Jaime Rojas Jiménez

    TERRUÑOS.
    Es inevitable la morriña en este exilio. Olvidados de Dios, Joao y yo, nunca nos cansamos de recordar los años mozos por las rías y los montes; el ¡olé! de los tablaos… Sin su ritmo se escurre el alma. Con Joao casi ni nos vemos, pero cuando pasa por acá, señor, qué de recuerdos refrescamos. Con buena jarra de albariño o de vino verde, acabamos por españolear este estío desolado… Joder, que la cabra siempre tira al monte; es la verdad: quien nos vea juntos por estos lados, descubrirá mi melancolía, la añoranza de Joao, y nuestra solidaria amistad.

  17. Jaime Rojas Jiménez

    EXILADOS TERRUÑOS.
    Inevitable cargar morriña en este exilio. Olvidados de Dios, Joao y yo, nunca nos cansamos de recordar los años mozos por rías y por montes; el ¡ole! de los tablaos… Sin su ritmo se escurre el alma. Con Joao casi ni nos vemos, pero cuando pasa por acá, señor, qué de recuerdos refrescamos. Con buena jarra de albariño o de vino verde, acabamos por españolear este estío desolado… Joder, la saudade, que la cabra siempre tira al monte. Es la verdad y quien nos vea juntos, y exilados, descubrirá mi melancolía, la añoranza de Joao, y nuestra solidaria, sempiterna amistad.

  18. Diego Ángel Ballesteros Martínez

    Sentí MORRIÑA al abrir la ventana del vagón, como si el tiempo murmurara OLÉ desde un rincón olvidado. Evité ESPAÑOLEAR recuerdos gastados, pero la memoria insistía en coserlos con hilos de SAUDADE mientras el tren devoraba kilómetros inciertos. Pensé en nosotros, en cómo alguna vez caminamos JUNTO por calles que ya no existen, perdidas entre luces que nunca supieron decidir si amanecían o se despedían. En el cristal empañado imaginé tu sombra doblándose en silencio y entendí que el viaje no buscaba destino, sino la grieta exacta donde guardar lo que queda cuando todo se va en la noche abierta.

  19. Natividad Villar Martínez

    DECORACIÓN SPANISH

    ¡Niña, déjate ya de morriña!, no te digo yo que no me gustara escuchar un ole de vez en cuando, es cierto que disfrutábamos de españolear cuando los primos de Alemania traían en vacaciones a algún serio germano, pero los tiempos cambiaron con la globalización.
    Tú tal vez ya no bailes, y puedo entender que el baile mejora el estado de ánimo, también comprendo que manifiestes cierto saudade por no estar juntos, pero yo agradezco que el niño de turno dejara de tocarme las banderillas. Lo mejor que nos pudo pasar es que cambiaran esas televisiones tan abultadas.

  20. Eva

    A veces, cuando el viento cálido atraviesa los mangos de Kpalimé, Aminata siente una MORRIÑA inesperada, como si el futuro llamara desde lejos. En el taller, las jóvenes gritan OLE cuando una clienta elogia sus telas, soñando con ESPAÑOLEAR algún día por Madrid, sin miedo ni límites. Aun así, una SAUDADE suave recorre sus conversaciones, lo que desean y todavía no alcanzan. Pero avanzan, creando proyectos, apoyándose, celebrándose. Y JUNTOS, porque así nombran al grupo entero, a la comunidad que las envuelve, sostienen la vida puntada a puntada, transformando cada día difícil en una semilla de esperanza.

  21. Francisco Javier Arroyo Miguel

    Booking.com

    En un mar sin playa, reunida toda la gama de colores oscuros para recoger el rojo fruto, un extraño acento casi derretido bajo el implacable plástico dijo: “tengo morriña”. Otro acento todavía más oscuro y más extraño exclamó:” ¡ole!, cada día se te da mejor españolear”. Alguien nuevo preguntó qué querían decir, y le respondieron que era algo parecido a la saudade que iba a sentir en la siguiente temporada de la naranja en el Algarve o de los melones en el Alentejo.
    Todos rieron y juntos volvieron a doblar el lomo, con nostalgia, lumbalgia y sin paella ni sangría.

  22. MARIA CRISTINA MUÑOZ EUGENIO

    Como buena andaluza, siento morriña de mi tierra y de mi gente, cada vez que vivo en el extranjero. Añoro con mortal amargor esos olé, y esa forma tan nuestra de españolear.

    La saudade es prima hermana de esta morriña, que llega sin aviso, te oprime el pecho y susurra recuerdos con voz de ola lejana.

    Esa dulce tristeza que me embarga, me ata a lo que fui, a mi tierra, a los abrazos que no tengo cerca, al amor de mi vida que añoro con profunda nostalgia, aunque sé, que volveremos pronto, a estar juntos, y no separarnos jamás.

  23. Lejos

    Empezó en el talón y fue trepando por el gemelo hasta quedar atorada tras la rodilla. La morriña la aguijoneó cuando escuchó aquel ole deslizándose bajo la puerta del bar “Españolear”. Aunque hacía años que se había instalado allí, no conocía aquel local al que la había invitado un antiguo novio con el que había coincidido aquella misma mañana. Cuando entró, la recibió una música inconfundible. La saudade la atrapó en cuanto cruzó su mirada con aquellos ojos que sonreían en su lengua. Enseguida supo que los dos, juntos, iban a echar un poco menos en falta su hogar.

  24. MARIA FELISA EGUIZABAL FERNANDEZ

    ¡Para ya!

    No corras cabeza; para. No te agobies. Me incomodas.
    Tómate un respiro para que el pensamiento no te aturrulle. Disfruta de esa MORRIÑA que produce el no saber nada; el silencio distante. El desconocimiento de los hechos.
    ¡Descansa, toma aire, recréate! ¡Se más amable y calla, por Dios!
    Uff… has parado ese carrusel de pensamientos, por un instante, ¡OLE!
    Vamos a ESPAÑOLEAR como el tiovivo que da las vueltas justas para cumplir su función, sin malgastar energía.
    ¡Qué SAUDADE de mi infancia, ingenua e inocente! ¡Si acaso te unieras a mis deseos y me ayudaras a rememorarla, JUNTOS!
    Unos minutos.

  25. MI BARRIO

    Paseando por aquella calle sentí una morriña de esas que escuecen, pero me repuse para decir casi gritando “Ole ahí mi barrio”. Siempre me ha gustado españolear sin espavientos y hacer honor a mi tierra, mis caminos y lo que rezuma identidad, por ello cuando asoma las orejas la nostalgia o la saudade, las meto en la mochila y las llevo a casa, les doy un poquito de brillo y juntos cantamos, lloramos y lo que se tercia en el momento. Más tarde una vez rejuvenecidos, disfrutamos y volvemos a ser los niños de antaño.

    Nani, diciembre 2025

  26. BLANCA MARÍA DEL REY DÍAZ

    La mudanza
    Olía a viaje. Comenzó con la morriña cuando lo metieron en el cajón. Al toparse con mantas y lana, supuso que perdería la costumbre de españolear: siestas de dos a cuatro, patrullar los tejados y rendirse al fresco de la luna. Ya no se erizaría con el repicar de campanas, el ole o el aroma a insectos en los jazmines.
    Saudade del cielo índigo cabalgando en su lomo y del bullicio en la plaza.
    Quiso acurrucar juntos esos recuerdos. Soltó un bufido breve, como quien despide su reino, y se dejó adormecer entre el vaivén de las ruedas.

  27. Susana

    Quería hablar de su infancia con morriña y decir olè, pero sabía que era mentira. Nunca tuvo una infancia de cuento. Sería españolear seguir con esa historia.
    No se puede sentir saudade por lo que nunca ocurrió. Estábamos en la misma casa pero no juntos

  28. Manuel González Casaus

    HAMBURGO
    Mi abuelo nació en una aldea de Galicia. Apenas fue a la escuela, y pronto aprendió el oficio de pastor. Él, de espíritu aventurero, supo que no quería pasar entre vacas el resto de su vida. Siendo adolescente se embarcó como polizón en el primer barco que pudo. Apareció en Hamburgo, sin un real. Las penalidades acrecentaron su MORRIÑA. Afortunadamente, encontró trabajo en un restaurante español llamado OLE, y allí se dedicó a ESPAÑOLEAR, a presumir de sus raíces. Pero la SAUDADE era más fuerte. Hasta que conoció a mi abuela Greta. Han pasado sesenta años, y allí siguen JUNTOS.

  29. Javier Casado Tirado

    Vientos

    En el fondo de la caja de los sueños dormía la morriña, una vieja imagen en blanco y negro la arropaba. Resonó un ole en mi memoria, aquella escena amarillenta cobró vida, unos ojos negros, sabor a vino, incesante españolear de bailaoras, guitarras, palmas, penumbra, zapateo, humo.
    Jaleo.
    La intensa saudade cerro mis ojos, temblor, cruce de caminos, fuerte viento al pasado.
    Vacío.
    Una brisa cálida me trajo tu voz, envolvió la embriaguez y el amanecer iluminó tus ojos, juntos en el ahora y sin decirlo, guardamos una imagen nueva. A todo color.

  30. ANTONIO MARQUÉS

    LA DIFERENCIA
    A él, la morriña le producía nostalgia; a ella, sopor. Para él, ole era una interjección de elogio, mientras que para ella, una burla. Él decía que españolear era una forma de mostrar el orgullo nacional; ella creía que evidenciaba nuestros tópicos. Cuando él sentía saudade, se refería al deseo de recuperar algo; para ella, representaba la ternura de recordar lo perdido. Los conocidos no podían explicarse cómo seguían juntos pensando de forma tan distinta. Ellos lo tenían claro: veían en sus diferencias un complemento y no un motivo de confrontación.

  31. Maite Vieco Martínez

    El último baile

    Posa su mirada sobre la foto. La morriña la enmarca. Cuerpo erguido, mano sobre la cabeza, la falda de vuelos que tanto le costó coser. Bailaba el ole andaluz con la gracia de quien lleva el españolear en los pies. Sus ojos se posan ahora en el espejo que la mira con saudade. Se levanta y gira sobre sí misma: como antes, como siempre, como nunca. Un destello de tantos años juntos: el tablado y ella, nada más.

  32. Dolores (Lola) Sanabria García

    CAMBIO
    He de confesar que no siento morriña de mis orígenes. El ole y españolear de mis ancestros más cercanos no me conmueven. Reconozco el pellizco saudade por Katrina. Pero tuve que elegir. Ahora vivo. Me pellizco y duele. Me contagio de la risa de mi bebé. A veces, cuando voy a la sala de extracciones, me tienta esa sangre tan roja y apetecible, pero pienso en Rosalía y enseguida se me pasa. La quiero. Renuncié a la oscuridad, a fuerza de mucha fe, para poder estar juntos hasta donde nos alcance la vida, sin la eternidad de las tinieblas.

  33. Damián Rotman Cleiman

    LA MISMA SED

    En la barra, entre torreznos, un tipo que apestaba a tabaco y derrota, soltó al aire «qué MORRIÑA, carallo», buscando una complicidad que no halló. A su lado, el otro mascaba la nostalgia de quien ya no grita un OLE en la Bombonera ni comparte un mate con los muchachos del barrio. Le irritaba aquel intento de ESPAÑOLEAR la miseria con palabras de aldea.

    ​«SAUDADE», insistió el viejo, ya por la cuarta copa. Se levantaron JUNTOS y al salir, cruzaron la calle por distintas sendas, masticando cada uno su propio exilio en un silencio que no necesitaba traducción.

  34. Paco Sobrio

    CIUDADANOS DEL MUNDO
    No consiste en emigrar para sentir morriña. No se trata de decir ole para españolear. La solución pasa por no sentir saudade actuando todos juntos como ciudadanos de un mundo más humanitario.

  35. AÑORANZA
    ···
    Atardecía mientras paseaban por aquella idílica ciudad. Pero tras una semana de vacaciones, ambos ya notaban esa morriña del que viaja. De repente, cerca de un bar, al oír a un músico callejero desgranar una copla andaluza, él se arrancó con palmas y un ¡olé!; y ella, contagiada, le siguió el ritmo. Pronto, sin rubor alguno, los dos comenzaron a españolear al unísono.
    Cuando finalizó aquel momento mágico, ella lo miró y dijo: «Tenemos el alma llena de saudade». Él asintió, se acercó y la besó. Y juntos, añorando su país, se fundieron en un largo y entrañable abrazo.

  36. NOCHE DE REYES

    Querida Uxía:

    Hoy la morriña quiso acompañarte al colegio, pero la dejamos abrazada al sillón del abuelo. Aplaudimos con un ¡ole! emocionado al verte guardar su recuerdo en tus bolsillos secretos; al escucharte españolear esas coplillas picaronas que te enseñó. Sabemos de esa saudade que se te desborda en pucheros cuando añoras su risa.
    Pero escucha: quienes se quieren nunca se van del todo…
    Esta noche dejaremos una luz junto a tus zapatos para recordarte que seguís juntos, incluso en lo invisible. No es truco; es amor.
    Duérmete pronto. Ya llegamos.
    Con cariño,
    Melchor, Gaspar y Baltasar

  37. VIDAS SINIESTRADAS
    Cuando la morriña le golpea en el pecho, como golpea la embravecida mar los acantilados de su lejana Galicia, comienza a canturrear flamenco o a torear coches con la haraposa chaqueta.
    Entre cláxones y algún «olé» con acento extranjero, capea las embestidas del pasado hasta que llega la policía.
    Españolear le cubre de un cálido velo de saudade que le ayuda a afrontar otra gélida noche londinense al raso.
    Entre cartones, volverá a soñar con la magia de cuando estaban juntos.
    Entre lágrimas, volverá a despertar en el fatídico instante en que decidió coger el coche después de haber bebido.

  38. RUTAS DE IDA Y VUELTA
    Al subir a la destartalada barcaza, un sentimiento de morriña invadió su alma. ¿Volvería algún día a ver a su familia? La travesía era corta pero sumamente arriesgada. El Mediterráneo ahora tiene otra cara, muy distinta a cuando todo era playa, olé, chiringuito y sol.
    Al tocar la tierra prometida, desembarcan tiritando y con la ropa empapada. Allí los espera la policía de inmigración. No llevan documentación alguna y evitan españolear para dificultar la repatriación. Tampoco miran al horizonte para que la saudade de la patria no los delate.
    Ha conseguido la llave para una vida mejor: están en África.

  39. AMORES CON TRAPÍO
    Sentía morriña hasta que comenzaba a echarle la bronca.
    «Qué sucios traes los zapatos», «no te has afeitado»…
    Entonces él sacaba el capote dispuesto a arrancar algún olé, y comenzaba la faena.
    Cuando ella cambiaba el tercio: «¡qué tardes vienes!», «¿ya te vas?»… él probaba suerte al natural.
    Y tras una tarde de españolear entre cipreses, volvía a hacer el solitario paseíllo de regreso a casa donde, desde un portarretratos, ella lo contemplaba con cara de «perdóname cielo, aquí me siento tan sola…» y así se duerme, cubierto por un cálido saudade y el anhelo de volver a estar juntos.

  40. Paloma Sampedro Canet

    Pura magia
    Una Navidad más sobre el escenario, pero algo la hacía distinta. Desde el inicio, una profunda morriña amenazaba con bloquear su garganta. A media actuación, la congoja acalló su voz. Entre lágrimas se sinceró con el público y pidió perdón. La respuesta fue memorable: puestos en pie, comenzaron a entonar un ole tras otro al compás de las palmas. Aquello era españolear, la palabra mágica que le permitió ver cómo una tímida saudade salió de su pecho y con manos flamencas abandonó el escenario con cadencia de seguidillas. Créanlo, todos la vieron partir y juntos la despidieron por alegrías.

  41. María Hernández

    MIGRACIÓN
    Tras finalizar sus estudios, se vio obligado a emigrar a Francia. Los comienzos fueron difíciles y sentía una profunda morriña de su Galicia natal. Aunque prefería el ole al «chapeau», en esas circunstancias no encontraba justificación para españolear, ya que el país vecino le había brindado la oportunidad que aquí se le negaba. Hizo amistad con un compañero de trabajo que tenía saudade de Portugal; juntos criticaron, alabaron y echaron de menos la península ibérica como una patria común. Nos evitaríamos este sentimiento melancólico y sobre todo las guerras sangrientas si no hubiera patrias que añorar y defender.

  42. LUCIA ALCAZAR LARA

    La tapa
    La morriña le entró justo cuando abrió la nevera y solo encontró una lechuga flácida, un tomate sospechoso y medio limón fosilizado. Soltó un olé tan débil que hasta el perro pareció juzgarlo, lanzando un leve gruñido. Decidió salir a españolear. Cerca de su casa habían abierto un restaurante de comida española. Una buena tapa de tortilla de patatas y un vaso de vino tinto podía rescatarlo de la tristeza. La saudade, dramática, se apuntó al paseo como si fuera protagonista de una telenovela lusa. Al final, él, su hambre y su tristeza avanzaron juntos hacia la felicidad.

  43. EL FIN DE LA FELICIDAD
    La MORRIÑA. Recuerdos del ayer, del “¡OLE!”,de ESPAÑOLEAR frente a un toro mirándola a los ojos y saboreando sus “¡bravo!”
    La SAUDADE lo atrapó e hizo que sus lagrimales le traicionaran.
    Iba en el metro, deseando minutos pasados, atesorando el recuerdo de su mano ensortijada en la suya, los besos susurrados con palabras, la suprema felicidad JUNTOS.
    Ella se había marchado.
    Besos robados, sin significado, descubiertos en la alborada por un carmín no borrado.
    Ella estaba ya lejos de su vida y él… ahí, destrozado, por tan solo cobardía y una vil mentira.

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