ESCRIBE TU RELATO DEL MES DE MAYO: Curro Castillo | Cinco Palabras

Curro Castillo Hervás, periodista, cuenta con una trayectoria consolidada en medios de comunicación. Ha trabajado en radio y televisión durante años, con programas centrados en la cultura, la música y las historias humanas. Su estilo se basa en la cercanía y en la capacidad de conectar con el público a través de relatos directos.

En esta ocasión, traslada esa experiencia al formato escrito, con un libro que recoge poemas con ritmo de canción y canciones con estructura poética.

El periodista y escritor Curro Castillo presentó su libro“Canciemas y poeciones” el 23 de abril en el Hotel Praga, en un acto cercano y centrado en la palabra como herramienta de ayuda. La recaudación dellibro se destina a la ONG Cinco Palabras, en apoyo a nuestros proyectos solidarios.

El nuevo LIBRO de Curro Castillo,«Canciemas y Poeciones», recorre la palabra con ritmo y melodía. Integra literatura y música en un formato donde ambos lenguajes conviven con coherencia.

El autor incluye un PENDRIVE con treinta poemas convertidos en canciones con el talento de Manuel Malou,  músico y productor multi proyectos, compositor, cantante, arreglista y escritor.

El resultado nace de un trabajo cuidado en texto y composición.

“Canciemas y Poeciones”

La experiencia crece con cada lectura y con cada escucha.

Durante la presentación, Curro compartió cinco palabras que reflejan su forma de ver la vida.
Más tarde, ya en casa, reflexionó sobre la propuesta y decidió enviarnos un nuevo conjunto de Cinco Palabras, elegidas con calma, para reforzar el reto creativo y dar mayor profundidad al ejercicio. Cinco Palabras que representan su obra y el sentido de su libro, con la intención de motivar a los escritores solidarios, impulsar la creatividad y llevar a los participantes a trabajar con términos más exigentes.

¡Gracias!

Desde la ONG Cinco Palabras agradecemos a Curro Castillo Hervás y a Manuel Malou, por impulsar nuestro crecimiento y fortalecer nuestra labor solidaria.

El libro Canciemas y Poeciones se integra en la línea de proyectos donde la creación artística apoya causas solidarias

ESCRIBE TU RELATO DEL MES DE MAYO Y PARTICIPA EN NUESTRO CONCURSO LITERARIO: CURRO CASTILLO

IMPORTANTE: Todos los relatos deben contar con aprobación previa antes de su publicación. Si no ves el tuyo publicado, espera a que el equipo lo valide. Agradecemos a los autores que envían varios relatos para dar visibilidad a la causa. Tened en cuenta que solo el primer relato participará en el concurso, para mantener la equidad entre participantes.

Las palabras son las siguientes:

  • PIRATA
  • EMBUSTE
  • FEBRILES
  • PISTOLERO
  • CABALES

Invitamos a toda nuestra comunidad a escribir con ellas, a crear, a compartir…
Porque con Cinco Palabras, cuando escribes, ayudas.

NORMAS DE CINCO PALABRAS

Normas de CINCO PALABRAS para escribir un relato solidario:

1-. Extensión máxima 100 palabras.
2-. No se cambiará la posición de las palabras.
3-. No se modificará el género ni el número de las palabras proporcionadas.

*Por favor, revisad ortografía antes de publicarlo.
*Se eliminarán los relatos que no cumplan las normas.

Así hemos celebrado nuestro XIII ANIVERSARIO

LA CAUSA DEL MES: ACCI Asociación Contra La Ceguera Internacional

PRÓLOGO: JORGE J. CODINA. Ganador Concurso Microrrelato Cinco Palabras 2025


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NOTA: CINCO PALABRAS se reserva el derecho de la publicación de los relatos. Se eliminarán relatos ofensivos o insultantes hacia cualquier país, pueblo, animal o personal que puedan herir la sensibilidad del lector. Registro de la Propiedad Intelectual Nº 43388/2013 © CINCO PALABRAS. Una vez que el autor escribe su relato en ‘comentarios’, autoriza a CINCO PALABRAS a hacer comunicación pública de las obras que voluntariamente publica en nuestra página web: cincopalabras.com

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71 respuestas a «ESCRIBE TU RELATO DEL MES DE MAYO: Curro Castillo | Cinco Palabras»

  1. El viejo capitán era ya un pirata retirado, devastado por los recuerdos de aquellos abordajes que le dejaron huella. Su última historia fue un gran embuste, para conseguir aunque fuera una botella de ron barato en la taberna del puerto. Sus ojos, antes febriles por la ambición del oro, ahora solo dejaban ver el miedo al olvido.
    De repente, un pistolero cruzó la puerta del lugar. Venía decidido a cobrar una deuda de honor que llevaba años pendiente. Cuando sus miradas se encontraron, ambos entendieron que las cuentas por fin quedarían cabales, cerrando un pasado que, quizá, nunca debió regresar.

  2. Joaquín

    SESIÓN DOBLE

    El noble capitán Blood (Errol Flyn, pirata sin parche) le soltaba este embuste a la bella Olivia de Havilland, que le lanzaba miradas febriles (o, como mínimo, acaloradas):
    −Querida señorita, no soy bucanero por gusto, la sociedad me forzó a ello.
    Y Olivia aceptaba esas razones, pues el pirata tenía apostura.
    En la segunda sesión, tras el intermedio, el pistolero feo (Eli Wallach), fuera de sus cabales, intentaba matar al pistolero malo (Lee Van Cleef), que a su vez era alcanzado por Clint Eastwood, el pistolero bueno, que tampoco era tan bueno, pero sí bastante guapo.

  3. ndelaflorruiz

    PRIMER NAUFRAGIO

    Tenía que aprenderme el poema de José de Espronceda para la clase de literatura. Repetía y memorizaba Canción del pirata, mientras yo aún creía en el embuste de mi primer novio en mis más locos y febriles momentos del enamoramiento.

    Iba yo por la vida como un pistolero de paso tranquilo, haciendo sonar en mi cabeza las espuelas que mis botas no llevaban.

    Aquella era yo, la que caminaba sin saber lo que pesaba sobre su cabeza. Porque ya se sabe que el amor, y sobre todo el de juventud, hace que no estemos en nuestros cabales.

  4. Juan Francisco Mencía Murga

    Juan Francisco Mencía Murga

    Corsarios

    Cuando una bala de cañón le arrancó la pierna a Jack el pirata, sabía que Melanie, su mujer, le abroncaría por haberse roto el pantalón. Pensó en echarle un embuste, pero la cosa era tan evidente que tras mil elucubraciones, casi febriles, decidió afrontar la realidad como un pistolero aficionado que tuviera que enfrentarse a Wyatt Earp y al tísico Doc Holliday y asumió su sino. Si no quieres caldo, dos tazas. Cuando James le encontró buscando, en la cubierta, la pata del pantalón, tuvo la impresión de que su compadre pensaba que no estaba en sus cabales.

  5. ANGEL MANUEL FELICISIMO PEREZ

    Mis vidas… ese fraude. Ni fui pirata, como quise hacer creer con mi primer embuste, ni los febriles inventos posteriores —pistolero, escalador, astronauta…— eran reales, solo fachadas con las que intentaba dar sentido a la vida. Ahora, un psiquiatra que tiene pinta de ser tan falso como mis múltiples personalidades, dice que no estoy en mis cabales y pretende encerrarme. Menos mal que soy trapecista y no me costará escapar.

  6. Natividad Villar Martínez

    ENTRE INOCENTES

    Acoplarme el disfraz de pirata le resultó sencillo, la catarata del ojo izquierdo no me permitía una visión certera, ahí el parche quedaría bien, la cojera no había que simularla, la artrosis de rodilla la visualizaba sin filtro; le dije que estaba bien, un leve embuste. Y entre tantos juegos febriles, igual tocaba hacer de payaso, que de pistolero. Todo, hasta que llegaban sus padres y renegaban por lo allí montado. Ellos, los adultos cabales, olvidaban que aunque yo, el abuelo, hacía tiempo había perdido la razón, conservaba el corazón, ese que te acerca a lo que verdaderamente importa.

  7. LA PRINCESA REBELDE
    Me convertí en PIRATA informático para desenmascarar el EMBUSTE en las palabras del tirano. Sin embargo, su hija me interceptó y, entre códigos y algoritmos, tuvimos encuentros tan FEBRILES que acabamos fugándonos juntos.
    Entonces, el tirano, envió un PISTOLERO a buscarnos para salvaguardar su honor. Pero ella le salió al encuentro y, con un parpadeo, le hizo perder los CABALES.
    Desde entonces, el desdichado nos persigue por el mundo intentando ganarse su amor.

  8. Viernes de Reconquista

    La niña, vestida de pirata, preguntó por qué lloraba mamá si eran las fiestas de la Reconquista. Le dijeron que tenía fiebre.
    Años después entendería el embuste: lloraba a las tres de la tarde de cada viernes.
    Sus ojos febriles se buscan ahora en el velatorio. El padre, al fondo, con las manos entrecruzadas: un pistolero que llegó tarde a todos los duelos.
    El cura, durante el responso, echa las cuentas cabales del alma: nombres, fechas, obras…
    La niña —ya mujer— calcula los viernes: muchos más de mil.

  9. Galilea

    DE PIRATAS Y MARES REVUELTOS

    Como buen pirata, es el rey del embuste. Hedonista de bajas y febriles pasiones. Un pistolero fuera de sus cabales contra quien se atreva a torcerle el brazo o mirar mal a su único ojo sano. Un «echado a perder» de libro, pero en cámara da de lujo a pesar de lo del ojo. Con esbozar una sonrisa, te enreda y te convence de que resulta indispensable. Cada vez nacen menos niños, pero piratas, como setas, ¡oiga! Y ahí van, haciendo su paseíllo por el tablón, camino del banquillo. Si al menos pudiéramos hacernos con sus valiosos dientes de oro…

  10. CUERDO O LOCO
    Era un PIRATA, con el pelo al aire y la pata de palo, blandiendo una espada. Podía sentir el intenso olor del océano. Recurría al EMBUSTE para convencer a la tripulación de la inminencia del combate. Sudaba, sentía el latido del corazón en sus sienes FEBRILES, de las que caían gotas constantemente para terminar nublando su vista. Al abrir los ojos, miró sorprendido el sombrero que portaba en la mano, y los revólveres que colgaban a los costados. Era un PISTOLERO. De inmediato adoptó la postura adecuada. Hablaba cadenciosamente, intentando convencer a los médicos de que estaba en sus CABALES.
    Singrafista, Mayo 2026

  11. Rafael Blasco López

    Paso cerrado
    Tarareando “La del pirata cojo” de Sabina, Antonio llegó frente al tipo musculoso que le cortaba el paso. Como la violencia era misión imposible con aquella montaña humana, decidió usar un pequeño embuste, le suplicó que le dejara pasar porque llegaba tarde a la oficina. A su espalda, una docena de febriles seguidores caminaban preparados para el asalto a la espera de la orden de su líder. Primero adoptó una postura de pistolero, luego, suplicó, al final, terminó pataleando en el suelo. Pensaba que aquel gorila no estaba en sus cabales. Hoy también dormiría en el psiquiátrico.

  12. Carlos Serviá Mingo

    Oh capitán, mi capitán
    El galeón pirata recogía las velas.
    El Capitán, parche en el ojo y garfio reluciente, clavó su pata de palo en la cubierta.
    —¡Ya viene el Kraken, no es un embuste!—bramó el grumete.
    —Encadenaos al palo mayor —rugió el Capitán a sus febriles corsarios.
    El océano embravecido desprendía aromas a lavanda.
    El galeón colisionó contra el fin del mundo: blanco, curvo y resbaladizo, precipitándose el pistolero por la borda. Sonó a metal.No sabía nadar y, mientras se hundía, leyó en la popa unas letras doradas: “Playmobil”.
    O no estaba en sus cabales o el Kraken tenía forma de niño.

  13. luis uriarte montero

    Título «Naderías»
    En esta vida hay que ser un poco pirata, el embuste final que acaba en tragedia para todos es difícil de llevar. Las noches febriles sin dormir de Nines, el pistolero del tiempo agotando su tiempo , todo ello hacía que para estar en sus cabales fuera necesario olvidarse de todo y vivir como si tu vida fuera una obra de arte para que el arcano final nos sea más leve.

  14. luis uriarte montero

    Título : Naderías

    Hay que ser un poco pirata para que el embuste final de la vida no nos afecte; Nines no dormía en las febriles noches sin sueño, el pistolero del tiempo agotaba el arcano de la vida y el misterio final de la misma llegaba, había que estar en sus cabales para aceptar el fin y eso quería nuestra protagonista.

  15. Pepe Sanchis

    FEDERICO.

    En Catarroja a mi tío Federico lo llaman el PIRATA Mayor del Pueblo. Y no les falta razón. Su último EMBUSTE ha sido antológico, haciéndose pasar por el Agente artístico nada menos que de Rosalía. Esto ha provocado unas FEBRILES ansias de conseguir entradas para sus conciertos: todo el mundo persiguiéndole. Pero él se ha mantenido impertérrito cual PISTOLERO del Oeste que dispara con ventaja en un duelo a muerte. Al descubrirse la verdad, con su sangre fría habitual, ha conseguido que un médico forense certifique que no está en sus CABALES.
    Menuda pieza, mi tío Federico!

  16. MARIA CRISTINA MUÑOZ EUGENIO

    Ni en la más oscura de mis ensoñaciones, me sentí como el más malvado pirata de todos los confines del mundo conocidos, diciendo embuste tras embuste, distorsionada ilusión fugaz de una vida incompleta y vacía.

    Añorando los febriles años del pasado, desaté el lastre de mi oscuro cordón umbilical, liberándome de la pesada carga, desaforada como un pistolero loco, ciego y fuera de sus cabales, pero entendí, por fin, que sólo soltando puedo volver a un anhelado ideal de renacer.

  17. Maite Vieco Martínez

    Evacuación

    El agente le señala la fila de menores. Se coloca detrás de dos hermanos rubios con las manos manchadas de chocolate. Delante, una caperucita roja tiembla. Al girar, una nariz de madera le golpea la espalda.
    En la hilera contigua, un pirata murmura que todo es un embuste. Las miradas se cruzan, febriles. Un pistolero agita su revólver frente a un anciano con sombrero puntiagudo que implora: “permanezcamos cabales”.
    Su fila, aunque a trompicones, avanza más rápido.
    —¡Sacad a los niños primero! ¡La biblioteca se quema!

  18. importantthoughtfully6948d9d7e6

    CALVARIO
    Un soneto, ah, no, un microrrelato me manda a hacer Curro y me da cinco palabras, a ver si discurro algo que pueda ligar con pirata, y no sea un embuste tan lioso que provoque en el lector estados febriles, en los que un pistolero que estuviera fuera de sus cabales, apuntara al pecho con su pistola y al cuello con su garfio.

  19. Manuel G.Casaus

    MI ABUELO

    Por el pueblo se decía que mi abuelo era un PIRATA. A mí me entusiasmaba la idea, y fantaseaba con aventuras de lejanas tierras y exóticos mares. Cuando preguntaba por él, me decían que no hiciese caso, que no era más que un EMBUSTE producto de mentes FEBRILES. Poco a poco lo fui olvidando, y cuando crecí ya entendí que ese calificativo estaba lejos de corresponder a un héroe de leyenda, sino a alguien más cercano a un PISTOLERO que no estaba en sus CABALES. ¡Mi sorpresa fue encontrar cuidadosamente escondido entre sus papeles el mapa de un valioso tesoro!

  20. LA ISLA DE LA ESPERANZA

    El PIRATA llevaba un parche de cartulina y una sonrisa prestada por el sol.
    —Hoy llegaremos a la isla —dijo desde su cama.
    Nadie creyó que fuera un EMBUSTE. Allí, imaginar era una forma valiente de seguir.
    Sus ojos FEBRILES dibujaban el viaje.
    A su lado, el PISTOLERO alzó su revólver de juguete y disparó tres deseos al aire: volver al colegio, correr sin cansarse, llegar al verano.
    Las enfermeras leyeron las señales CABALES: dos manos apretadas, risas temblando, una sábana convertida en mapa.
    Juntaron las camas.
    Y el hospital, despacito, empezó a navegar hacia el mañana.

  21. Carmen Bonaetxea Sandonís

    OFICINA DE EMPLEO

    —Muchacho, ¿seguro que quieres dedicar el resto de tu vida a ser pirata? No admitiré ningún embuste bajo mi mando, ni colaboraré en conspiraciones febriles que atenten contra la integridad del buen bucanero. Al menor indicio, no dudaré en arrojarte a ti y a tu traición por la borda.

    Di media vuelta y me dispuse a esperar mi turno en la otra ventanilla.

    —Muchacho, ¿seguro que quieres dedicar el resto de tu vida a ser pistolero? En fin, no estamos para desaprovechar mano de obra. Además, tal y como está el mundo actual somos los más cabales… Admitido. ¡Siguiente!

  22. Carlos Serviá Mingo

    El Capitán, parche en el ojo y garfio reluciente, clavó su pata de palo en la cubierta.
    —¡Ya viene el Kraken, no es un embuste! —bramó el grumete.
    —Encadenaos al palo mayor —rugió el Capitán a sus febriles corsarios.

    El océano embravecido desprendía aromas a lavanda.
    El galeón colisionó contra el fin del mundo: blanco, curvo y resbaladizo, precipitándose el pistolero por la borda. Sonó a metal. No sabía nadar y, mientras se hundía, leyó en la popa unas letras doradas: “Playmobil”.
    O no estaba en sus cabales o creyó ver que el Kraken tenía forma de niño.

  23. Lola Sanabria García

    INFLUENCIAS
    Cuando mamá se enfadaba con papá lo llamaba «el pirata». Y yo lo imaginaba como un Jack Sparrow que salía cada noche a navegar. Regresaba tambaleante, y daba por sentado que era mareo por un mar muy picado. El embuste, con el que adornaba sus borracheras, daba para vivir aventuras febriles a su lado de las que siempre salíamos ilesos. Un día, después de un tiroteo a la salida de una taberna, mamá lo llamó pistolero y lo acusó de no estar en sus cabales. La primera película que rodé combinó piratas con pistoleros. Fue todo un éxito.

  24. PERCY FERNANDO NOVOA HONORIO

    NADA INDISPENSABLE
    Prisionero de un verbo pirata, vivía un objeto directo, quejándose del embuste de su vida: existir solo para completar la acción de un tercero. ¿Y su propia esencia qué? Esos pensamientos febriles lo atacaban como balas errantes de un pistolero desquiciado, disparando dudas al vacío de la página. «No tiene sentido mi existencia —decía—, no tener protagonismo en ninguna oración me saca de mis cabales». Al final, entendió que en ese libro él no era el autor, sino apenas una errata condenada a ser borrada, o a ser reemplazada por tres puntos suspensivos.

  25. Mark Brandon Veizaga Sanches

    Sueño con un pirata, pero en un embuste de este soñé con un vikingo. Esto hizo que yo, en un intento de responder, me produjera una de esas enfermedades febriles que me han tenido en cama varios días. Una vez restablecido, soñé con un pistolero para que se vengara del pirata, pero este me sacó de mis cabales al preguntarme cuánto le pagaría, así que enfadado dejé de soñarlo a él y al pirata.

  26. MALDITAS CASUALIDADES
    Quería ir disfrazada de pirata en carnaval y usé el embuste de que tenía gripe para no trabajar ese día y poder acudir al desfile. Mis toses febriles al teléfono convencieron a mi jefe, que me deseó una pronta recuperación; yo le aseguré que el lunes estaría como nueva. Iba por la calle bailando al compás de las charangas, cuando un pistolero me dio el alto. Pensé que el tipo no estaba en sus cabales, hasta que las facciones coléricas de mi jefe bajo el sombrero vaquero me dejaron claro que, este mes, mi sueldo no llevará bonificación.

  27. EDWARD TEACH
    ···
    Tras iniciarse como corsario fiel al imperio británico, pronto decidió convertirse en PIRATA. Desde entonces, recreando el EMBUSTE de ser tuerto, cegado por sus FEBRILES ansias de riqueza, surcó los mares infundiendo un gran temor.
    Todo fue bien hasta que en un abordaje enfrentó a un PISTOLERO que no le temía, porque los hombres CABALES descreen de fantasmas. Y en cubierta, herido por disparos, mientras aquel teniente de navío se acercaba para darle la estocada definitiva, confesó su rango:
    – «Soy Edward Teach, más conocido como Barbanegra».
    El mar todavía repite el eco de su legendario nombre.

  28. Fernando Pobo Lanzuela

    LA PANTERA DESPECHADA

    – ¡Maldito pirata! – bramó la mujer con lágrimas en las mejillas. – En mala hora caí en tu embuste -continuó escupiendo mientras fulminaba con sus febriles ojos llenos de ira a su antiguo amante y reciente pistolero de alcoba.

    -Ya me lo advirtió mi pobre padre, que no estaba en mis cabales por juntarme con una rata como tú.

    Con la fiereza de una pantera acorralada se abalanzó sobre el hombre, con sus garras prestas a hacerle jirones la cara. La misma cara que unas horas antes besaba con calidez y ardiente pasión. Maldito pirata…

  29. El pícaro
    El muy pirata lo convenció con un embuste. Le aseguró que había dejado a su anciana madre sola en casa para rebuscar en la basura. Ante los febriles lagrimeos del canalla, el pistolero que lo apuntaba para atracarle, lo abrazó y le dio una propina, animándolo a soportar su triste vida.
    El jeta de mi vecino no está en sus cabales, ni siquiera tiene madre, pero he de reconocer que esta vez su picardía ha servido para una buena causa. Gracias a él el ladrón se ha replanteado su vida. Ahora estudia una oposición para ser trabajador social.

  30. importantthoughtfully6948d9d7e6

    M. Ezker
    AGENTE 001
    Me acaba de llegar el aviso de Comandancia de Marina con las palabras claves que tengo que descifrar de ayuda urgente al Organismo correspondiente. Según el código único para descifrar, el mensaje, quedaría así:
    PIRATA : Pidiendo – EMBUSTE : Emergencia -FEBRILES : Febrero -PISTOLERO: Pista -CABALES: Canarias. Descifrando el mensaje:
    El barco ELCANO, que salió de Canarias en Febrero, pide ayuda, emergencia.
    Urgente localizarlo avisar a la Fragata del Ejército de vigilancia y ayuda a barcos pesqueros.

  31. Alicia Manzanares Jiménez

    LAS AVENTURAS DEL PISTOLERO

    Le apodaban el PIRATA y no por el parche de su ojo.
    El entorno poco recomendable en el que inició su adolescencia provocó que el EMBUSTE fuera su bandera.
    Una asombrosa agilidad mental para “cambiar de caballo a mitad de carrera” le permitía salvarse de situaciones problemáticas, de huidas FEBRILES, encontrando oportunamente la salida.
    Por su experiencia delictiva se creía protagonista de comic. Hasta el título había elegido: Las aventuras del PISTOLERO.
    Tenía perdida la cuenta de las veces que había visitado el cuartelillo, del que siempre, afortunadamente para él, se libraba cuando demostraba que no estaba en sus CABALES.

  32. El teatro del mundo por Jose Mª Escudero Ramos

    – ¡Camilo, eres un pirata!
    – Prefiero que me definas como viejo lobo de mar, querida Luisa.
    – Siempre entre la verdad y el embuste.
    – No quiero que suene a escusa pero mis noches febriles hacen que sueñe escenas increíbles como aquella excéntrica pelea de rimas entre un pistolero y su caballo.
    – No estabas en tus cabales.
    – En ningún momento dije que lo estuviese.
    – Ni actúas como tal.
    – Es lo que tiene ser tan creativo en el teatro del mundo.
    – Escena primera: «Te amo, pirata».
    – Atardecer; barco; anaranjado sol; tu silueta; amor eterno.

  33. David Martinez

    Me sentía como un pirata que acaba de llegar a la costa tras meses de navegación. El sabor a sol y sal no se iban de mi lengua mientras caminaba arrastrado por la arena. Todo lo que me habían prometido resultó ser un embuste, una farsa tejida por ambiciosos que ahora dormirán para siempre. Mis pensamientos febriles no se detenían; me había convertido en un pistolero en tierra de nadie. Estaba loco, fuera de mis cabales, al darme cuenta de que ahora estaba solo, sin nadie que escuchara mis historias de galeones. En la vida, la lealtad es un tesoro.

  34. MARIA FELISA EGUIZABAL FERNANDEZ

    Sicaria

    Tras varias horas dormida, llegó al mar y buceó en sus cálidas aguas turquesas, hasta encontrar el barco pirata unos metros más allá de donde indicaba el mapa. Recorrió el pecio saqueado. ¿Había sido otro embuste?
    No se lo podía creer. Juró por lo más sagrado que nunca más le mentiría. Con ojos febriles llegó al oeste donde quería contratar un pistolero. Lo encontró.
    Pero el bandolero le convenció de que se había adentrado en un lugar equivocado y que, si se dirigía hacia el arrecife de coral, le sería más provechoso.
    Regresó rica, siempre en sus cabales.

  35. JAVIER RUESCA

    Juan, el “pirata” del barrio, compartía comida y conversación con quienes dormían en la estación. Muchos especulaban que era un embuste, que nadie ayudaba sin nada a cambio, y más con su historial. Durante las noches febriles del invierno, abrió su viejo almacén para familias sin techo. Un antiguo “pistolero”, cansado de su pasado violento, se unió a él y enseñó a los pequeños a leer y escribir. Otros vecinos comenzaron a repartir mantas, medicinas… El miedo iba desapareciendo de aquellas olvidadas calles. Todos entendieron que la solidaridad y el respeto vuelven más cabales a las personas y las ciudades.

  36. Eva G. Dominguez

    Dicen que las mujeres guardan un PIRATA dentro, no para robar, sino para resistir mareas invisibles juntas. Aminata lo sabe. En mercados y caminos reconoce el EMBUSTE de promesas de igualdad que nunca llegan del todo. Aun así, en los días FEBRILES, cuando el calor aprieta y el cansancio pesa, no se detiene. No hay PISTOLERO que decida sus rumbos, sólo la fuerza compartida que las sostiene. Son CABALES en su lucha, firmes como la tierra togolesa que pisan. Y en ese equilibrio, frágil pero persistente, construyen comunidad, abren caminos y convierten la resistencia en un acto cotidiano de vida

  37. Sandra Martinez

    Amando a ciegas

    Un pirata sin rumbo, de corazón roto, navegaba sobre aguas saladas buscando a una sirena capaz de conceder deseos. Le habían contado un embuste nacido de mentes febriles que hablaban de un pistolero desconocido y de un canto milagroso de aquel ser que podía resolver cualquier problema humano. El pirata comenzó su búsqueda y fue avanzando pese al cansancio. Ella emergió entre la espuma y escuchó su historia, decidió ayudarlo. Cantó ante sus ojos y devolvió la luz a su amada. Entonces comprendió que el amor sincero guía incluso en la oscuridad y que aquellos desconocidos estaban en sus cabales.

  38. María Ángeles Muro Dubón
    12 Mayo 2026

    El pirata llegó al puerto bajo una lluvia tibia y silenciosa. Traía consigo un viejo embuste contado por marineros cansados: decían que existía una isla donde los relojes detenían tormentas. Durante noches febriles, buscó mapas ocultos entre tabernas, cartas náuticas y botellas vacías. Finalmente encontró a un pistolero retirado que conocía la ruta secreta hacia aquel lugar imposible. El hombre aceptó guiarlo solamente después de comprobar que ambos conservaban sueños cabales, capaces todavía de desafiar la codicia, la tristeza y el miedo. Navegaron juntos hasta desaparecer detrás del horizonte gris del amanecer sin dejar rastros sobre aguas oscuras hacia norte

  39. M° Ángeles Muro Dubón

    El pirata observó desde la cubierta cómo el cielo cambiaba de color sobre un mar inmóvil. Nadie creyó el embuste que relató al llegar a la taberna, aseguró haber escuchado cantar a las ballenas bajo el hielo.
    Sin embargo, varios marineros febriles juraron haber visto luces verdes siguiendo su barco durante la travesía. Entre ellos viajaba un pistolero silencioso, famoso por no fallar jamás un disparo. Aquella noche discutieron sobre el destino, la fortuna y los recuerdos perdidos, hasta comprender que solamente los hombres cabales podían soportar ciertos secretos escondidos en las profundidades del océano durante eternas mareas sin regreso

  40. ¡VIVA EL TIOVIVO!

    ¡Ron, ron, ron, la botella de ron!
    El pirata pata palo parecía ebrio. Embuste tras embuste fue camelando al personal. Su cantinela sobre una isla con un tesoro daba el pego.
    Detrás venía un pistolero, a caballo, contando febriles historias sobre ríos llenos de pepitas de oro. Y muchos de los presentes le creyeron también.
    ¡Cualquiera diría que nadie andaba en sus cabales!
    Y aún quedaba por escuchar al astronauta, al bombero y al domador de leones.
    -¡Cómo ha mejorado el tiovivo con la teatralización, Paco!
    -¡Claro Gloria! Ahora se marean y se mean de la risa. ¡Dos por uno!

  41. Laura Barrill

    PUERTO DE GUARDIA

    ¿Acaso osas decir, que yo, que soy pirata desde crío, soy un mísero marinero? Así me bautizaron en el muelle y así me quedaré siempre.

    ¡Ni el ron más turbio sacaría esa confesión de mi boca!

    Menudo embuste. Ni tú me engañas, ni tus hombres de blanco me asustan, ¡bah! lárgate de aquí con tu pistola…
    ¡Por todos los diablos! …¡las luces de este puerto me ciegan!

    ¡Anda ya! ¡Malditas crisis febriles!

    ¡Condenado pistolero! ¡tus balas no traspasarán mi gruesa piel!

    ¡Será posible! ¡Por favor, Manuel! Está fuera de sus cabales… ¿quiere usted dejar que le pinche la heparina?

  42. MALAS ARTES
    Nunca acepté que Garfio el pirata fuera interpretado por otro, me sentía traicionado. Me las arreglaba con algún embuste que otro y conseguía desconcertar a mis compañeros con mis malas artes y mis febriles argumentos. Estaba enamorado de la niña que hacía de Campanilla, aunque ella solo tuviera ojos para Peter Pan, por ello convencí a la directora de escena de la escuela para que la nueva obra estuviera protagonizada por un apuesto pistolero de ojos intensos y negros como los míos, ella fuera mi enamorada y el resto del elenco de actores, estuviera compuesto por los menos agraciados.

  43. […] ESCRIBE TU RELATO DEL MES DE MAYO: Curro Castillo | Cinco Palabras […]

  44. Navegando entre palabras.

    Con el tesón de un pirata tras su tesoro, surcó los siete mares sobre un pequeño escritorio en busca de la isla en la que habían enterrado el verso perfecto. Cayó en el embuste de los cantos de editores que lo atraparon en febriles sueños de ron y gloria. Perdió su barco, cuyas velas y anhelos estaban remendados como la diana de un atinado pistolero. Con parche en el ojo, pata de pluma y realidad en el hombro, siguió navegando entre palabras. Pero dejó de escribir para los cabales y comenzó a hacerlo para quienes naufragaban dentro de sí mismos.

  45. JAIME CASTELREANAS

    Ella no adoptaba la concepción clásica del pirata; la transformaba en una versión vanguardista, aquella que saquea mediante embustes de amor y usurpa el control de las emociones ajenas. En ocasiones, los vestigios que legaba resultaban febriles, como las cartas de amor de un reo; sin embargo, terminaba persuadiéndote de que las próximas aventuras prosperarían. La víctima siempre salvaguardaba su integridad y su estabilidad emocional cual PISTOLERO del Salvaje Oeste que defiende su soberbia con honor.
    La espada de Damocles, una amenaza intimidante que incentivaba la supervivencia. ¿Quién en sus cabales dice que es amor? Si es la vida

  46. María Consuelo Orias

    La deuda del mar
    El día que los niños vieron a aquel hombre llegar caminando sobre la bajamar, creyeron que era un pirata. Pero… llegó sin barco. Su sonrisa era salada. Contaba historias de islas imposibles —puro embuste— pero los mantenía boquiabiertos.
    Aquella noche los niños del pueblo despertaron febriles y señalando el mar. Más tarde —desde el espigón— imaginaron acercándose a un pistolero cubierto de algas y arrastrando cadenas. Venía buscando al pirata. Los mayores —más cabales— huyeron primero. Habían oído en sus casas que nadie regresa del océano… salvo para cobrar alguna deuda.

  47. Naicibeth Cristina Barreto Ojeda

    Como un pirata que navega sin rumbo, huyendo del embuste de la costa, se adentra en un mundo desconocido, sin dirección ni mapa, lleno de noches febriles marcadas por la plaga que solo yace en el mar, acompañado únicamente de su fiel amigo, el pistolero.
    La gente de la costa insinúa que perdió sus cabales, pero ellos están seguros de que allí yace lo que buscaban.

  48. JULIA RUBIO FERRER

    FUERA DE VEDA
    Me llamó pirata al descender de la lancha, maniatado, y escupió al aire que todo era un embuste, que no me atrevería. Sus ayudantes, también apresados, tiritaban con estados febriles y apenas balbuceaban. Mi corazón latía tranquilo ante aquel pistolero millonario que asesinaba por puro placer; ese a quien su suerte se le trastocó al caer en la trampa que preparé en el bosque. Gritó que no estaba en mis cabales al abandonarlos en la isla, tras aceptar su fortuna. Es posible que tenga razón: nadie sale cuerdo de una cacería cuando le toca ser la presa.

  49. Gema Herraez Peñas

    La silla de ruedas

    Allí estaba, del salón en el ángulo oscuro…., no un arpa sino aquella silla de ruedas esperando a que Marga se atreviera a abordarla con la valentía de un pirata. Y ella se contaba un embuste cada día para no hacerlo. Tenía sueños febriles en los que la perseguía como un pistolero hasta darle caza.
    Una mañana, armada de valor, abandonó la muleta y apareció en el salón sentada en ella. Sus padres solo dijeron“buenos días hija”. Marga pensó que no estaban en sus cabales. Sabía que aquella impostada naturalidad escondía el reprimido deseo de arrojarla flores.

  50. Antonio Marqués

    TOP MANTA
    Compró un disco, que resultó ser pirata, convencido por un inocente embuste del vendedor. Con ojos febriles, el aprendiz de pistolero, fuera de sus cabales, fue a reclamar la devolución del disco. El vendedor, temeroso, le devolvió los tres euros y, además, le obsequió el disco. Luego, entró en una tienda de música y se percató de que el CD original costaba veinticinco euros. Salió de allí escandalizado, sin comprarlo, decidido a usar la copia que llevaba. Antes de ir a casa a escucharlo bebiendo un buen whisky, se detuvo a tomar un café que le costó tres euros.

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