ESCRIBE TU RELATO DEL MES DE ABRIL: INMA CHACÓN

¡Damos la bienvenida al mes de abril!

Celebramos nuestro XII ANIVERSARIO con Inma Chacón

Este mes tenemos el inmenso placer de contar con las Cinco Palabras de la escritora Inma Chacón, quien ha sido una parte fundamental de la ONG CINCO PALABRAS desde su nacimiento en 2013. Inma no solo nos obsequió con su prólogo en nuestros inicios, sino que también estuvo presente en nuestro I ANIVERSARIO en la Biblioteca Eugenio Trías, donde presentamos la obra «Reflexiones nocturnas». Desde entonces, ha colaborado con nosotros en numerosas ocasiones, y este año, en el XII ANIVERSARIO de CINCO PALABRAS, vuelve a unirse a nuestra causa.

Nuestra presidenta Mar Olayo, junto Elsa Schilling, Aurora Rapún y Rafael Blasco, tuvo el inmenso placer de visitar a Inma Chacón en su hogar en Valencia, donde pudo ser testigo del emocionante nacimiento de la obra «Los ojos de Bruna».

Durante la reciente presentación de «Los ojos de Bruna» en el Círculo de Bellas Artes, Inma nos regaló sus Cinco Palabras, que servirán de inspiración para escribir nuestros relatos solidarios. Su generosidad y compromiso con nuestra misión son un verdadero regalo para todos nosotros.

Además, nos complace anunciar que Inma Chacón formará parte del jurado del III CONCURSO DE MICRORRELATOS CINCO PALABRAS 2025. Agradecemos profundamente a Inma por su apoyo incondicional y por ser una luz en nuestro camino.

¡Gracias, Inma, por ser CINCO PALABRAS!

El próximo jueves 3 de abril nos vemos en Welcome DTV

Desde la ONG CINCO PALABRAS seguimos colaborando con Conchín Feijoo, damnificada de la DANA en Valencia.

Invitamos a todos a unirse a nosotros en este esfuerzo, porque cada pequeño gesto cuenta. A través del arte y la solidaridad, podemos marcar la diferencia en la vida de Conchín y tantas otras personas que están pasando por situaciones difíciles.

🖐🏾 Si quieres ayudar a Conchín puedes hacer una donación:

ONG CINCO PALABRAS
LA CAIXA
ES91 2100 5920 2702 0014 7460

🖐🏾 O puedes hacerte socio/a
https://cincopalabras.com/como-hacerse-socio/

🖐🏾 Escribe tu relato solidario a favor de Conchín

LAS PALABRAS DE INMA CHACÓN

Las palabras que Inma Chacón nos ha regalado son las siguientes:

  • HACIENDA
  • RISCO
  • CEGUERA
  • ARROYO
  • MUJER

NORMAS DE CINCO PALABRAS

Normas de CINCO PALABRAS para escribir un relato solidario:

1-. Extensión máxima 100 palabras.
2-. No se cambiará la posición de las palabras.
3-. No se modificará el género ni el número de las palabras proporcionadas.

*Por favor, revisad ortografía antes de publicarlo.
*Se eliminarán los relatos que no cumplan las normas

.¿Bailamos juntos con SALVOCONDUCTO?
¿Ya tienes tu entrada?

Venid al Concierto Benéfico para celebrar el XII Aniversario de Cinco Palabras 🖐🏾

cincopalabras.com

📍 Lugar: Sala Cadillac Solitario (C/ Fermín Caballero, 6 – Madrid)
🕖 Hora: Viernes 4 de Abril de 2025 21.30 h (Apertura de puertas 21.00 h)
🎟 Entradas: COMPRA DE ENTRADAS EN:
https://entradium.com/events/salvoconducto-versiones-pop-rock

Ven a disfrutar de una noche llena de música, alegría y solidaridad, mientras apoyamos la misión de CINCO PALABRAS 🖐🏾

¡Te esperamos!

Si no puedes asistir, nos puedes ayudar con tu FILA O

ONG CINCO PALABRAS
LA CAIXA
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Va por ti, Conchín Feijoo 😘
🖐🏾 https://m.youtube.com/watch?v=Upcp9DJVvl0&t=403s

LA CAUSA DEL MES DE ENERO: AYUDA EN CHIVA

PRÓLOGO DE AURORA RAPÚN


 Escribe el relato en esta WEB pinchando DEJA UN COMENTARIO (aparecerán publicados una vez sean aprobados por nuestro equipo de edición)  – Además, puedes colaborar para que siga creciendo el proyecto CINCO PALABRAS mediante un donativo realizando una transferencia bancaria a la cuenta corriente de la ONG Cinco Palabras

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NOTA: CINCO PALABRAS se reserva el derecho de la publicación de los relatos. Se eliminarán relatos ofensivos o insultantes hacia cualquier país, pueblo, animal o personal que puedan herir la sensibilidad del lector. Registro de la Propiedad Intelectual Nº 43388/2013 © CINCO PALABRAS. Una vez que el autor escribe su relato en ‘comentarios’, autoriza a CINCO PALABRAS a hacer comunicación pública de las obras que voluntariamente publica en nuestra página web: cincopalabras.com

Para cualquier sugerencia: contacto@cincopalabras.com


39 respuestas a «ESCRIBE TU RELATO DEL MES DE ABRIL: INMA CHACÓN»

  1. Con catorce años, Marcos abandonó la gran HACIENDA de sus padres, harto de sus castigos y desprecio, sin saber las dificultades que le esperaban. Primero fue aquel RISCO que superó con mucho esfuerzo: el sol de cara le producía una CEGUERA momentànea. Después se encontró con un ARROYO que le pareció imposible de salvar. Pero por una vez la fortuna estuvo de su parte al encontrarse con Mónica, la MUJER que lo acogió como uno màs de sus hijos. Siempre supo que la bondad de su nueva família superaba la riqueza material de su propia estirpe.

  2. DANA
    Tiempo ha, los habitantes de algunas comarcas recónditas no tenían piedad a la hora de deshacerse de los recaudadores de hacienda que enviaba el tirano de turno. Siempre había algún risco cercano por donde despeñar al servil funcionario.
    Algo cambió con la democracia y, aunque el fisco sigue resultando antipático a la mayor parte de la ciudadanía, en la actualidad el recaudador no ha de simular ceguera para evitar entrar en territorios hostiles. No obstante, aquellos que aún viven en el arroyo siguen echando mal de ojo a los vástagos de tan hacendosa mujer, y no les falta razón.

  3. Raúl G.R

    INSOLIDARIO
    Disfrutaba de las vistas de su hacienda desde lo alto del risco, con la mano sobre la frente a modo de visera para evitar la ceguera del sol, cuando reparó en el arroyo que atravesaba su propiedad antes de perderse en el terreno del vecino. Empujado por el egoísmo, y haciendo caso omiso a las advertencias de su mujer, ordenó levantar en la linde un muro que contuviera el agua. Y desde su posición elevada, vio impotente como se anegaban sus campos por completo.

  4. MATER
    Escuchaba música. Apenas se atrevía a salir de la HACIENDA. Solo paseaba por el pasillo. En aquel lugar se encontraba protegido, ajeno al ruido y a la contaminación. Recordaba que desde lo alto del RISCO podía divisarse la boina contaminante que cubría la urbe, pero su CEGUERA temporal le impedía verlo. Todo comenzó un mes atrás, con una estúpida caída en el ARROYO. El agua maloliente procedente de la ciudad infectó sus ojos. La MUJER le ayudó a entrar en su habitación. No pudo reconocer la voz de su propia madre. Siguió canturreando la canción mientras ella lloraba en silencio.
    Singrafista Abril 2025

  5. DIEGO ANGEL BALLESTEROS MARTINEZ

    La vieja HACIENDA, una vez próspera, ahora yacía en ruinas, vigilada por un imponente RISCO. La sequía había traído consigo una CEGUERA colectiva, una neblina que oscurecía la esperanza. El único sonido era el murmullo del ARROYP seco, un lamento por la vida perdida. Una MUJER, con ojos cansados pero llenos de determinación, buscaba agua, un símbolo de resistencia en medio de la desolación. La esperanza, aunque tenue, persistía en su mirada.

  6. Juan Francisco Mencía Murga

    Juanín IV

    Así de elegante, vestido de militar, tenía que verle su padre, acomplejado porque su abuelo había dilapidado la hacienda familiar jugando al póker en el casino del pueblo. Sólo les dejó el Risco, una finca pedregosa y yerma. Eso es lo que heredó como hijo y nieto único, malcriado como “un niño bien de casa mal”, y le incapacitó para limpiarse la ceguera del abolengo perdido. Nunca digirió que viniera a sacarle del arroyo una mujer. Gracias a las fincas que ella aportó al matrimonio pudo mantener su impostada hidalguía. Jamás quiso asumir que su hijo fuera maricón.

    Juan Francisco Mencía Murga

  7. Mª Angustias Canovaca López

    SEGUIR ADELANTE

    La llamaban, La Hacienda de Don Luis. Estaba situada cerca de un gran risco, por el que, a su espalda, cada día salía el sol. Al pasar por allí y mirar hacia arriba para verla, el sol provocaba una ceguera momentánea. El arroyo pasaba más abajo y había que cruzarlo para llegar hasta allí. Ni mi mujer ni yo, pensamos nunca que tendríamos que recorrer cada día un camino tan arduo, pero cuando no hay trabajo en otro lugar, hay que aceptar lo que sea. Hay que seguir adelante y continuar viviendo.

  8. Luces de neón
    La hacienda yace en un frondoso valle, rico en fresnos, picaflores, mamíferos pequeños… Pero un risco amenaza el equilibrio natural. El peor depredador del mundo ha llegado a los confines de la tierra prometiendo progreso: gigantes shopping malls, casinos e intrincadas carreteras que arrasan con el suelo fértil para acceder al entretenimiento. Poco a poco nos acostumbramos a la ceguera que causan las luces de neón y no vemos el arroyo seco, el aire envenenado y la destrucción. Hombre, mujer… ¿No ves que el mundo se ha convertido en un parque de diversión que corrompe tus sentidos?

  9. Diablos
    «No puedes andar a caballo ―me dijeron en la hacienda cuando investigaba el caso―. Puedes caerte de un risco. Ese polvo rojizo que satura el ambiente causa ceguera. Hace poco encontraron en un arroyo el cuerpo de una mujer, que aseguran se acostó con el diablo, trayéndonos la maldición». Supersticiones de pueblo concluí en mi reporte. La ceguera la causa el cadmio y otros metales pesados que el viento recoge de las canteras resecas de una mina cuando aflige la sequía. ¿Y el cadáver? Prefieren inventar diablos, incorpóreos e intocables, que condenar la brutalidad machista.

  10. Obituario
    Acumuló una gran fortuna, parte acervo, parte albur, evadiendo a la hacienda con vicios contables. No había risco a su altura ni codicia que lo colmara. En una ceguera emocional, no vio el sufrimiento alrededor, porque solo en la oscuridad del corazón se puede acopiar tanto dinero. En un arroyo de lágrimas, lo llora su cuarta mujer. Los buitres de sus hijos ya se disputan la herencia. Su obituario lee entre líneas: «Acumuló una gran fortuna… haciendo el mal. Fue enterrado hoy… sin un céntimo. Lo despiden sus hijos… que nunca lo amaron en vida».

  11. Describir la noche estrellada.

    Para escribir, ya había relacionado el color rojo al calor, y el verde, con el perfume del pasto de la HACIENDA. Su madre, con precisas descripciones, le recreó el RISCO, dónde algunas aves habían anidado.
    La CEGUERA no le impidió describir el ARROYO que, en sus cuentos, devolvía el sentido a los invidentes, pero había algo que, aunque le explicaran, no podía imaginarse: las estrellas en la noche.
    —Si mis ojos pudieran ver, por un segundo—confesó la mujer— elegirían ver este cielo.

  12. Bea

    Cada mañana, se despertaba en la oscuridad de su hacienda. Nunca encontraba la forma de escapar de allí. Se sentía en lo más alto de un risco en el que a cada segundo del día caía una y otra vez, reflejo de su propia desesperanza.
    Su ceguera emocional, la mantenía en una relación no de amor, sino de miedo.
    Al despertar de un sueño de insultos y maltratos, escuchó el agua de un arroyo como un nuevo aire que respirar y la llevó paso a paso al camino de la esperanza para volver a ser es mujer fuerte, una GUERRERA.

  13. Manuel González Casus

    EL MILAGRO DE GUADARRAMA
    Soledad nació en una pequeña hacienda a los pies del Risco de los Claveles, en la sierra de Guadarrama. Apenas salió alguna vez de allí. No lo necesitaba. A pesar de la ceguera con la que nació, se las apañaba para caminar sola cada día hasta el arroyo de la Jarosa. Allí se encontraba con una mujer que le lavaba los ojos cuidadosamente con las aguas del arroyo. Solo entonces era capaz de distinguir los colores del campo y la forma de las nubes. Ella guardó siempre el secreto. No quería que nadie ahuyentase a la Virgen de la Jarosa.

  14. Bea Barroso

    Cada mañana, se despertaba en la oscuridad de su hacienda. Nunca encontraba
    la forma de escapar de allí. Se sentía en lo más alto de un risco en el que a cada
    segundo del día caía una y otra vez, reflejo de su propia desesperanza.
    Su ceguera emocional, la mantenía en una relación no de amor, sino de miedo.
    Al despertar de un sueño de insultos y maltratos, escuchó el agua de un arroyo
    como un nuevo aire que respirar y la llevó paso a paso al camino de la esperanza
    para volver a ser esa mujer fuerte, una GUERRERA.

  15. Calila

    Siempre que hablo con Palmira acabamos rememorando las vacaciones del noventa y ocho. Fueron las mejores, antes de empezar a trabajar. Llegamos temprano en taxi a la hacienda de unos primos lejanos y fuimos directas al risco de las acacias. Yo leía el Ensayo sobre la ceguera de Saramago, mientras los otros se bañaban en el arroyo que horadaba las peñas blancas. Y ese es el instante que captó la cámara: un grupo despreocupado y una mujer con las narices metidas en un libro. Nadie se imagina que era yo la que estaba contando chistes a los bañistas.

  16. Rafael Blasco

    Veía su extensa hacienda desde lo más alto de aquel risco. Había vencido a todos los enemigos que encontró en el territorio, su ceguera era tal, que terminó aniquilando también a sus amigos. La corriente de un arroyo y el susurro del viento le confirmaron que no quedaba nadie, su mujer le había abandonado, entonces vio a su orgullo y prepotencia como el polvo del camino. El mordisco de la soledad en su alma le confirmó que no había valido la pena, pero ya era demasiado tarde.

  17. GPS
    El dispositivo llamado GPS al que confió le llevara con éxito hasta la hacienda de los alcornocales, lo acopló al vehículo aquel día, viéndose de improviso sobre un risco de la Serranía de Ronda, con una gran ceguera producida por el luminoso sol y un enorme vértigo al verse en el precipicio del arroyo, que ansioso le daba la bienvenida. En aquella ocasión no dijo nada a su mujer ni amigos, pero ya no confió al cien por cien en un insurrecto que casi lo mandó al vacío y para más inri, presentía se carcajeaba de los incautos.

  18. Carmen de Burgos

    “Positivo».

    Llega abril y Vicente sonríe, ¡es el momento de rendir cuentas con Hacienda! Con el dinero que le devuelvan va a poder comprarse aquella finca encima del risco más alto de su chismoso pueblo y, aunque la ceguera no le deje verlo, al menos podrá escuchar el manso ruido del arroyo donde pasó tantos entrañales momentos con su mujer huyendo de los dimes y diretes de sus correveidiles vecinos. Se va abril y recibe una carta con una espantosa palabra: POSITIVO. Ahora toca poner las esperanzas en que algún familiar adinerado del que aún no tiene conocimiento estire la pata.

  19. Galilea

    HIJOS DE LA DEMOCRACIA

    La hacienda se mostraba desde lo alto del risco como una acogedora y fiel madre que respeta, por igual, los derechos de todos sus hijos. Engañosa apariencia que después de tantos desengaños no podía obviar. A veces, envidiaba la ceguera de sus hermanos dejándose la vida en aquel arroyo contaminado de palabrería interesada y vacía. En un indecente manoseo se rompieron todos los contrapesos. Nunca lo supieron. Murieron en la ignorancia enarbolando banderas creadas para ellos, y que una mujer, que se hacía llamar democracia, cosía sin descanso. Ni la IA supo descifrar el fraude perpetrado desde su sagrado nombre.

  20. Alicia Manzanares Jiménez

    RETORNO.

    Estoy de regreso a la HACIENDA de donde me exiliaron años atrás.
    Vuelvo a los orígenes, a aquella plácida vida que aún galopa por mis venas.
    El RISCO del Infierno supuso para mí una liberación. De aquella horrible caída, que respetó la integridad de mis huesos, sólo conservo la CEGUERA.
    Un alto en el camino, alivio el calor con las refrescantes aguas del ARROYO.
    Identifico el perfume de la MUJER que me cuidó. Siento sus manos acariciando mi cabeza mientras su dulce voz me susurra:
    -Ya estás en casa; juntos de nuevo.
    Dijo alguien que los caballos no saben llorar? A.M.

  21. CEMENTERIO DE ELEFANTES

    El agua fluye junto a mi mirada, perdida en problemas mundanos: hacienda.
    Un risco en el camino. Podría sortearlo, como sortea el agua un obstáculo y sigue en meandros su camino. La ceguera de muchos no es la mía. El arroyo de la vida pasa por muchos riscos y valles, se convierte en ríos, en pantanos y siempre, siempre se diluye en el mar.
    Mi mujer no está, estoy cansado de luchar.
    Mis hijos se han independizado; ya no necesitaba la casa.
    Viajaré solo en la autocaravana buscando un sueño, ver una aurora; buscando mi mar, mi cementerio de elefantes.

  22. JOSE ANTONIO SOBRINO

    Arrojadas, las cenizas fueron arrastradas hacia el pantano de la Serena.
    Nació y creció cerca de allí, en una antigua hacienda situada en algún lugar entre Garlitos y Risco.
    Décadas deseando regresar, añorando aquella tierra, dura, lejana, olvidada, pero preciosa y hospitalaria.
    A pesar de su ceguera, insistía, si no puedo ver los campos, oleré las jaras, tomillos y romeros, tocaré la tierra, beberé en las aguas del arroyo de la mujer de Miguel Gómez, escucharé los pajarillos , respiraré su aire puro.
    No se deben posponer tanto las cosas importantes, pero ya siempre estaría y sería parte de su tierra.

  23. Laura

    TRES PESETAS

    Mi abuelo siempre decía que de cinco pesetas, guardaras tres. Ahorraba pensando en los suyos y sin defraudar a hacienda.
    Esta frase me acompaña hoy, sentada en un risco en mitad de mi ruta.
    Una ceguera invisible me ha impedido ver más allá de las enseñanzas de mi abuelo. No eran lecciones simples ni livianas, sino algo que había que mirar con el alma.
    Mientras sigo el curso del arroyo, la visión de una mujer mayor recogiendo cantos me conecta el pasado con el presente.
    Mi abuelo no hablaba solo de dinero, sino de paciencia, de amor y de tiempo.

  24. Regreso

    A pesar de hallarse todavía lejos, vislumbraba ya la hacienda. Qué pequeña parecía desde lo alto del risco y qué grande cuando se trabajaba en ella. Aún se estremecía al recordar que había evitado la ceguera por poco, el castigo que se imponía a los criados indiscretos. Cuando se topó con la señora desnuda en el arroyo, temió que lo denunciara, pero la mujer solo le indicó que huyera con su seductora mirada hasta que la perdió de vista. Esperaba ahora, que la viuda, libre ya de ataduras, lo recibiera con ese mismo brillo en los ojos color avellana.

  25. Silueta de luna por Jose María Escudero Ramos

    El anaranjado oscurecer de la tarde asomaba tras el escarpado peñasco.
    «No sitúes tu hacienda cerca del risco» me aconsejó mi madre al atardecer.
    No quise entender; la ceguera no es buena compañera cuando uno se cree dueño de la razón.
    En el arroyo del valle, una hermosa mujer se bañaba desnuda bajo la luna del lobo.
    Bajé volando como una pluma, desde lo más alto de la cumbre hasta la ribera.
    El valle dibuja otra perspectiva.
    La luz de la luna llena reflejada en el riachuelo pareciera se reía de mí.
    Y el eco, la voz, mi madre.

  26. «Sentidos» por Brighid de Fez

    Viajo al pasado en mi recuerdo de la hacienda que inundó mi niñez de paz.
    El risco donde me sentaba, y al que mi ceguera no impedía ver, gracias al tacto y las placenteras sensaciones que me hacía apreciar.
    Y qué decir del sonido, que como música para mis oídos el arroyo me regalaba.
    Y lo mejor de todo; como no recordar toda la sabiduría que aquella desconocida y misteriosa mujer me regalaba con sus palabras y habilidad para hacerme conectar con los sentidos que en mí seguían vivos y ávidos de sentir la vida en torno a mí.

  27. Jorge J. Codina

    Cura equivocada

    La madre abandonó la hacienda, con polvo en las sandalias y el dolor como un sol negro en el pecho. Subió al risco, donde el viento afilaba las piedras y el silencio. La ceguera de su pequeña era una herida abierta. Encontró a la curandera junto al arroyo helado mientras susurraba a las aguas. Sin mediar palabra, la madre restregó las mismas hojas amargas en los ojos de la vieja mujer. Esperó la noche, también en la mirada, la justicia oscura. La anciana solo suspiró al abrir los párpados. Dos lagunas blancas, ciegas para siempre, reflejaron el vacío.

  28. Atreyu

    I.A.

    Buenos días

    Buenos días. ¿En qué puedo ayudarte?

    Quiero que crees un cuento de cien palabras, en el que aparezcan los términos hacienda, risco, ceguera, arroyo y mujer, en ese orden, número y género. Y debe contener un plot twist final.

    “Si las opciones son defraudar a Hacienda o bailar sobre el risco de Constantinopla, la ceguera nos dibujará un arroyo sinuoso de mediocridad que santifique el atascado ombligo de una mujer que requiera tratamiento de usted.
    ¿Álvaro? Papá está en pleno ataque. Si. Repite el mismo bucle de palabras de ese certamen que perdió.”

    Te había dicho cien palabras.

  29. Victor Valdesueiro

    UNA HISTORIA DE AGUA DULCE (Valdesuei)
    De todos los rincones de la inmensa HACIENDA familiar, mi lugar favorito era aquel RISCO donde nos juramos amor eterno.
    Quizás fue motivado por la juventud, o por la CEGUERA propia de la pasión, pero cuando quisieron separarnos decidimos refugiarnos en el ARROYO donde nadie nos encontraría jamás.
    A pesar del tiempo transcurrido continúas siendo la más hermosa criatura.
    Ahora algunas arrugas decoran tu frente, delicadas canas brotan de la negra melena y tus piernas de MUJER se transformaron en una brillante cola de SIRENA.
    Yo cada mañana te repito mi promesa de amor eterno, croando alegremente desde la orilla.

  30. Victor Valdesueiro

    UNA HISTORIA DE AGUA DULCE (Valdesuei)

    De todos los rincones de la inmensa HACIENDA familiar, mi lugar favorito era aquel RISCO donde nos juramos amor eterno.
    Quizás fue motivado por la juventud, o por la CEGUERA propia de la pasión, pero cuando quisieron separarnos decidimos refugiarnos en el ARROYO donde nadie nos encontraría jamás.
    A pesar del tiempo transcurrido, continúas siendo la más hermosa criatura.
    Ahora algunas arrugas decoran tu frente, delicadas canas brotan de la negra melena y tus piernas de MUJER se transformaron en una brillante cola de SIRENA.
    Yo cada mañana te repito mi promesa de amor eterno, croando alegremente desde la orilla.

  31. DECISIÓN IRREVOCABLE
    El inspector de HACIENDA jubilado trepó con dificultad por la montaña, hasta alcanzar el RISCO donde solía subir con ella para contemplar la puesta de sol, antes de que aquella intempestiva CEGUERA le confinase a los mezquinos límites de su jardín. Respiró profundo el aire fresco del atardecer, aguzó el oído para captar el murmullo del ARROYO que serpenteaba algunos metros más abajo, y elevó los ojos vacíos al cielo, dedicándole a su MUJER una dulce sonrisa. “Se acabó la espera, mi amor, esta noche volveremos a estar juntos”.

  32. Jose Maria Diaz Gil

    ODIO LOS DÍAS DE LLUVIA

    Al morir su marido, mi madre quedó sola conmigo y una pequeña hacienda donde pastaban un puñado de ovejas.

    Cada mañana salíamos del pueblo atravesando un risco hasta llegar al terreno. Allí, apoyándome en una piedra, iba a ordenar el ganado.

    El tiempo fue pasando.

    Las cataratas iban creciendo en sus ojos aumentando su ceguera. Debido a su escasa visión, una mañana de tormenta, no vio la cantidad de agua que traía el arroyo. Este se desbordó arrastrando a mi madre mientras cruzaba el puente.

    En los periódicos. “Mujer desaparecida durante la riada de ayer”.

    Odio los días de lluvia.

  33. FIN AL DISPENDIO

    No hace ni siquiera tres horas que recibió la carta del Ministerio de HACIENDA, y ya ha emprendido el camino del RISCO de Cienfuegos, aquel al que sube a meditar cuando las cosas vienen mal dadas.

    Se maldice por su CEGUERA, por no haber sabido imponer su criterio y haberse dejado llevar por la corriente turbia y tormentosa del agitado ARROYO del despilfarro por el que le arrastra esa MUJER caprichosa.

    Hoy, al fin, dará un giro a su vida, y no seguirá endeudándose por sus extravagancias. Madre no hay más que una, pero mañana ingresará en la residencia.

  34. Paloma Sampedro

    Fidelidad
    Mire usted, si no me cree, pregúntele al zagal que pastorea la hacienda: fue él quien así me lo contó. Dijo que andaba por allá, al pie del risco, cuando vio acercarse al Efrén y a la perra que, además de compañía, le hacía las veces de lazarillo, pues ya le iba alcanzando la ceguera. No más que llegó al arroyo, cuando la mujer con cola de pez surgió del fondo, lo abrazó y, sin más, se lo llevó con ella. Allí, a la orilla, quedó la perra esperando que su amo vuelva.

  35. MARIA FELISA EGUIZABAL FERNANDEZ

    Lágrimas que caen del cielo

    …Pero llegan los altísimos con su varita mágica y petrifican el corazón de aquellos hacedores de su propia HACIENDA, perdida y hallada por y para otros…

    Entonces, su vanidad se desvanece, ya no piensan, ya no sienten: incluso, el RISCO más alto les parece liso y llano para revolverse contra la CEGUERA que han padecido.

    ¿Cómo pudo ser? No lo saben, no quieren saberlo, pensar es doloroso…, pero al fin, toman una decisión:

    Devuelven la miel al ARROYO por donde transitará la MUJER que los salve…

  36. OPERACIÓN ANCESTRO

    Tras investigar en el archivo parroquial y hablar con los paisanos, conseguí que aquel hombre mayor y achacoso aceptara verme en la tasca del pueblo. Entre dos vasos de vino, plantó una fotografía deteriorada que fue señalando con su dedo. La HACIENDA de tu bisabuelo, que nunca heredarás, está tapada por este gran RISCO, dijo acercándome la imagen y su cara, tratando de ocultar su creciente CEGUERA. En ese ARROYO lavaba la MUJER que luego fue tu bisabuela. Él la engatusó, la abandonó, pero mantuvo al hijo. Soy hermanastro de tu abuelo. Esta foto, tu herencia. No preguntes más. Vete.

  37. […] este relato participo en la convocatoria de abril del Concurso Microrrelato y Poesía 2025 de la ONG Cinco Palabras, con las palabras de Inma Chacón: HACIENDA, RISCO, CEGUERA, ARROYO, MUJER.Publicado el 2 de mayo […]

  38. brief758280ecba

    El accidente

    Los posibles compradores se alejan entre risas y arrumacos. Cierro la verja de la hacienda con un golpe seco y camino hacia el risco; el lugar que descubrimos juntos en nuestra adolescencia, donde juró que siempre me sería fiel. Con los años entendí que la ceguera dura exactamente lo mismo que el amor.

    El arroyo ruge abajo, impaciente, ocultando ya parte de su cuerpo.

    Doy la última calada mientras marco.
    —Sí, soy su mujer. Ha sido un accidente.

    Sonrío.

    O al menos… eso me juró él cuando vi el carmín en su cuello.

  39. El accidente

    Los posibles compradores se alejan entre risas y arrumacos. Cierro la verja de la hacienda con un golpe seco y camino hacia el risco; el lugar que descubrimos juntos en nuestra adolescencia, donde juró que siempre me sería fiel. Con los años entendí que la ceguera dura exactamente lo mismo que el amor.

    El arroyo ruge abajo, impaciente, ocultando ya parte de su cuerpo.

    Doy la última calada mientras marco.
    —Sí, soy su mujer. Ha sido un accidente.

    Sonrío.

    O al menos… eso me juró él cuando vi el carmín en su cuello.

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