ESCRIBE TU RELATO DE NOVIEMBRE (IV)

 

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Carlos Serrano-Clark, actor

Esta semana envía sus palabras el actor Carlos Serrano-Clark  y son las siguientes:

Mordisco
Vestido
Rama
Dentadura
Cerradura

 

Carlos Serrano-Clark es Pablo en ‘Acacias 38’, una serie de televisión española de los creadores de ‘El secreto de Puente Viejo’, ambientada en 1899 en Madrid, producida por Televisión Española en colaboración con Boomerang TV para su emisión en La 1.

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Jesús Arias Ruiz, un actor pasional y escritor solidario, nos apoya con su talento y pidiendo las Cinco Palabras a sus compañeros de escena, cómo en esta ocasión Carlos Serrano-Clark, el actor de ‘Acacias 38’.

Así se describe: “Mi verdadera vocación ha sido la de actor y entregarme en cuerpo y alma o la que más he amado y amo: EL TEATRO. Hablar de uno mismo siempre es difícil, o por lo menos para mí me lo parece. Doy gracias a Mar Olayo y a CINCO PALABRAS, por darme la oportunidad de poder acercarme a mí mismo, sin tapujos, ni vergüenzas extrañas”.

“SI AMAS LO QUE SUEÑAS, SE CONVIERTE EN REALIDAD”

“Nací en Madrid en 1964; todos mis recuerdos están relacionados con el teatro. Mi formación como actor ha sido a lo largo de mi vida. Ya desde muy joven, participando en varios grupos de Madrid; pero sobre todo en el grupo de teatro de Carabanchel (Madrid) ‘JACARANDA’ dirigido por Maria Fernández París, donde participe durante años en varios proyectos. Aunque el mejor proyecto fue encontrar a la madre de mi hijo, desde aquí le agradezco su paciencia y amor a lo que más amo”.

Actualmente Jesús Arias Ruiz está trabajando en un proyecto dirigido por Esteban García Valdivia y producido por Expresando: ‘Siete Minutos para amarte’, “donde hago el papel de Miguel Ángel, Padre  de Alicia, su única hija, y dispuesto a hacer lo imposible con tal de que ella sea feliz. Estrenaremos en abril del 2017. Pero en lo sí quiero hacer hincapié es el siempre deseado anhelo y a la vez inesperado éxito de ‘Los monólogos de Ana Frank’. Obra de 65 minutos de duración, donde 11 adolescentes dan vida a una moderna damisela de nombre conocida internacionalmente, como Ana Frank. No resolvemos ninguna incógnita, todo lo contrario dejamos en el corazón del espectador una semilla de esperanza, para que no se vuelvan a repetir algunos de los peores hechos del ser humano. El teatro es algo más que interpretar y salir a escena. El teatro es vida, sueños, alegría, pasión, disciplina, responsabilidad, trabajo, tesón y lo más importante es una oportunidad de crecer como ser humano”.

 

La causa de este mes va destinada a Haití

Los escritores solidarios de CINCO PALABRAS siguen las siguientes reglas:

No se cambiará género ni número de las palabras propuestas. No se modificará la posición de las mismas.

El relato tendrá una extensión de máximo 100 palabras.(*)

(*) Escribe el relato en esta PÁGINA pinchando DEJA UN COMENTARIO (aparecerán publicados una vez sean aprobados por nuestro equipo de edición) – Al final del mes se recopilarán todos los relatos en un volumen editado en PDF, que se podrá adquirir por un donativo de 5€, destinado a cada causa del mes. Colabora con nosotros y nuestras causas.

NOTA: CINCO PALABRAS se reserva el derecho de la publicación de los relatos. Se eliminarán relatos ofensivos o insultantes hacia cualquier país, pueblo, animal o personal que puedan herir la sensibilidad del lector.

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31 pensamientos en “ESCRIBE TU RELATO DE NOVIEMBRE (IV)”

  1. Maldita humanidad

    La pequeña Ashna dio un mordisco a su trozo de pan, estaba duro como piedra, no obstante, se felicitaba por poder llevárselo a la boca, era el último pedazo que le quedaba. Llevaba escondida y oculta en aquella buhardilla mucho tiempo. Su vestido, sucio y raído, estaba pegado a sus huesos como una segunda piel. Tenía mucho frío. Miró la rama, asomaba por un hueco del ventanuco que daba al patio trasero. Esbozó una tímida sonrisa con su deteriorada dentadura. Echaba tanto de menos su jardín… Oyó girar la cerradura y la puerta se abrió dando paso a sus verdugos.

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  2. La noche se cernía amenazadora…, aullidos de lobos mezclados con la niebla turbaban a los aldeanos como cada año en aquella fecha. Para Carlos…, ¡patrañas de ignorantes!, ¡burros en dos patas!
    Le dio un MORDISCO al pan con indiferencia, mientras se jactaba de su porte elegante frente al espejo, VESTIDO para resaltar su silueta, atento a sí mismo hasta la complacencia, hasta la vanidad.
    No oyó la RAMA partirse, no vio la DENTADURA de colmillos afilados como cuchillos, hundirse en su garganta para hacerlo suyo. Alguien miró por la CERRADURA, entonces el pueblo supo que ahora era uno de ellos.

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  3. El vampiro, le mordió tan fuerte que le dejó la marca de sus colmillos en el cuello. La chica, dio un grito e intentó soltarse de sus brazos, pero él la sujeto por el vestido. La joven no se asustó, agarró una rama de las que el jardinero había amontonado al lado del cubo de la basura y le dio un fuerte golpe en la boca haciendo que la dentadura postiza del asaltante saliera volando por los aires. Cuando el ladrón se agacho a buscarla, ella aprovechó para meter la llave en la cerradura y adentrarse en su casa.

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  4. Entró por la ventana con intención de pegarme un mordisco, pero calculó mal la velocidad y la dirección, equivocó la pista de aterrizaje y fue a enredarse entre los pliegues de mi vestido.
    Bajo los efectos del susto, acerté a echarle un jersey por encima y aguantando como pude la repulsión que me producía sostenerlo entre las manos, pude lanzarlo hasta la rama más cercana del viejo roble.
    Imaginaba su dentadura ahoyándome las carnes y un escalofrío me recorrió la espina dorsal.
    Con los nervios crispados aseguré la cerradura de puertas y ventanas. El maldito murciélago no volvería a entrar.

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  5. Me perdí en el bosque de abedules junto al río cuyas aguas cristalinas enturbiaban en mi mirada. Huía de las fauces del hombre lobo cuyo MORDISCO inicuo en mí el amor. El miedo me atrapó, no creía en la magia de Eros.
    Desesperada corría, escapaba, de su presencia y en la carrera mi VESTIDO de gasa blanca se rasgó por la RAMA de un pino que se diferenciaba. Reinaba el silencio y una espesa niebla cegaban mi correr. Sorpresivamente mi licántropo se interpuso entre mí y el horizonte, mostrando la blancura de su DENTADURA, abriendo la CERRADURA de mi corazón.

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  6. Acertijo 19

    Bozal no puede llevar
    ni puede dar un mordisco,
    y lo afirmo sin dudar
    como me llamo Francisco.

    Nunca se quita el vestido
    ni en invierno ni en verano
    y, aún así, jamás he oído
    que le tilden de marrano.

    Hoy ando de rama en rama
    por no querer desvelar
    cómo el bípedo se llama.
    Dentadura o similar
    no tiene, ni duerme en cama.

    Es diligente y preciso
    cuando su casa procura.
    Esta grácil criatura
    nunca en su vivienda quiso
    ni puerta ni cerradura.

    Por componer este lío
    juré casi en arameo.
    Sin rugido ni gorjeo
    me voy sin decir ni pío.

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  7. Se adentró en el bosque, del bolsillo saco una manzana que había robado en el mercado y le dió un mordisco. Llevaba muchas horas sin comer y su estómago le agradeció el frugal alimento. Aligeró el paso, no quería que le llegara la noche con los mil y un peligros que ésta encierra, y además su raído vestido no la libraría del frío intenso que estaba empezando a sentir. Llevaba un rato caminando cuando escuchó algo que la puso en alerta, escondida detrás de la rama de un viejo árbol, permaneció expectante…….. Allí estaba la “BESTIA”, aterrorizada vió como su mortal dentadura brillaba a la luz de la luna. Tenía que pensar, sólo su inteligencia podría salvarla de tamaña aventura, ella no poseía una casa con una buena cerradura, donde se pudiera sentir a salvo de cualquier peligro.

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  8. Matías XII

    Sentía un dolor sordo y agudísimo, como si le hubieran arrancado un trozo del cuerpo de un brutal mordisco. Se veía como una marioneta que, perdiendo su vestido en mitad de la representación, publica su mentira. Estaba preso en su debilidad. Le costaba subir y se apoyó en la rama de un tejo joven que se agarraba entre los riscos.
    Estaba agotado, pero tenía que llegar a la cima y lo haría aunque tuviera que aferrarse a la tierra con la dentadura. Estaba seguro de que Festus abriría la cerradura de la puerta tras la que se guardaba su renacer.

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  9. PASIÓN INFERNAL
    Noche cerrada, el paraje estaba solitario, ella permanecía inconsciente, con aquel mordisco pude arrancarle el último botón del vestido y quitárselo, se le había enganchado a una rama que entraba por la ventanilla del coche, y le oprimía el cuello ahogándola. Esta vez nos habíamos pasado con el alcohol y nuestros juegos al volante, yo tenía un fuerte dolor en la dentadura, me parece que me la había partido.

    Debía darme prisa para desbloquear la cerradura del coche, así poder incorporarme y salir rápidamente los dos de aquel infierno, antes que las llamas alcanzasen el depósito de la gasolina.

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  10. Podía y no podía

    Podía oír al silencio caminar
    hacia mi dolor más profundo,
    hacia ese mordisco cuyas huellas
    horadaban mi mundo
    vestido, con harapos de ausencia.

    Podía ver dormirse el agua bajando
    por el cauce vagabundo
    donde tu presencia
    había dejado, un aroma envolvente
    en la rota rama de un alerce.

    Lo que no podía era moverme
    seguía anclada a tu mirada,
    atada a heridas recientes,
    y a las viejas ya infectadas.

    Lo que no podía era curarme
    de la mordedura doliente
    de tu blanca dentadura
    y tus afilados dientes.

    Con una vieja y oxidada
    cerradura,
    encerré mi locura.
    Podía y no podía.

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  11. SUEÑOS DE LIBERTAD

    Maduró la idea hasta el último MORDISCO de la cena. Sabía que funcionaría. Se acostó VESTIDO y esperó hasta que se apagaron las luces y reinó el silencio.

    Echó un vistazo a la RAMA del árbol que llegaba hasta su ventana. Ajustó su DENTADURA y sus deportivas. Guardó sus últimas monedas en el bolsillo y subió hasta la silla, con gran esfuerzo, para llegar hasta la ventana.

    Si alcanzaba el suelo deslizándose por el tronco, no habría CERRADURA que le impidiese dejar atrás la Residencia y recuperar su libertad.

    Amaneció, pero seguía sin recordar qué hacía subido a aquella silla…

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  12. Subida a lo alto del precipicio creí verde lejos una verde manzana con un mordisco que me recordaba a la de los clásicos Adán y Eva. Y visto así, tampoco es que hayan pasado tanto. Si nos fijamos en el no vestido de ella, podría pasar por un diseño rompedor de esta época.
    Lo que son las cosas!!!! Parece que mil millones de años no son nada, y en cambio un segundo te puede cambiar la vida.

    Pues como os decía,( desde el precipicio donde estaba), del manzano cogí una rama y la lancé tan lejos como pude, con tanto ímpetu, que le dí a la dentadura de una dama que casualmente paseaba por allí distraída en sus pensamientos y sus circunstancias, y fue a parar a una humilde choza.
    Salí corriendo y dada mi innata curiosidad, miré por la cerradura y lo que ví me dejó pasmada…..

    Pero eso ya forma parte de otro relato.No querréis que ahora os cuente todo, levante el misterio, y no tenga oportunidad de volver a veros.

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  13. Tenguzame
    Un inesperado golpe zarandeó su barcaza haciéndole caer de bruces. Recuperado el equilibrio, comprobó que un terrorífico mordisco había abierto un boquete en la proa. Se encontraba tomando el sol y vestido de esta guisa intentó tapar el agujero. Entre los restos de la techumbre encontró una rama de cedro con la que apuntaló el petacho. La noticia fue impactante, “pescador atacado por un monstruo prehistórico” El marinero, embutido en una camisa de fuerza, y temeroso de que hubiera otra dentadura de tiburón duende acechándole, escrutaba a través de la cerradura de su aposento.

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  14. Como cada tarde subí a un árbol, cogí una manzana, y le di un mordisco. Aunque me rompí el vestido con una rama, me supo a gloria: era fruta robada.
    No sé por qué aquel jardín de Dª Ernestina me gustaba tanto; era amiga de mis padres y podría tener todas las manzanas que quisiera, pero me producía miedo su presencia: con esa dentadura postiza tan sobresaliente y esos ojos saltones.
    Me colaba por una puertecilla que daba al huerto, ese era mi secreto, hasta que un día me encontré una cerradura que interrumpió mis ocultas aficiones. ¿ ladrones en la zona…?

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  15. Corría detrás del perro para quitarle la zapatilla que llevaba en la boca. Era divertido. El cachorro, con su pequeño mordisco, me daba muestras de ese cariño que tanto necesitaba. No me importaba que me ensuciara mi vestido de rayas la rama con la que le perseguía, para que clavara su dentadura en ella y recuperar así mi calzado.
    Sonó la alarma, el juego se acabó y la cerradura de mi celda quedo sellada.
    Sé que mañana volverá, libremente, por aquel agujero del patio

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  16. Hasta que aprendimos a no darle ningún mordisco con nuestras sillas de ruedas a cada vestido de noche que se ponía pasó algún tiempo. Siempre recordamos nuestra primera tarde que salimos que aquella rama del camino le dio un bocado que parecía estar hecho con una gran dentadura. Afortunadamente nos encontrábamos en preciados, entramos en la primera tienda que vimos, preguntamos si podríamos entrar a un probador para cambiarla el vestido. El primer probador accesible no tenía cerradura, mi novia se negó a entrar, porque no sólo podrían entran en cualquier momento y vernos, además la puerta no cerraba bien.

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  17. Dale un mordisco a la vida,vamos a comernos los días como si fueran los últimos.
    Ponte ese vestido que te hace bailar y baila, que brille la luz de esa rama de locos que te precedieron.
    Que no exista dentadura que se canse de reír a carcajadas.
    Vamos hacernos un favor guardando bajo cerradura esos días grises que apagan sonrisas.
    Vive.

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  18. Te esperaba nerviosa jugando con una copa de vino. Llegaste, impetuoso y sin darme tiempo te avalanzaste sobre mi boca. Me desarmó tu primer mordisco y tus manos recorriendo mi cuerpo bajo mi fino vestido negro. La tormenta de verano que se acercaba rápidamente, zarandeaba una rama tras la ventana, cubriéndonos de sombras. El olor a tierra mojada me penetraba, mientras yo, con los ojos cerrados y los labios entreabiertos, dejaba que tu lengua se paseara por toda mi dentadura. Y así, como si abrieras la cerradura que me protegía, fuiste desnudándome el cuerpo y el alma.

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  19. ¡Oh la lá! ¡Estabas tan espectacular! No me pude resistir y de un solo mordisco te arranqué ese vestido tan corto que hacía que tus piernas pareciesen de cabaret. Cada vez que las veía me daba cuenta de que me equivoqué de rama en la Universidad. En vez de letras tenía que haber cogido ciencias para saber el nombre de cada parte que tocaba. Con la dentadura rayando el parqué, metí la llave en la cerradura, abrí la puerta del dormitorio e hicimos el amor hasta quedar exhaustos. Lo volvería a hacer mil veces “mon amour”. ¡Qué bien me supiste!

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  20. Sin pensarlo dos veces le di un mordisco a la vida, que se iba, dejando atrás los miedos, lo oscuro, lo muerto. Con el vestido hecho girones, enganchado en una rama que no quería dejarme escapar, un obstáculo mas de otros tantos, pero siempre terminaba partiéndose y yo por fin podía seguir adelante, gracias a mi dentadura fuerte, con una buena base de sentimientos, nadie me haría volver atrás, abriendo cerraduras tras cerradura, y detrás de cada puerta una nueva bocanada de aire, una nueva esperanza.

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  21. De un mordisco quise llevarme vestido, las ganas y necesidad pasan malas jugadas, quién iba a pensar que aquella rama no era más que un señuelo para que dejara la dentadura encastrada en la madera, ¡pardiez!, ahora sin dientes y tapando lo que ya no tengo, corro con brío entre las gentes, rogando llegar a casa, introducir la llave en la cerradura y ponerme la otra dentadura, ¡a Dios gracias que tengo varias!, el vicio me pierde.

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  22. Ella, desnuda, jugueteaba contemplando su silueta hasta que él interfirió encendiendo luces que dieron un MORDISCO en la bella sombra. Ella apenas se quejó con un susurro y él, en medio de una tormenta de reproches, la exigió que se pusiera un VESTIDO.
    Ella le hizo caso, aunque viéndole como a un simio subido en una RAMA y, apretando la DENTADURA, sacrificó la libertad de su cuerpo bajo esa CERRADURA que él exigía, pero sabiendo, anhelando, lanzarse a la aventura que la condujera definitivamente a otra orilla, en que las parejas no coartaran la libertad de cuerpos como el suyo.

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  23. Relato de Sergio García:

    MISIÓN EQUIVOCADA
    Cuando llegué a la hacienda apenas me podía mover. Aquel mordisco en la pierna me obligaba a cojear ostensiblemente. El viento jugó con el vestido enganchándolo en una rama del matorral que rodeaba el estanque, donde en el fondo reposaba la dentadura postiza de mí amigo. El perro y los guardianes de la finca fueron duros en su misión. Del fuerte golpe algunos dientes saltaron de mi boca, al intentar encontrar en la oscuridad la ganzúa que rompería la cerradura de la cabaña que no era mía.

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