ESCRIBE TU RELATO DEL MES DE OCTUBRE: MARÍA BERNABEU AVOMO

Hoy 1 de octubre, damos la bienvenida a este mes otoñal con la celebración del Día Internacional de las Fundaciones y las Donaciones, una fecha que cada año conmemora la Asociación Española de Fundaciones, con su Foro de Fundaciones y Sociedad Civil, recordándonos la importancia del trabajo conjunto, la cooperación y la solidaridad para transformar la sociedad.

La presidenta de Cinco Palabras ha acudido al IX Foro de Fundaciones y Sociedad Civil DEMOS 2025 en Sevilla.

Entre las diferentes ponencias, asistió a “Filantropía ante los desastres naturales. ¿Cómo hemos actuado? ¿Cómo nos preparamos?”, en la que participó María Bernabeu, Directora General Fundación Juan Perán Pikolin.

Durante la ponencia, compartieron experiencias y aprendizajes sobre cómo distintas fundaciones han respondido ante emergencia de la DANA en Valencia, explicando el trabajo realizado para ayudar a los damnificados.

Desde Cinco Palabras, seguimos colaborando en Chiva (Valencia), acompañando en la recuperación y poniendo la solidaridad en acción, y como gesto de apoyo a nuestra labor, María Bernabéu ha querido regalarnos sus Cinco Palabras, sumándose a la cadena solidaria que impulsa nuestra ONG.

Quién es María Bernabeu
Una mujer que inspira.

Hoy queremos destacar la trayectoria de María Bernabeu Avomo, un ejemplo de esfuerzo, superación y compromiso.

Judoka de élite, ha conquistado dos medallas mundiales (plata en 2015 y bronce en 2017) y ha representado a España en los Juegos Olímpicos de Río 2016 —donde logró un diploma olímpico— y en Tokio 2020.

Compaginó su carrera deportiva con la formación en Derecho y un Máster en Dirección y Gestión de RRHH, demostrando que la disciplina y la pasión no solo se aplican en el tatami, sino también en la vida profesional.

Actualmente, como Directora General de la Fundación Juan Perán Pikolinos, pone toda esa experiencia y valores del deporte al servicio del tercer sector, trabajando para mejorar la vida de quienes más lo necesitan.

María nos enseña que la fuerza no solo se mide en victorias, sino también en la capacidad de tender la mano al otro.

Anunciamos que el próximo 17 de octubre, celebraremos la entrega de premios del Concurso Escolar de Microrrelatos CINCO PALABRAS en un evento muy especial de la Coral Cantoría, PEQUEPELIS: un concierto solidario para todos los públicos, donde música y palabra volverán a unirse para transformar el mundo.


Teatro Fernández Baldor
Viernes 17 octubre a las 19.30
Entradas: teatrofernandezbaldor.com

Fila 0: ONG CINCO PALABRAS
ES91 2100 5920 2702 0014 7460

En ese acto presentaremos nuestro Concurso Escolar Cinco Palabras 2025-2026

Seguimos escribiendo… porque cambiar el mundo a través del ARTE es posible.

La presidenta de la Asociación Española de Fundaciones, Pilar García Ceballos-Zúñiga, y Mar Olayo felicitan a la escritora y socia fundadora de la ONG CINCO PALABRAS, Claribel Aránega,, por haber ganado el primer premio de relato en el IX Premio de Relato Fundación Fomento
Hispania – Fundación Fomento Hispania @fundacion_fomento_hispania

Relato:
“AMAL O LO QUE MI MADRE DICE”

Os esperamos el 3 de octubre en la presentación de QUINCE GRULLAS DE PAPEL

ESCRIBE TU RELATO DEL MES DE OCTUBRE Y PARTICICPA EN NUESTRO CONCURSO LITERARIO: MARÍA BERNABEU

Las palabras que nos han regalado Maria son las siguientes:

  • LLUVIA
  • FANGO
  • ZAPATOS
  • BOTAS
  • CHALECOS

NORMAS DE CINCO PALABRAS

Normas de CINCO PALABRAS para escribir un relato solidario:

1-. Extensión máxima 100 palabras.
2-. No se cambiará la posición de las palabras.
3-. No se modificará el género ni el número de las palabras proporcionadas.

*Por favor, revisad ortografía antes de publicarlo.
*Se eliminarán los relatos que no cumplan las normas

LA CAUSA DEL MES: AYUDA EN CHIVA

Desde la ONG CINCO PALABRAS seguimos colaborando con Conchín Feijoo, damnificada de la DANA en Valencia.

Invitamos a todos a unirse a nosotros en este esfuerzo, porque cada pequeño gesto cuenta. A través del arte y la solidaridad, podemos marcar la diferencia en la vida de Conchín y tantas otras personas que están pasando por situaciones difíciles.

🖐🏾 Si quieres ayudar a Conchín puedes hacer una donación:

ONG CINCO PALABRAS
LA CAIXA
ES91 2100 5920 2702 0014 7460

🖐🏾 HAZTE SOCIO/ A AQUÍ

🖐🏾 Escribe tu relato solidario a favor de Conchín.

PRÓLOGO DE AURORA RAPÚN


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ONG CINCO PALABRAS
LA CAIXA
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NOTA: CINCO PALABRAS se reserva el derecho de la publicación de los relatos. Se eliminarán relatos ofensivos o insultantes hacia cualquier país, pueblo, animal o personal que puedan herir la sensibilidad del lector. Registro de la Propiedad Intelectual Nº 43388/2013 © CINCO PALABRAS. Una vez que el autor escribe su relato en ‘comentarios’, autoriza a CINCO PALABRAS a hacer comunicación pública de las obras que voluntariamente publica en nuestra página web: cincopalabras.com

Para cualquier sugerencia: contacto@cincopalabras.com


65 respuestas a «ESCRIBE TU RELATO DEL MES DE OCTUBRE: MARÍA BERNABEU AVOMO»

  1. DIEGO ANGEL BALLESTEROS MARTINEZ

    La LLUVIA caía sin tregua sobre el Levante, borrando calles y memorias; Gabrielle, rugía a su paso. Los huertos, antes verdes, se convertían en mares de FANGO que atrapaban pasos y esperanzas. Los niños miraban incrédulos cómo sus ZAPATOS quedaban enterrados, mientras los adultos, resignados, calzaban BOTAS pesadas para atravesar la corriente. Entre sirenas y gritos, los voluntarios avanzaban con sus CHALECOS reflectantes, iluminando la noche como destellos de fe. El viento arrastraba tejas, el agua arrancaba muros, pero aún en medio del caos, la gente se abrazaba, recordando que la fuerza del barro nunca supera la del corazón humano.

  2. Luis Uriarte Montero

    Niña sin colegio
    La lluvia cae en la ciudad, se forman charcos porque lo hace con mucha fuerza, el fango que se forma mancha mis botas, contempló a una niña rebuscando en la basura, saca dos chalecos que entrega a un hombre adulto; en el trabajo sigo pensando en ella.

  3. Estrofas del alba

    Dicen que su poesía nació de la lluvia sobre los geranios azules de un patio. Fue antes de que se diluyera en el fango de una cuneta anónima. Pienso en sus zapatos elegantes, tal vez comprados en Park Avenue, tan impropios para morir, manchados de tierra y miedo. Imagino el sonido de las botas de quienes lo llevaron, una rima de cadencia torpe y estridente que acalló las estrofas del alba. Sobre sus corazones, los chalecos de cuero encubrieron una oscuridad que ninguna flor jamás podrá iluminar.
    Pero el verso, mal que os pese, brotará entre macetas y memoria.

  4. Lluvia sobre tierra fértil de Jose María Escudero Ramos

    Las gotas de lluvia rebotaban en las superficies más duras de la alquería, pero en la parte más indómita, lo que era tierra se convirtió rápidamente en fango.
    Gracias a aquel tipo de la carretera que me cambió mis gastados zapatos por unas botas nuevas, pude caminar sin riesgo alguno por las zonas más afectadas.
    El aguacero no me permitió leer lo que ponía en los mojados chalecos de esos hombres.
    Por un gesto altruista se han salvado muchas vidas y eso solo puede ser cosa de ángeles… ¿Cómo era? El pueblo salva al pueblo… Nunca lo olvidaré, parecían ángeles.

  5. […] ESCRIBE TU RELATO DEL MES DE OCTUBRE: MARÍA BERNABEU AVOMO […]

  6. FURIA
    Tras la lluvia, llegaba el fango, los zapatos sucios y los atascos de tráfico. Algunos comerciantes se ponían las botas vendiendo paraguas y no faltaban los que imploraban al cielo más lluvia para regar los campos después de meses de pertinaz sequía. Ciertamente, nunca llovía a gusto de todos, pero aquel diluvio sorprendió a la población entera, a tenderos y agricultores, a maestros y colegiales, a…, a todos.
    Entonces, aparecieron los oportunistas con sus pancartas y chalecos partidistas buscando culpables, y ahí siguen buscando, enfangados hasta las trancas mientras las soluciones llegan con cuentagotas y el cielo vuelve a oscurecerse.

  7. TEMPORAL DOMÉSTICO
    Me gusta mirar la LLUVIA a través de los cristales, a salvo de sus gotas heladas y del rastro de FANGO que dejan los ZAPATOS tras caminar bajo un aguacero. Mi marido, siempre despistado, sale sin paraguas ni BOTAS de agua y, al volver, no ve que, pegada a sus talones, se cuela en casa la borrasca, haciendo estragos en el salón. Por suerte, soy mujer de recursos: capeando el oleaje, vuelco la mesita de café y navego por la alfombra rumbo al armario del recibidor, donde aún conservo los CHALECOS salvavidas del barco de pesca del abuelo.

  8. Eva

    Cuando llega la LLUVIA, en Togo todo se transforma y Aminata sonríe. El camino se vuelve FANGO, sabe que será su compañero, pero también su oportunidad. Con ZAPATOS gastados camina hacia el mercado; a veces BOTAS heredadas, otras va descalza, pero todas avanza, confiando en la tierra. Bajo sus CHALECOS de colores guarda semillas, pan y sueños, protege a su pequeño del frío y a la esperanza del olvido. No hay barro que la detenga, si tropieza, se levanta. Si el cielo se oscurece, Aminata prende fuego porque, tras cada tormenta, brota una nueva siembra, una nueva posibilidad de vida.

  9. El vizconde rubio

    MONTE CANO

    Junto al río Duero descubrió el poeta que nevaba lluvia y el fango era blanco. Cambió sus zapatos por botas de invierno y clavó la madera de su lapicero en tantos poemas que escarban al hombre y traspasan la tierra. El grafito lo fue repartiendo por sombras de encina y chalecos a manchas para las ginetas. Después siguió más al norte mientras el exilio le iba creciendo en tardes sin ella. Desde entonces, el tocón de olmo donde se sentaba ha quedado algo translúcido, como si estuviésemos mirando su recuerdo a través de los cristales de una cámara de gas.

  10. El abate joven

    CURRICULUM

    Pasó su vida realizando los trabajos más dispares: cantar bajo la lluvia, bailar sobre el fango, ponerse en los zapatos de cualquiera. Catar botas de fino, en Jerez, hasta que solo dejaba el roble. Cambiar camisas de fuerza por chalecos estampados, dejarse siempre una puerta abierta en los manicomios. Enseñar a cantar blues a cuatro gatos callejeros, acompañarles con el timbre de una bicicleta. Apearse con estilo de los taburetes de los bares o dar palmas en una silla de anea. Así que el último: exigir un cigarro y un réquiem, en una eléctrica, no sorprendió demasiado a nadie.

  11. Pepe Sanchis

    ¡Qué recuerdos cuando a principios de Octubre la LLUVIA no faltaba a su cita otoñal! Por miedo a mi padre y su mal caràcter, de camino a la escuela procuraba no pisar el FANGO y mantener bien limpios mis ZAPATOS, aunque ¿no hubiera sido mejor llevar unas BOTAS de agua como los otros niños? La respuesta era sencilla, pero no para mí, que nunca llegué a saber lo que pasaba en casa, ni entendí tampoco por què veía tantos diferentes CHALECOS sobre la silla al lado de la cama de mamà.

  12. Damián Rotman Cleiman

    NO ES LA MISMA LLUVIA

    Esta lluvia no te moja, te inventa. A mí, en cambio, me deshace la voz.

    Te miro hundir los pies en el fango sin mancharte; mientras, yo intento dejar huellas que me recuerden.

    ​Luego lustras tus zapatos hasta que ciegan, buscando maquillar el ayer. Y yo, no le quito el barro al alma.

    Con cada nube gris, estrenas botas de promesas y chalecos que no abrigan, pero combinan con tu enigmático optimismo. Yo, simplemente, colecciono paraguas rotos.

    ​Dime si no es triste que vivamos en el mismo cuarto: tú donde el cielo rebota y yo donde la luz se ahoga.

  13. NO TE OLVIDO
    Hace ya un año y sigo recordando como aquel día caía la lluvia. Fue tan anormal que todavía se me eriza el vello. Todo quedó cubierto de fango y ahora, todavía no se han encontrado algunos cuerpos. Fueron sus zapatos los que aparecieron. Más tarde, como ángeles caídos del cielo llegaron aquellos chicos jóvenes con botas de goma y palas, para ayudar en todo lo que pudieron y continuando las horas, distinguimos a muchas personas con chalecos semejantes y que los identificaba como seres especiales. Ese ejemplo nunca se va a olvidar.

  14. generouslyperfectee49e0c174

    DILUVIO

    Las negrísimas nubes dejan agua a mansalva, una lluvia torrencial que terminará anegando el patio. El arca se llena de fango, los zapatos de ante de quien hace de Noé, el peripuesto director, están hechos unos zorros, le alcalzan unas botas de plástico. Los toldos empiezan a volar, los de los chalecos reflectantes no paran de meter perritos y gatitos en el arca…
    Ante tanta inclemencia la función ha de suspenderse.
    Las familias corren hacia sus coches como si el final del mundo estuviera cerca.
    La primera pelota de granizo acierta al director en plena frente.

  15. Maremoto romántico
    Quería una lluvia de ideas, pero solo generaba fango. Me saqué los zapatos para ver si conectando con el océano infinito se me encendía el foco. ¿Cómo terminar la novela? Metí los pies en el mar y soñé despierta… Una boda, ella vestida de blanco, un final feliz… O mejor una tragedia… Un maremoto: a ella se la llevaban las olas… ¡Oh, no! ¡A mí me arrastraban las olas! ¡Auxilio! ¡Me ahogo! Un caballero valiente se metió con botas y todo a rescatarme. Los chalecos salvavidas llegaron después…
    Quién quiere novelas si el romance acomete cuando menos lo esperas.

  16. Noviembre de 1952, en pleno rodaje de “Cantando bajo la lluvia”.
    -¡¡Corten!!, ¡¡Corten!!
    Lo del plató parecía más fango que otra cosa y, para colmo, el gracioso de Gene Kelly se había dejado los zapatos del día anterior en casa y se había puesto unas botas de agua.
    -Gene, ¿se puede saber qué coño llevas puesto en los pies?
    -Me olvidé los jodidos zapatos de charol y encontré esto en los camerinos.
    -Ya, ¿y crees que no lo notará el público?
    -¡Qué va!
    -¿Y los putos chalecos verdes?
    -Estaban también en los camerinos, junto al impermeable amarillo.
    -¡¡Yo me muero!!

  17. POLVO DE ESTRELLAS
    Lluvia de polvo de estrellas es lo que cayó convirtiendo el fango del angosto camino, en luceros y cometas brillantes que se fijaban en los zapatos y abrigos de los niños. Los mayores se enfadaban porque no se adherían a sus botas y chalecos sintiendo celos, pero el viejo del pueblo al que nunca escuchan a pesar de la experiencia les dice, que han cambiado la inocencia por ego y la humildad por oropel y de esa manera, nunca podrán recobrar la dulzura y sabiduría de los niños que, por desgracia olvidamos cuando creemos saberlo todo.

  18. Manuel G.Casaus

    DANA

    La LLUVIA por fin ha parado de caer. Las precipitaciones han sido tan fuertes, que nuestro pueblo está inundado. Dicen que hay desaparecidos, incluso muertos. Los teléfonos no funcionan, y no tenemos luz ni agua corriente. Las calles están impracticables y apenas podemos salir de casa. El barro y el FANGO impiden utilizar ZAPATOS e incluso las BOTAS se quedan atrapadas en el lodo. Hay voluntarios con CHALECOS reflectantes que intentan ayudar, y aconsejan quedarse en casa. Mi marido no hizo caso y salió ayer a visitar a sus padres. Llevo veinte horas asomada a la ventana esperando verle volver.

  19. Lía

    Cada noche reunimos nuestras miserias alrededor de la hoguera: las lágrimas, el orgullo, el sufrimiento de nuestros hijos, el eco de lo perdido.

    Lluvia de bengalas iluminando Gaza; nos conminan a huir de lo único que nos queda, la tierra que aún nos pertenece. Espectros vagando entre el hedor de los escombros, el fango y la sangre. Como si nunca hubiéramos existido; ni las huellas de nuestros zapatos quedarán.

    Hermanos, que vuestras botas corran al otro lado de la frontera, protegidos por la cruz bordada en vuestros chalecos. Gritad auxilio en nuestro nombre; llevad nuestro dolor a quienes quieran escuchar.

  20. Carmen Bonaetxea Sandonís

    Y, la llamaron Lluvia, porque a su madre casi se le cae al fango cuando se puso de parto en medio de la huida.

    Sorprendida de que, justo en ese momento, su pequeña hubiera decidido venir al mundo no podía apartar la mirada del suelo. Sus zapatos sucios y ajados por el tiempo, como su querido Manuel, al que dejó tirado en el suelo aún con las botas puestas.

    Unos ojos amables la miran, y con manos temblorosas, un joven soldado le ofrece un par de chalecos para que arrope a su niña.

  21. Francisco Javier Arroyo Miguel

    A cántaros.
    Algo causó que el cielo rompiera su bóveda de aquella manera. Una inmensa gárgola escupía la lluvia concentrada y súbitamente despertó a los ríos de su letargo. El sol no pudo salir por quedar atrapado en el fango y todo parecía noche, por eso la luna, alarmada, se quitó sus zapatos blancos y se calzó unas botas de goma. Cuando la última gota tocó suelo, la naturaleza mostró sus manos limpias y se sacudió las culpas. Noé, diligentemente, repartía chalecos para salvar esperanzas y sueños. Acumulados quedaban los restos del naufragio junto a la mentira, la irresponsabilidad y la incompetencia.

  22. Antonio Marqués

    LOS QUE NOS QUITAN EL TRABAJO
    La lluvia había llenado de fango las alcantarillas. Emerson, cambiándose los zapatos por unas botas de trabajo y colocándose uno de los chalecos reflectantes de la empresa, descendió al mundo de las ratas para llevar a cabo la limpieza pertinente. Desarrollaba su labor con escrupulosidad y nunca se quejaba.
    Al terminar su jornada, cuando se dirigía a casa, un grupo de chavales encopetados comenzó a insultarlo, gritándole «ladrón», «violador» y otras lindezas. Él aceleró el paso e intentó explicarles que había nacido aquí, pero eso pareció enfurecer aún más a sus acosadores, quienes no se detuvieron hasta humillarlo y apalearlo.

  23. Ramón Puig

    LA LIBERTAD
    Se sintió libre en un día de lluvia y un hombre, con fango en los zapatos, se le enca-ramó indicándole una dirección.
    —Al Paseo de Juan Antonio Vallejo-Nájera Botas.
    —Oiga, caballero, ¡que yo soy un particular!
    —Disculpe…
    —O se baja o llamo a la policía.
    Desde una ventana, una señora gritaba.
    —¡Diga que sí, que hay mucho malandrín suelto! ¿Quiere usted subir a tomar algo? —le propuso la señora.
    Una vez en su piso, ella lo invitó a elegir entre unos chalecos secos para ponerse cómodo. Una cosa llevó a la otra, y así fue como perdió su venerada libertad.

  24. Joaquín García

    EL DESASTRE
    Se deja de disfrutar la lluvia cuando se desata y se convierte en fango, que embarra zapatos y botas, y cala pantalones y chalecos. La situación es susceptible de empeo-rar, y a veces se desmanda, arrastrando coches, destruyendo casas y truncando vi-das. Es en esos momentos de desesperación cuando debemos demostrarnos que las personas tenemos cabeza y alma. Es fundamental utilizar la tecnología a nuestra dis-posición para asegurar el funcionamiento de los sistemas de prevención y, en su ca-so, de recuperación. Lo que nunca falla es el corazón de quienes, desinteresadamen-te, acuden a ayudar en tiempos de desastre.

  25. Pepe Moral

    LA DESESPERACIÓN
    Nació como una llovizna agradable y, con el tiempo, evolucionó a una lluvia insistente que, mezclándose con la tierra, se convirtió en fango. Este fango mancilló calles, za-patos y botas, y siguió creciendo hasta volverse incontrolable, haciendo necesario el uso de chalecos salvavidas. Ella, atrapada en un bajo, no se atrevía a salir, pero sa-bía que no podía quedarse. Llamó a su familia y les dijo que los quería, lamentando no habérselo expresado todos los días. En ese momento, vio el extremo de una cuerda asomándose por el patio. Entonces, hizo un lazo y se lo ajustó, huyendo del desastre.

  26. María Hernández

    LA INCERTIDUMBRE
    La lluvia traicionera forma ríos de fango que arrastra todo a su paso. Cuando pasa el peligro, la gente sale a la calle, cambiando sus zapatos por botas katiuskas. Con lo que tienen a mano y la ayuda de otras almas, comienzan a limpiar el desastre, anticipándose a la llegada de la ayuda oficial. Desde la ventana de un cuarto piso, con el ascensor y el teléfono averiados, Alba observa con desolación la devastación. En su silla de ruedas, contiene el aliento y se tranquiliza al ver los chalecos de las ONG. Aún no sabe lo de su marido.

  27. Paco Villegas

    EL DESENGAÑO
    Amaneció un día de lluvia que le añadió tristeza a su separación. Cuando se enteró de que ella lo había cubierto de fango se sumió en una tristeza infinita. Caminaba mirándose la punta de los zapatos meditando en cómo la gente, solo atendiendo a su interés particular, es capaz de ponerse las botas sin mirar a quien perjudica. Decidió usar chalecos antibalas a partir de ese momento, tal era su desengaño. La pena le duró dos noches pues a la tercera ya estaba en disposición de volver a ser engañado por la espectacular vecina de tercero.

  28. EL OCASO DE LAS ILUSIONES
    El ocaso se coló en nuestro corazones,
    al igual que las gotas de lluvia embarraron el ambiente,
    al igual que el fango devoró nuestros zapatos
    y nuestras botas se cubrieron de mugre.
    Al igual que cansados, tristes y privados de sentido,
    la oscuridad se apropió de vanas ilusiones.
    Mientras el barro resbalaba por nuestro chaleco,
    aquellos a los que ayudábamos, las víctimas,
    vislumbraban, con pesar, él fin del día,
    Pronto este les devolvería
    a la soledad infame y temida.
    Solos estaban, solos se enfrentaban
    a esa realidad que la ayuda,
    durante unas horas,
    solo anestesiaba.

  29. Juan Francisco Mencía Murga

    Juan Francisco Mencía Murga
    De paseo

    Vertiginosa, la lluvia empapaba sus rapadas cabezas. El fango enlodaba los gastados zapatos y, al pisar, salía por los agujeros de los cordones en un churrete marrón oscuro. Antero, el nuevo, llevaba botas. Pisaba con seguridad, mirando altanero a los otros presos con los que paseaba bajo el aguacero. Presos de confianza, que portaban chalecos negros con rayas rojas, los vigilaban. El jefe se dirigió al novato:
    —Ese calzado no te corresponde— Y le hizo descalzarse. Le dio sus mugrosos zapatos y se calzó las botas. El barro parduzco lamió los pies de Antero. Los presos sonreían.

  30. TRES PARAGUAS

    Cantaba y bailaba bajo la lluvia con su paraguas y el fango cubriéndole los zapatos. Dos agentes equipados con botas y chalecos reflectantes se acercaron.
    -¡Oiga! Está al borde de la carretera y va a provocar un accidente.
    -Anda… pero si es idéntico a Gene Kelly.
    -Lo soy.
    -Está usted borracho.
    -No. Estoy muerto.
    Y siguió cantando y bailando.
    -¡Pare ya! Se viene con nosotros.
    -No. Ustedes vienen conmigo.
    El camión derrapó al salir de la curva.
    -Traigo dos paraguas más. Bailemos los tres.
    -¿Estamos todos muertos?
    -Ahora es mi trabajo, entiéndanlo.
    -¿Un autógrafo que podamos dejarles a nuestros hijos?

  31. Un individuo

    ALCANTARILLAS

    El filósofo opinaba que la cultura era el pilar de las civilizaciones. El ingeniero aseguró que sin alcantarillas, evacuando la lluvia y el fango, no habría civilizaciones. Un general, con zapatos recién cepillados, dijo que unas cuantas cabezas nucleares apuntando al enemigo como un pene al abismo de la loza tampoco estaban de más. Dos antropólogas, con botas altas y chalecos estampados, confirmaron que las alcantarillas siempre fueron imprescindibles para evacuar, además del agua, las promesas caducadas de los legisladores y crear Estados perdurables. Sin ellas, la historia estaría llena de vendedores ambulantes intentando escapar de su propia mierda.

  32. Bene Martínez Hernández

    SE AVECINA TORMENTA

    Alguien me dijo un día que mi mujer entraba y salía con otro, no le creí. Había algunos nubarrones amenazantes, sí, pero parecían lejanos. Entonces llegó la LLUVIA y frente a mi casa comenzó a formarse algo de FANGO, nada grave.
    Aquella tarde ella salió con gabardina y paraguas. Pero si caen tres gotas, le dije. ¿Tú crees?, respondió. Yo llevaba ZAPATOS, ella BOTAS de agua; eso debió haberme alertado. Al poco tiempo me abandonó, aquel día diluviaba. Y con todo inundado ya no había tiempo para comprar paraguas, sino una balsa y CHALECOS salvavidas. Eso o un abogado matrimonialista.

  33. ISABEL JIMÉNEZ MORENO

    LLUVIA EN OCRE Y ROJO
    La lluvia. Todos lo dicen: si aquí no llovía.
    Lo dicen sin mirarse. Lo repiten una y otra vez: aquí no llovía.
    Lo dicen andando entre el fango, donde los zapatos se quedan clavados.
    Necesitan botas de goma, palas, capazos donde recoger el barro que sepulta sus cosas y la vida de doscientas veintiocho personas.
    Una marea de chalecos viene cruzando el puente.
    Solo hace cuarenta y ocho horas desde que el barranco se desbordó. No hubo aviso porque alguien decidió que no era para tanto, que solo caían cuatro gotas.
    Y en la Horta Sud no llovía.

  34. MARIA CRISTINA MUÑOZ EUGENIO

    La incesante lluvia repiqueteaba en el cristal, resbalando en hilos de plata fina por su ventana. El grisáceo fango denso se formaba en sus zapatos a cada paso, cada paso era un mundo, pesaba como una losa en sus suelas. Olvidó llevar botas de agua y chaleco impermeable, menuda cabeza la suya en un día tan triste y gris.

    Más allá, sus ensoñaciones iban al cálido paraiso, aguas turquesas, fina arena, peces de colores y un paisaje caribeño. Palmeras y tortugas, desfilaban por su mente, soñar despierto era su gran habilidad. Soñar es de grandes sabios, y sabía cómo hacerlo.

  35. Arancha Naranjo

    El disparo del fotógrafo
    Delante de la ventana está la maestra contemplando el patio cubierto de hojas amarillas, pero hoy no es un día agradable fuera, piensa. La lluvia lo ha llena todo de fango. ¡Qué lástima! Los niños se quedarán dentro. Miran embelesados hacia la cámara con sus zapatos sin cordones y sus botas lustrosas, algunos llevan todavía los pantalones cortos remendados y otros los chalecos del abuelo para cubrir lamparones. Van con el pelo engominado y la cara lavada eso sí. Sus madres los han acicalado, hasta les han echado colonia, para la foto.

  36. MARIA FELISA EGUIZABAL FERNANDEZ

    Caras de la misma moneda

    Elías, cuando requirió de sus padres sus derechos, no ignoraba que éstos son la cara de la misma moneda que las obligaciones. Pero se hizo el sueco. “Ellos no se lo tendrían en cuenta”: pensó.
    Le dieron la vida, el pan, la educación…, toda una LLUVIA de dádivas que creía tener ganadas solo por nacer.
    No vio, el FANGO que lo envolvía cuando no correspondió a sus deberes. Ni siquiera cuando se calzó sus nuevos ZAPATOS y puso distancia como si del “Gato con BOTAS” se tratara.
    Ni los mejores CHALECOS salva vidas evitarían que se hundiese en la miseria.

  37. Angel Toribio Sevillano

    No hay muro que valga

    A pesar de que lleva una semana lloviendo, cada mañana madruga y baja hasta la playa para ganarse la vida. Y es que el mal clima ayuda al negocio, aunque la lluvia haya convertido el trayecto en un auténtico lodazal y el fango le llegue ya por las rodillas, porque, en días de marejada, la cantidad de zapatos, botas y chalecos que el mar escupe a la orilla se multiplica… A sus doce años conoce perfectamente el origen de las prendas que luego vende y, aun así, ahorra todo el dinero para subirse algún día en uno de esos cayucos.

  38. Alejandra Mejía Nieto

    EL RECLAMO DE LA MONTAÑA

    En aquella noche oscura, el invierno se sentía con más fuerza en lo alto de la montaña, donde las casas de madera apenas resistían. De pronto, un sonido estruendoso rompió el silencio: el tubo madre del agua había colapsado por la imparable lluvia. El fango avanzó cubriéndolo todo. Algunos alcanzaron a tomar sus zapatos y botas antes de correr; otros quedaron atrapados bajo el lodo. El miedo se mezcló con el frío y la oscuridad. Horas después, los rescatistas con chalecos reflectantes buscaban vida entre los restos. La montaña solo reclamó lo que siempre le perteneció.

  39. Yeison Ramirez

    Lo que no se entierra

    La imparable lluvia, junto con la oscuridad, no le permitía ver con claridad el camino. El fango hacía que sus zapatos se hundieran a cada paso, mientras el peso del bulto en sus hombros y la pala en sus manos lo agotaban. Avanzó hasta que las piernas se negaron a seguir. Entonces cavó un hueco del tamaño exacto del bulto.
    Al enterrarlo, un frío aterrador lo recorrió. En el regreso, escuchó unas botas pisando y quebrando ramas secas. Aumentó el paso, tropezó y, al mirar al frente, vio una figura con los chalecos del hombre que había atropellado esa noche.

  40. Maite Vieco

    Mi mamá siempre dice: ojalá llueva más. Y hoy, que por fin llueve, se queja. No hay quien entienda a los mayores. Tampoco sé para qué quería tanta lluvia. Todo está lleno de fango, no puedo ponerme mis zapatos preferidos y me obligan a llevar estas botas feas como un pimiento. Encima, no tengo cole. Quiero seguir con el cuento del pato llorón. He visto a las maestras correr con chalecos amarillos. Parecían policías. No me gustan ni el agua, ni el barro, ni nada. Yo solo quiero que vuelvan mi cole, mi ropa y mi profesora.

  41. LAURA BARRAL MATEO

    La fiesta de Clara

    Clara esperaba con ansia la fiesta de fin de año. Se compró un vestido espectacular que resaltaba su insinuante silueta.
    Los continuos pronósticos de lluvia no la desanimaban, aunque todo estuviese cubierto de fango, ella deslumbraría. Si no podía lucir los preciosos zapatos elegidos entre cientos para la ocasión, se conformaría con llevar sus viejas y estilosas botas que tanto le alababan siempre. Incluso sería un guiño a su hasta ahora distintivo look basado en destartalados y llamativos chalecos…
    Se había convertido en una mujer y con el nuevo año se lo mostraría al mundo.

  42. Confusa

    EL TIEMPO
    Caía una lluvia de fango que ensuciaba los zapatos, las botas, los chalecos, las mentes y los corazones.

  43. ANTONIO MARQUÉS

    EL CONFLICTO
    La tierra está anegada por la lluvia, y el fango se adhiere a los zapatos y las botas, dificultando el avance. Llevan chalecos con pertrechos de muerte y supervivencia, un casco inútil y un arma cargada de culpa. Llevan varias horas esperando en este cráter inundado. Recuerda a los suyos y se toca el pecho, donde lleva una fotografía de su esposa e hijo. Mientras reflexiona por qué usan su vida para dirimir sus diferencias, observa al capitán, bien protegido, con el arma en la mano y apuntando a sus soldados, cuyos pensamientos son fluorescentes para el mando.

  44. Sheila Ordoñez

    No llovía

    Vamos al parque, porque, aunque han dado lluvia, no esta lloviendo. ¿Quién nos iba a decir que en pocas horas íbamos a estar cubiertos de fango, de lodo y de muerte hasta el cuello?
    Solo nos quedaban un par de zapatos a cada uno, y con cada paso que dábamos sabíamos que los perderíamos por el camino… lo que hubiésemos dado por tener unas botas de agua, como cuando éramos niños y jugábamos a saltar en los charcos.
    Ahora solo nos queda la esperanza de ver a alguien con chaleco reflectante: ellos nos darán todo lo que necesitemos.

  45. La lluvia se ha detenido mientras limpio las huellas que dejó el fango de mis zapatos. Tus botas y chalecos están desparramados junto a la cama.
    Eso es algo que nunca te entendí, ¿qué onda con esa obsesión con los chalecos? Ni que fueras sacado de una serie retro de esas blanco y negro con las que tanto jodías.
    Estuviste cerca. Muy, muy cerca, mientras revolvías las cajas y recuerdos que la abuela había dejado. Pero no prestaste atención, hay cosas que hay que dejar en paz. Las almas encerradas en cada página deben quedarse ahí.

  46. Armand D’Hubert

    VALENCIA

    La lluvia
    Cae con más fuerza
    Y con cada gota le nacen
    Otro hombre asustado
    Y un mar de fango
    A la tierra.

    Llueve
    Sobre los zapatos
    Que no llegarán a tiempo
    Y también sobre las botas
    Que andarán hasta encontraros.

    Es tal el aguacero
    Que trepa por los barrancos
    Que ellos fueron olvidando
    En la estantería
    De las cosas tristes
    Para vosotros.

    Incluso
    Está desbordando sueños
    Que ya nunca habitaremos.

    No queda
    Tiempo en los relojes
    Ni voluntarios
    En los chalecos
    Para secar tantas lágrimas.

    Solo esperar que la vida,
    Como siempre,
    Centrifugue
    Treinta veces
    Alrededor de Valencia.

  47. El frío invisible

    Cada día de colegio es otra jornada de invernal lluvia.
    Torrentes de lágrimas se desbordan del cauce de mis mejillas, arrastrando fango y vida. Tanta vida aún por vivir.
    En el espejo me veo insignificante, como unos zapatos viejos o un balón pinchado que ya nunca botas.
    Risas crueles se mezclan con las cobardes, y el miedo con la desesperanza.
    Al escuchar los pasos de mamá disimulo. Una cicatriz con pretensiones de sonrisa se dibuja en mi rostro.
    Ella me intenta proteger inútilmente del frío con bufandas, chalecos y abrazos; ajena al gélido invierno que han sembrado en mi alma.

  48. VICTOR VALDESUEIRO BERNABE

    Un torrente de vacío.

    Te fuiste aquel día de lluvia, como tantos otros, y desde entonces torrentes de lágrimas se desbordan por el caudal de mis mejillas arrastrando fango y dolor.
    Ibas a bajar tan rápido que ni siquiera te cambiaste los zapatos por las botas de agua. Lo siguiente fueron sirenas, gritos e insoportable silencio.
    Tus chalecos, como dos perros aguardando al amo, esperan colgados en el perchero convertidos en fantasmas de ausencia.
    A veces, sin razón aparente, se me escapa una lágrima como un grifo que no cierra bien. Y es que te fuiste en un instante, pero me dueles cada día.

  49. Maria Pilar De Frutos Escrig

    LA TEMPESTAD
    Qué bonita es la lluvia cuando cae despacio, limpiando todo lo que va pillando a su paso, atmósfera, calle en la vivimos e, incluso, nuestra propia vida.
    Más, cuán diferente se torna cuando aparecen los vientos tormentosos que convierten la cortina de agua en gran cascada. Entonces aparece ese fango pantanoso que mancha nuestros zapatos y mucho más.
    Tormentas vitales a las que recomiendo enfrentarse con buenas botas y vistiendo un chaleco impermeable, así podemos mojarnos sin miedo, evitando tener que esperar a que escampe para luchar contra ellas, si esperamos puede que sea ya demasiado tarde.

  50. Eva María Pascual Aceituno

    ATRAPADA

    Llevaba días clausurada en su pequeño habitáculo. Su nuevo pasatiempo, muy a su pesar, era derramar lágrimas hasta tal punto que se imaginaba bajo una sempiterna lluvia; un goteo constante que calaba en lo más profundo de su ser y que convertía todo el camino en fango, cuyo propósito era engullirla, devolverla a la tierra con el fin de encontrar la paz.

    Había quien le sugirió cambiar sus zapatos por unas botas que la ayudaran a pisar firme, pero ella solo necesitaba algunas sonrisas afables cual chalecos salvavidas para mantenerla a flote de aquella oscura marea, también llamada depresión.

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