ESCRIBE TU RELATO DE NOVIEMBRE (V): ELENA CÁNOVAS, DIRECTORA DE TEATRO

Terminamos el mes de noviembre tan teatral con una directora de este noble arte, Elena Cánovas, resposable de la Compañía Teatro Yeses .Esta iniciativa teatral nace en la antigua cárcel de mujeres de Madrid: Yeserías en 1985 (de ahí le viene su nombre); pasando luego a la prisión de Carabanchel Mujeres y en la actualidad, con ubicación en el en el Centro Penitenciario de Madrid I Mujeres en Alcalá de Henares. En 2017, el Comité Organizador de los Premios Max de las Artes Escénicas concedió el Premio Max al Aficionado a las Artes Escénicas 2017 al Teatro Yeses, que sigue su andadura con Elena Cánovas al frente…

Nos encontramos con Elena Cánovas en el Museo Lázaro Galdiano en la exposición ‘Descubriendo un diálogo en el tiempo’, donde se exiben desde el pasado 27 de septiembre, las obras de la Colección de Arte Contemporáneo de la Fundación Coca-Cola. La muestra reúne alrededor de medio centenar de obras de artistas españoles y portugueses, todos ellos figuras claves en el desarrollo de nuevas tendencias y formas de expresión artística en la Península Ibérica, se podrá visitar hasta el 13 de enero de 2019.

Nuestra presidenta Mar Olayo fue invitada por Roberto Muro, responsable de la empresa ElMuro que organizaban el evento de presentación de la Fundación Cola Cola en Museo Lázaro Galdiano.

Las Cinco Palabras del Elena Cánovoas que nos dió el pasado mes de septiembre en el museo Lázaro Galdiano, fueron:

LOCOMOTORA
CACHIVACHE
ROJO
PASIÓN
JUEGO

EL TEATRO COMO FORMA DE INSERCIÓN

elena-canovas.jpegElena Cánovas nació en Madrid, estudió en un colegio de monjas donde hizo sus primeros pinitos en teatro, que continuaría en el instituto donde cursó bachiller. Estudió Trabajo Social porque le gustaba el contacto con la gente y buscar soluciones a los problemas sociales. Con esta idea de ayuda a las demás personas, pensando en los procesos de reinserción a los que tenían derecho las personas privadas de libertad, tomando como referente el punto 2 del artículo 25 de la Constitución española: “Las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social y no podrán consistir en trabajos forzados…”,  opositó como funcionaria de prisiones con el objetivo de hacer cumplirlo.

Corrían los años 80 y Elena entró a trabajar en la antigua cárcel de mujeres de Yeserías, en Madrid, (pasando luego a la prisión de Carabanchel Mujeres. Actualmente desempeña su labor en el Centro Penitenciario de Madrid I Mujeres  en Alcalá de Henares) encontrándose con un ambiente carcelario al uso, severo, cuasi militar, que obligaba a que las funcionarias mantuvieran unas relaciones distantes con las reclusas a quienes no podían siquiera tutear.

Elena, para adentrarse en el mundo de la delincuencia, decidió estudiar criminología y empezó a comprender que las causas, por las que muchas de las personas habían entrado en ese mundo, se debían a la dureza de las vidas que les había tocado vivir, desarrollándose en unas condiciones sociales duras y a veces miserables… Pero al ver que esto no le permitía cambiar la situación comenzó a estudiar Arte dramático, licenciándose en dirección escénica e interpretación, y entendió que este podía ser el camino para cumplir con sus objetivos profesionales y sociales y, además, divertirse.

Con esta idea, en 1985, tras pedir permiso a la directora de la prisión para montar un taller de teatro, creó el grupo de teatro Yeses, integrado por mujeres reclusas a los que se han ido uniendo actrices y actores profesionales. Desde entonces se han desarrollado más de cuarenta montajes teatrales, cuya complejidad técnica y artística ha ido progresivamente en aumento, consiguiendo que las integrantes del grupo viajen por todo el mundo, habiendo obtenido numerosos galardones.

COMPAÑÍA TEATRO YESES

Desde el primer momento quisieron hacer algo más que un mero taller carcelario. Se trataba de inagurar una experiencia nueva que tuviese continuidad y coherencia en sus planteamientos, que debían de ser lo más parecido posible a los habituales del mundo libre. A partir de entonces se han desarrollado alrededor de 40 montajes teatrales, cuya complejidad técnica y artística ha ido en aumento paulatinamente.

En 1990, el grupo Yeses escribió la obra “Mal Bajío” (escenas de una cárcel de mujeres) que obtuvo el premio Calderón de la Barca y que, más tarde, representarían en la Sala Galileo de Madrid, realizando giras por diversas comunidades autónomas. Por primera vez, junto a “las yeses” actuaron actrices y actores profesionales repitiéndose esta experiencia en obras como: “La orgía” de Buenaventura, “Marcado por el típex” de Onetti, “Bajarse al moro” de Alonso de Santos, “La isla amarilla” de Paloma Pedrero, “Fuera de quicio” de Alonso de Santos, obra representada en 1997, en la que por primera vez actrices y actores ensayaron en la cárcel junto a las reclusas.

En 1998 el grupo participó en La Muestra Internacional Alternativa  con la obra “La Asamblea de la Mujeres”, de Aristófanes, con posterior gira por la comunidad de Madrid, y en 1999 representan la obra “Farsas y otros pervertimentos” que estrenan en el teatro Albéniz de Madrid, con la consiguiente gira por la Comunidad madrileña.

En el año 2000 estrenan, en el teatro La Latina de Madrid, la obra escrita por la propia Elena Cánovas, “La balada de la cárcel de Circe”, realizando gira por la Comunidad además de realizar su primera salida internacional para participar en el Encuentro Europeo de Teatro y Prisión, celebrado en Berlín (Kantfestival Theater und Gefangnis), donde asisten representando a España poniendo en escena, en el teatro Volskkbuhne, un espectáculo interpretado en tres idiomas (español, con fragmentos en inglés y alemán).

En 2001 estrenan “La noche de Sabina”, de Ignacio del Moral, en el teatro Muñoz Seca de Madrid, realizando una gira por la Comunidad con motivo de los actos del día Internacional de las mujeres.

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En marzo de 2002 estrenan, en el Teatro Pavón de Madrid, “Retazos de amor y desencuentro”, un espectáculo basado en cuatro piezas de distintos autores. En 2003 estrenan la obra “Fuera de quicio”, que sería representada en toda España en el transcurso del año.

En 2004 reestrenaron “La balada de la cárcel de Circe” en el Teatro Infanta Isabel de Madrid… y así hasta la fecha. La compañía continua su trabajo dentro de la prisión con un nuevo reto: un texto de creación propia: “Libertas, libertatis” que se estrenó en uno de los acontecimientos culturales más importante en España: El Forum Internacional de las Culturas. Barcelona 2004.

Actualmente, tras haber pasado por el taller más de 1.000 mujeres, el grupo de teatro sigue siendo un espacio de trabajo que, además de redimir pena, permite a las reclusas participantes cobrar un salario a través de las becas que les otorga la Dirección General de Mujer de la Comunidad de Madrid, desde donde se organizan giras por centros culturales y teatros de la Comunidad. Según señala Elena Cánovas, las actrices de Yeses aprenden a trabajar en equipo, a ser solidarias y disciplinadas a la vez que tolerantes y a recuperar la confianza en sí mismas: “… si no tienes fe en ti, el trabajo no sale. Creer no sólo es algo bonito, también es romperte en el trabajo. A veces llegan mujeres con la moral por los suelos y salen fortalecidas. Para ellas, lo primero es encontrar un espacio de libertad. El teatro les otorga poder no pensar en la cárcel. No sólo aprenden a ser actrices, sino a adquirir seguridad en sí mismas, resortes para hacerse con sus vidas, que valen como cualquier otra. Porque muchas llevan toda la vida escuchando que no sirven para nada”.

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ESTE MES DE NOVIEMBRE, EL TEATRO PROTAGONISTA

E0FE9AEE-53D8-4088-B86A-D931BCA5ECF9El prologuista de este mes es Damián Tabarovsky un dramaturgo argentino nacido en Buenos Aires en 1967. Publicó los ensayos Literatura de izquierda y Escritos de un insomne y las novelas El amo bueno (Mardulce, 2016), Una belleza vulgar (Mardulce, 2012), Autobiografía médica, La expectativa, Las hernias, Kafka, de vacaciones, Bingo, Coney Island y Fotos movidas. Varios de sus libros han sido editados en España y América Latina y traducidos al inglés, francés, alemán, griego, ruso y portugués. Es columnista cultural del diario Perfil y Director editorial de Mardulce.

La causa que tenemos para este mes de noviembre es en Argentina por la necesidad urgente que tiene la Asociación Civil Teatro Luisa Vehil. Este recinto teatral se enfrenta a una situación muy difícil: el espacio está a punto de ser cerrado. En esta situación, lo más normal es que llegue el cierre definitivo del teatro, dejando a más de cien artistas sin trabajo y dejando huérfana de nuevo a toda la ciudad de Buenos Aires un espacio cultural y social.

El último viaje hasta el África central de Cinco Palabras estaba dentro de uno de los proyectos de alfabetización de Cinco Palabras: Orfelinato ‘La Renaisance’ en Togo.  Además, ha servido para entregar los quinientos euros recaudados por nuestra Asociación en la plataforma Mi Grano de Arena, donde han participado muchos de nuestros seguidores colaborando con sus donativos. Esa solidaridad se recompensará con el envio de un ejemplar del libro en PDF ‘El susurro del trigo’ que ha cedido nuestra escritora solidaria Claribel Aránega. Si quieres colaborar con esta causa abierta durante un año, puedes entrar en: Mi Grano de Arena – Proyecto Togo

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Los escritores solidarios de CINCO PALABRAS siguen las siguientes reglas:

No se cambiará género ni número de las palabras propuestas. No se modificará la posición de las mismas.

El relato tendrá una extensión de máximo 100 palabras.(*)

(*) Escribe el relato en esta WEB pinchando DEJA UN COMENTARIO (aparecerán publicados una vez sean aprobados por nuestro equipo de edición) – Al final del mes se recopilarán todos los relatos en un volumen editado en PDF, que se podrá adquirir por un donativo de 5€, destinado a cada causa del mes. Colabora con nosotros y nuestras causas.

Además, puedes colaborar para que siga creciendo el proyecto CINCO PALABRAS mediante un donativo realizando una transferencia bancaria a la cuenta corriente de la Asociación de Escritores Solidarios:

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Titular: CINCO PALABRAS

IBAN: ES60 1465 0100 9219 0019 2138

Código BIC/SWIFT: INGDESMMXXX

NOTA: CINCO PALABRAS se reserva el derecho de la publicación de los relatos. Se eliminarán relatos ofensivos o insultantes hacia cualquier país, pueblo, animal o personal que puedan herir la sensibilidad del lector. Registro de la Propiedad Intelectual Nº 43388/2013 © CINCO PALABRAS. Una vez que el autor escribe su relato en ‘comentarios’, autoriza a CINCO PALABRAS a hacer comunicación pública de las obras que voluntariamente publica en nuestra página web: cincoplabras.com

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27 comentarios en “ESCRIBE TU RELATO DE NOVIEMBRE (V): ELENA CÁNOVAS, DIRECTORA DE TEATRO”

  1. Miserable y estúpido juego.

    Cuando te vi por primera vez, no pude evitarlo, ¡fue inevitable! Me enamoré… y con la fuerza y velocidad de una locomotora me así con firmeza a tu amor. Lo hice con tanta torpeza y ansia, que tarde años en darme cuenta de que yo para ti solo era un petimetre, una marioneta, un cachivache tonto e inútil al que se tira a la basura sin esperar siquiera a su reciclaje. Todo fue una quimera, ¡un embuste! Hubiera deseado que aquel rojo pasión de tus labios no me hubiera envenenado el alma y convertido en un miserable y estúpido juego.

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  2. La indignidad de los bancos se ha convertido en una locomotora que, impune y mortal, arrasa en su camino de avaricia a todos aquellos que han mordido su anzuelo forajido de la hipoteca, más sencilla de pagar que un cachivache en el mercadillo.
    -¡Paremos los desalojos! -gritan al unísono un centenar de personas, que pintan de rojo el aire de la plaza del barrio del arrabal de la ciudad, que se han unido con pasión, como las garras se unen a la carne, para cambiar las reglas del juego y los pobres no sean carnaza para los buitres del capital.

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  3. En una locomotora apareció un objetivo muy extraño, jamás había visto otro igual, era un auténtico cachivache de color rojo, ¿Qué utilidad podría tener en una locomotora? Sin dudarlo, le pregunté al maquinista y me comentó que aquel cachivache formaba parte de su colección de sus cachivaches.
    Mi pregunta despertó al maquinista y me hablo de su pasión por hacer colección de cachivaches, la que había empezado como un simple juego, que se inventó para evitar que el tiempo en cada destino tuviera un aliciente, mientras se ponía de nuevo en marcha. Empezó a buscar cachivaches curiosos en cada destino

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  4. Fue un regalo especial, no es de las que venden en las tiendas, la hicieron unas mujeres, hicieron tres casi iguales, pretendían ocupar un tiempo largo sin poder hacer casi nada mas, la vida a veces nos encierra, es una locomotora que silba cuando le doy un empujoncito, no es un cachivache , le tengo cariño y aunque a veces se ríen también les emociona verla correr pintada de rojo; si digo que siento pasión por ella pensareis que exagero, pero cuando la tengo en mis manos siento el tacto de aquellas manos. Ya no juego con ella, temo romperla.

    Gracias por el libro (ya lo he descargado) me parece que va a ser muy interesante, y le dedicaré el tiempo y cariño. Ester

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  5. Estoy en un vagón y veo pasar por el pasillo una persona y luego otra persiguiéndola, me da tiempo de ver al perseguidor: el maquinista, que debería estar en la parte de la locomotora. No entiendo nada, abro un… cachivache, me dirijo en sentido contrario a ver quién está en la parte delantera conduciendo, me cruzo con una mujer vestida de rojo que me dice con pasión: “Estás en el tren de…” no termina la frase, ¡solo da un beso al aire! Me inquieto, avanzo con prisa hacia la cabeza… Y hay un poeta:
    “¡Tranquilo, esto es solo un juego!”

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  6. Era un pueblo con sus casas de barro, buscaba un juguete fabricado a mano. Mi ojos impresionada con una locomotora sentí de inmediato fui transportada al pasado donde te vi de nuevo amor. Tu sonrisa que me enamoró y me hizo tuya solo puedo llevarla en mi mente y corazón. Por qué tuviste que abrazar esa escopeta creyendo era cachivache? Un sonido estruendoso fue el silencio de nuestras vidas juntos. En ese rincón yace tu sombra color rojo; allí terminó para siempre nuestra pasión. Te amaré eternamente hasta que mis sueños de estar contigo sean un juego celestial.

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  7. Comprender el juego
    Como un tren de juguete sin locomotora, un cachivache abandonado en el altillo, un vestido rojo dejado por su dueña al sol -en un furioso mediodía- que se vuelve un trozo de papel descolorido… Cuando una tarea se lleva a cabo sin pasión, es igual de infecunda: no contagia ganas de sumarse, no motiva, no abraza ni camina.
    Afortunadamente, hay personas creativas que entienden el juego y logran el milagro: Con su entusiasmo nos convierten en fueguitos inquietos que encienden, a medida que avanzan, todo aquello que tocan o que miran. Y el mundo, inspirado, crece.

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  8. VIAJE HACIA UN FUTURO MEJOR

    La columna de humo que exhalaba la locomotora ascendía formando volutas de algodón blanco. Las vías rodeaban la montaña haciendo círculos cada vez más pequeños hasta la cumbre. En el último vagón, Begoña se aferraba a aquel cachivache ennegrecido. Era lo único que había podido salvar del incendio. Acurrucada en su abrigo rojo, apoyaba la frente en la ventanilla. Recordaba la pasión con la que su abuelo había construido ese juego. Lo conservaría como último vestigio de su vida en el fondo del valle. Se limpió las lágrimas, se irguió y se dispuso a enfrentarse a una nueva vida.

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  9. Reviviendo el ayer
    Como dragón de fierro resoplando sobre los oxidados rieles, la vieja locomotora lanza chorros de blanco vapor y de su chimenea el oscuro humo desaparece en el aire al momento de avanzar. Durante muchos años fue solo un cachivache más olvidado en la maestranza de ferrocarriles; ahora, después de su restauración, su pitazo pinta de rojo mi corazón y enciende la pasión de tantos que, al igual que yo, la teníamos olvidada cual parte importante de un juego de niñez, que la vida nos quitó y no volvimos a ver.

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  10. No era un día cualquiera, planeamos visitar la pobeda de Arganda, subir en la LOCOMOTORA que fue reformada y antes permanencís en una nave inutilizada. Su aspecto era de un CACHIVACHE olvidado.
    El jefe de la estación con banderín ROJO en el anden dio la salida puntualmente. El maquinista puso el tren en marcha. Todo un tren de vapor de los años 20. El jefe de estación hizo sonar su pito con gran estruendo y ¡tan emocionados estábamos cuando se movió!
    Con el traqueteo, recorrió lugares de barrancos, pinares, huertos, pueblos. Cuanta PASIÓN, nostalgia. El tren era el JUEGO favorito de pequeños en mi casa.

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  11. Eva y la locomotora
    Eva tenía 8 años, su mayor ilusión era tener una locomotora. Adoraba los trenes, el traqueteo, el silbato…. En verano, su madre y ella, iban al pueblo en tren. Adoraba ese viaje. Siempre que se la pedía, su madre decía:
    – Tu habitación siempre tiene algún cachivache por medio. Tienes demasiadas cosas.
    Sería de color rojo pasión (como el pintalabios de mamá). Esperaba que ese año se la comprara por su cumpleaños. Aquella mañana, junto al tazón de leche y unos churros estaba la locomotora más bonita del mundo. Día de juego y sonrisa asegurado.

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  12. ATRAPADO EN LA ETERNIDAD

    La locomotora tiraba con brío abriéndose paso entre la tierra desierta. Sorprendentemente y a pesar de parecer un desfasado cachivache avanzaba con la rapidez de la vida misma. Mientras, el pecho le quemaba completamente rojo bajo la camisa. Nunca imaginó que la pasión, pudiera llegar a doler con tanta intensidad cuando no encuentra salida. Sin embargo, no podía negar que le encantaba el fuerte impacto de sentirse vivo.
    Codiciado juego fue ocupar el cuerpo de ese joven, en el preciso instante en que, desbordado por la vida se dejaba arrollar por el tren; fundiéndose en una desapasionada e inalterable eternidad.

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  13. LA LOCOMOTORA DE LA VIDA
    Ya se sabe que los días azules se presentan por sorpresa, con su tristeza, su pesadumbre, su maldita manía de transportarnos en un cachivache de lamentaciones hacia lo más sombrío de nuestras vidas. Luego te asalta un día rojo, frenas y te enalteces, e incluso te embarga la pasión por lo sencillo o lo más complejo de tu vida como si te involucraras en un juego esotérico de seres y existencias. De los días grises paso, porque no tienen entidad suficiente para emocionarme, sin embargo, dame dos verdes y verás como construyo nuestra felicidad.

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  14. Dicen que estoy como una locomotora, y la verdad es que no me extraña. No me gusta ser cuerda, no me gusta ser como un borrego que hace lo mismo y de la misma manera que el resto de la manada.
    Me gusta ser diferente, me gusta usar raras, me encanta cachivache….que recuerdos me evoca de la primera vez que la oí. Estaba con mi hija entonces pequeña viendo una película d Disney, la Sirenita, y ambas que nunca vestíamos de rojo, sentimos pasión por ese color al ver un vestido de princesa.
    Al acabar la sesión de cine, encendí el fuego y me puse a cocinar una merienda para las dos…..
    A veces me pongo nostálgica, será que me estoy haciendo mayor?

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  15. Dos forasteros dentro de la zanja limpiaban los huesos de Locomotora, lo llamábamos así por lo nervioso.
    Cabrero solitario, analfabeto, pero mañoso para arreglar cualquier Cachivache, un buen hombre siempre dispuesto para ayudar.
    Un día le acusaron de Rojo, que le habían visto colaborando con los de la sierra, en realidad le vieron besando con Pasión a la muchacha que pretendía nuestro capitán.
    Nadie hizo preguntas.
    Hasta entonces viví aquello como un Juego juvenil, estábamos defendiendo España, pero matar un inocente me hizo ver la realidad, conocer el horror y el miedo.
    El arrepentimiento me a acompañado toda la vida.

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  16. EL MÁS FELIZ
    Cuando le veíamos entretenido con la locomotora, nos olvidábamos de los años que tenía, era como un crío. Aunque normalmente, se distraía con cualquier cachivache que estuviera pintado de rojo. Era tal el poder de fascinación que este color ejercía sobre él, que todo se le transformaba en pasión y ésta lo absorbía totalmente, y ya no contaban ni el tiempo, ni el apetito, ni el sueño… nada. El juego, su juego, era lo más importante.
    Cuando cumplió los noventa años, le regalamos un chandal y vestido completamente de este color, se sintió el hombre más afortunado del mundo.

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  17. LOS SONIDOS DEL SILENCIO

    Manuela resultaba tan estridente como una vieja locomotora cuando se aproximaba conduciendo su ruinoso cachivache a motor. Aunque funcionaba, hacía mucho tiempo que la carrocería había cambiado su color rojo metalizado por el ocre óxido. Demasiadas estaciones durmiendo a la intemperie habían avejentado su aspecto al igual que el de su dueña, que tenía ajada la piel. A pesar de todo, ella sentía una verdadera pasión por él. Lo llamaba “mi hogar” desde que lo perdió todo por su adicción al juego.

    Pero aquel crudo invierno, bajo los tres metros de nieve caída durante la noche, se fueron en silencio.

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  18. Exhalaba humo del cigarrillo como una locomotora endiablada. Apretaba y besaba el cachivache que usaba como talismán entre sus manos. Apostó al rojo, era su color; el de su ansia, su pasión por el juego, el mismo de la sangre derramada en el atraco para conseguir dinero y saldar deudas. Salió negro; como las oscuras nubes instaladas en su cerebro, como su necia suerte, el mismo de los trajes de los matones que lo esperaban en la puerta del casino, idéntico al manto de la Muerte que presintió acercarse a él antes de apostarlo todo.

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  19. Serie 333
    Se sentía como una LOCOMOTORA camino del desguace y se acordó de la serie 333 llegando a los talleres de Valencia para su reparación. Nunca hubiera pensado que él se convertiría en un CACHIVACHE relegado al último rincón, por si hubiera necesidad de reutilizarlo.
    ROJO de ira, continuó caminando; a veces deprisa, a veces despacio. Necesitaba desprenderse de la PASIÓN generada esa mañana. ¡Su esposa le escucharía! «También ella comprenderá que no ha sido, más que un estúpido JUEGO. ¿O no?»
    Llevado por sus cavilaciones, decidió afrontar el conflicto que le inquietaba antes de volver a casa.

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  20. EL SILBATO

    Sentado, miraba con ilusión la LOCOMOTORA, que daba vueltas sobre las vías, perfectamente encajadas en un círculo.

    Cogió un CACHIVACHE de los muchos que tenía regados en la mesa, y a modo de silbato lo puso entre sus labios, para dar las señales de partida y llegada, de su bonito tren ROJO.

    A veces le ponía tanta PASIÓN al soplar, que salía volando, y él con aspavientos, mostraba su enfado.
    Ella, se acercaba paciente, y con tiernas caricias conseguía tranquilizarlo.

    Una vez más, sonreía cuando comenzaba el JUEGO, mientras los ojos de su hija se llenaban de lágrimas…

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  21. Justicia

    La tenía olvidada. La deseé tanto, que, quizá, la borré de la memoria para no padecer. Revolviendo en el zaquizamí de mi nueva casa apareció mi locomotora, arrumbada, como si de un cachivache se tratara, pero flamante, con la leyenda “Union Pacific” troquelada en rojo a lo largo de su cuerpo de hojalata. Reviví la pasión con que la miraba en el escaparate del bazar del Zamorano. A alguien de aquella casa se la trajeron los Reyes Magos. Sólo los Magos podían traerla. A mí no me escucharon, pero, como en un juego, la vida, al cabo de sesenta años, me la devolvió. ¡Era tan mía…!

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  22. Mi primer viaje con el abuelo lo hice en tren. Tenía 10 años. Cuando vi aparecer la LOCOMOTORA quedé un poco decepcionada. Había imaginado un tren como los de sus historias, con su nube blanca saliendo de una chimenea.
    En el interior no encontré ningún CACHIVACHE igual a los que describía, ni siquiera los asientos eran de color ROJO.
    Me contagió su PASIÓN por este medio de transporte. Sus viajes eran reales, los míos solo un JUEGO…hasta ese momento. “Esta sería mi primera aventura, recorrería el mundo con él”. En realidad fueron 200 Kilómetros, pero eso sí, muy intensos.

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  23. Hace tiempo que acabó el duelo, pero desmantelar su taller, vaciarlo de recuerdos es tarea imposible.
    La locomotora de latón bruñido, el juguete de su infancia, me mira desafiante con su ojo argentífero.
    ¡Cuántas veces le insté para que se desprendiera de semejante cachivache! Y ahí sigue ordenándome que no toque nada.
    Sobre la mesa, manteniendo un orden obsesivo, varias carpetas de color rojo atesoran sus bocetos, sus proyectos, su pasión por el diseño.
    Abandono; cierro la puerta; nuevamente todo queda intacto. Parece un juego en espiral que no acaba nunca.
    La próxima vez será, me digo… O no.

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  24. ME ESCUCHAN, ME OYEN, ME SIENTEN

    Lucía es la locomotora de su familia. Tiene cuatro bocas que alimentar. Para conciliar su vida personal trabaja desde su domicilio. Aprovecha cuando los niños están en la escuela o durmiendo. Todos los días, tras asear la casa y guardar algún que otro cachivache de sus hijos, empieza su jornada laboral. Al principio, dudaba entre pulsar el botón rojo o verde. Debía espabilar y poner toda la pasión en su trabajo. Al final, ha conseguido que sea como un juego.
    Desde temprano, está frente a la cámara conectada al ordenador. Inicia su sesión en YouTube mientras sensualmente comienza a desnudarse.

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  25. Como esta vieja locomotora mis huesos arrastran los carros necesarios para las tareas de limpieza. El sobre esfuerzo por posturas forzadas, movimientos repetitivos, mobiliario pesado y recogida de basura y cualquier cachivache dejado por los clientes, hacen que mi cuerpo se vista de rojo ardiente que va minando mi suerte. “Estrés”, dicen. “Si no estás contenta, vete. Necesitamos gente sana.”
    Un euro y medio por cada habitación, cinco euros cada billete de tren. Solo con tu risa brota de nuevo mi pasión y energía para hacer de tu vida el juego más divertido.
    Subamos al trenecito, hijo mío.

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  26. LA MEMORIA EN UN TREN

    He decidido posar
    la memoria
    en un tren vacío de pasaje,
    del que tire una locomotora
    renqueante
    y se lleve los recuerdos
    al olvido.
    Pienso iniciar en ese instante
    el desapego al dolor,
    desechando,
    cual inútil cachivache,
    detalles que me han herido,
    abrazos que me han negado,
    besos que no han sentido
    en labios rojo pasión,
    que solo estaban pintados.
    He decidido,
    en el juego de la vida,
    amamantar alegrías,
    que se vuelvan silencio
    los viejos recuerdos
    en un trayecto infinito
    a una estación perdida.

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