ESCRIBE TU RELATO DE OCTUBRE (IV)

 

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Cuarta Semana: Esta semana envía sus palabras Gonzalo Moreno, pintor militar, con el que Mar Olayo coincidió en la charla coloquio del Primer Foro de Escritores y Profesionales Afines, sus palabras son:

SOMBRERO
PANTALLA
SOBACO
CINTURÓN
AVIÓN

Moreno es un artista especializado en armamento militar y naval que toca todos los aspectos de la historia militar. Tiene un blog ARTE MILITAR Y NAVAL  que es donde da a conocer sus obras en conjunto con las de Alejandro Vallespín, su amigo y colega en el mundo del arte.


“Soy Gonzalo Moreno, vivo en Madrid  y pretendo contribuir con mis trabajos artísticos a la divulgación de nuestra historia –la de España y Ultramar- en su faceta castrense. Creo que, como efectivamente una imagen vale más que mil palabras, merece la pena trabajar el enorme potencial de comunicación y síntesis que ofrecen las artes plásticas en la orientación que he citado”.

Fundación Pequeño Deseo, nuestra causa del mes de octubre

Los escritores solidarios de CINCO PALABRAS siguen las siguientes reglas:

No se cambiará género ni número de las palabras propuestas. No se modificará la posición de las mismas.

El relato tendrá una extensión de máximo 100 palabras.(*)

(*) Escribe el relato en esta PÁGINA pinchando DEJA UN COMENTARIO (aparecerán publicados una vez sean aprobados por nuestro equipo de edición) – Al final del mes se recopilarán todos los relatos en un volumen editado en PDF, que se podrá adquirir por un donativo de 5€, destinado a cada causa del mes. Colabora con nosotros y nuestras causas.

NOTA: CINCO PALABRAS se reserva el derecho de la publicación de los relatos. Se eliminarán relatos ofensivos o insultantes hacia cualquier país, pueblo, animal o personal que puedan herir la sensibilidad del lector.

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35 pensamientos en “ESCRIBE TU RELATO DE OCTUBRE (IV)”

  1. Ya en la cola, se quitó el sombrero, tras mirar la pantalla, y lo aguantó con el brazo debajo del sobaco, para poder sujetar las dos maletas y la bolsa de plástico que llevaba. La azafata le dio la bienvenida, guardó el equipaje, se sentó y abrochó el cinturón.
    No había vuelta atrás, el avión despegó. Una vida metida en tres bultos.

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  2. Aquel hombre, aquel hombre del sombrero, ese chico que era diferente, que estaba sentado al lado de ella. Aparentaba unos veinte años, era extraño, su asiento tocaba al lado de la ventana del avión. Solo me fijaba en él, estaban echando en la pantalla del asiento como abrocharse el cinturón pero no hacía caso, no podía dejar de mirarle.
    Tenía unos ojos verdes preciosos y llevaba el pelo ni muy corto ni muy largo, nunca antes había visto ese peinado. Durante el viaje ninguno de los dos durmió, él estaba escribiendo en un cuaderno aparentemente antiguo y yo, yo simplemente estaba mirándole de reojo. De su sobaco salía un olor a Axe que le encantaba.
    Lo único que hizo que apartase la mirada de él fueron las turbulencias. El chico ni se inmutó. Ella no gritó como los demás, pero estaba asustada, él no. De repente, dejó de escribir guardó su antigua libreta y su lápiz en una mochila negra. La turbulencias cada vez iban a más peligrosas y la gente a más asustada, yo estaba en un momento de pánico hasta que el hombre con sombrero se volvió hacia mi hechizándome con esos verdes ojos y me saludó, se presentó como Andrés. Me descolocó totalmente que me estuviese hablando, así que se me olvidó presentarme hasta que él me lo preguntó. Volví a la realidad y le dije mi nombre, Laura. Me dijo lo bonito que era mi nombre y me dijo que no me asustase por las turbulencias, yo le di las gracias y le pregunté sobre que escribía antes. Lo único que me contestó fue que lo sabría cuando él pensase que era el momento, tras esto le dijo que se calmase, que la vida era demasiado importante como para acabarse en un avión y que si había hecho todo lo que ella quería no le tendría que importar tanto.
    Ahí, en ese mismo momento fue cuando ella lo vio, vio su vida pasar en un segundo y observó cómo no había hecho lo que realmente deseaba. Que había estudiado medicina cuando lo que quería era empresariales, que nunca había hecho una locura, que siempre había intentado tener todo bajo control…
    Y ahora aquí estoy, en un apartamento de Chicago, probando si su empresa salía bien o no, mirando por una ventana los edificios más bonitos que había visto nunca, leyendo un antiguo libro de él, del chico que estaba a su lado dándole un abrazo.
    Ariadna Pérez, la chica navarra del avión. Lo bueno se hace esperar.

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    1. Muchas gracias por participar en este juego de Cinco Palabras, pero la próxima vez deberás escribir un relato de sólo cien palabras, como marcan las normas, un saludo y a tú disposición para cualquier duda o sugerencia.

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  3. Bueno bueno…. parece que se está poniendo de moda nuevamente el sombrero, símbolo de elegancia y distinción. Personalmente me encanta. Sobre todo los que son de ala ancha y enormes pues es como si me ocultara tras una pantalla y no dejara que nadie pudiera observar mi rostro ni mis emociones.
    Es como si escondiera el ala tras el sobaco. Así me siento más cómoda y segura .
    Pónganse el cinturón de seguridad decía la azafata en su locución que el avión va a despegar . Perfecto pensé. Que despegue pronto. Y vuele alto . Y vuele lejos….
    Mientras seguiré agazapada y que nadie me vea.

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  4. De película

    ― ¡Raúl, no te vayas! ―el grito de Elena no hizo que Raúl desandara el camino hacia la puerta ni que agarrara su SOMBRERO gris de ala ancha, mientras ojeaba de soslayo la PANTALLA en blanco y negro del televisor del salón, en esos momentos emitían “Casablanca” y pudo comprobar como el gran Humphrey Bogart no le llegaba ni a la altura del SOBACO a la exquisita y bella Ingrid Bergman. Un carraspeo mientras se ajustaba el CINTURÓN fue el único sonido que salió de su boca a modo de despedida antes de salir precipitadamente no queriendo perder su AVIÓN.

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  5. Tu sombrero puede guardar conejos, caramelos, sueños… Puedes hacer ¡Chas! y extraer para el público lo mágico. O estar detrás de una pantalla, alzarla y ser la amada sorpresa… ¡Tachán! ¡Cambia de chip! Bajo un sobaco puedes guardar una hermosa fragancia y domar a tus leones con un cinturón de tergal. Es cuestión de… ¡magia, ganas y una pizca de paciencia!
    Pilotar el avión de tus sueños lejos, muy lejos y dudar, a veces, cómo no, pero… ¡no enciendas el piloto automático aún!… ¡Quieto! ¡Tú, piloto mago!… ¡Puedes más! Con dos manos, dos ojos, unos labios… Y…

    ¡ganas de amar!

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  6. El suceso era impactante, así que tuve la prevención de poner en la maleta el sombrero de la indiferencia y el escudo de la insensibilidad como pantalla de choque.
    Con la cámara de fotos al hombro y el plano-guía bajo el sobaco, inicié mi primer trabajo de reportera.
    Conseguí atravesar el cinturón policial y avancé decidida.
    Documenté los estragos del ataque.
    En el campamento de refugiados sólo quedaba la desolación, el dolor, el silencio de la muerte.
    En el avión de regreso, visionando las imágenes, sentí que el escudo no funcionó y que jamás podría quedar indiferente ante tanto horror.

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  7. Nada es lo que parece
    Descolgó el sombrero de paja, y lo embaló con mimo y cuidado. Hizo una captura de pantalla, la imprimió, y la metió en la copa.
    Con el paquete bajo el brazo pinchándole en el sobaco, llegó a la ventanilla de facturación. En el último momento, rodeó la caja con el cinturón de cuero, abrochó la hebilla que llevaba su nombre y se lo dio a la azafata. Ésta subió al avión con sonrisa triunfante. Su compañera había tragado el anzuelo. Entregaría el encargo a Juan, y éste desolado, se arrojaría a sus brazos.
    ¡Sumó un nuevo trofeo a su colección!

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  8. Por fin había llegado el día, me despedí de mis hijos con un beso muy emocionada subí taxi que me llevaría al aeropuerto.Me puse algo nerviosa por la tardanza de mi amiga y compañera del viaje, al verla uff con su sombrero tan lindo casi no vi la pantalla anunciando nuestro vuelo, con los nervios mi blusa manchada en la parte del sobaco,uf sentadas en el avión nos abrochamos el cinturón y al momento el avión despego rumbo a nuestras primeras vacaciones de jubiladas ilusionadas como quínceañeras, pensando ya en las próximas,jaja.

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  9. Por fín había llegado el día, me despedí de mis hijos con un beso y muy emocionada,subí al taxi que me llevaría al aeropuerto.La tardanza de mi amiga me puso nerviosa,,¡caray al verla con su sombrero tan lindo casi no vi la pantalla anunciando nuestro vuelo,entonces vi mi blusa manchada en la parte del sobaco uff nervios,sentadas felices nos abrochamos el cinturón y el avión despego rumbo a nuestras primeras vacaciones de jubiladas ilusionadas como quíceañeras, pensando ya en las venideras,jaja

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  10. ADIOS DOLOR

    Entre la bruma, pisando escarcha
    escondo mi dolor,
    refugio mis lágrimas bajo
    el sombrero de lana
    con una sonrisa por pantalla.
    La angustia bajo los brazos
    estrujada en el sobaco,
    las tripas ya devoradas.
    Pero, al punto la locura
    del cinturón colgada
    me regala una luz clara.
    La sigo, la persigo
    trato de pillarla al vuelo,
    esa luz y mi silencio.
    En esta persecución
    el dolor se va marchando
    lentamente, poco a poco
    entre instantes de zozobra
    y vientos huracanados.
    Volando se va el dolor
    en avión de papel,
    sin rumbo ni ruta alguna
    quien sabe si va a volver.

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  11. EL SOMBRERO

    Cuando lo compré supe que aquel SOMBRERO mejicano me iba a traer problemas, pero mi padre quería un recuerdo.
    Apareció la hora en la PANTALLA, me lo puse debajo del SOBACO y me dirigí hacia el embarque. Entonces me di cuenta, que al pasar el filtro de seguridad, no me había vuelto a poner el CINTURÓN de la falda y que la iba a perder, me faltaban manos.
    En la puerta de embarque me dicen que me sobra equipaje de mano, que así no puedo subir al AVIÓN.
    En ese instante alcé mis brazos para protestar, el sombrero salió rodando, mi falda se fue al suelo y yo quede en tanga, con los brazos en alto en medio de la terminal, me quería morir.

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  12. Me encantaba cuando se ponía ese sombrero de ala ancha y miraba la pantalla del ordenador haciendo morritos: _¿Qué miras? me sonreía divertida. Yo me limitaba a observarla, a gozar del momento.
    Pronto el encantamiento fue interrumpido por Gonzalo y su irrupción en la plaza, su caminar desgarbado y esa manera de vestir de “tonto del pueblo”; Debajo del sobaco, el cinturón, que sujeta un pantalón tres tallas más grande. Tomás! me grita. Ya viene!. _¿Quien viene Gonzalo? MI ángel de la Guarda. Viene en avión! Y señala un puntito que se desplaza a toda velocidad por nuestro cielo otoñal.

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  13. SOMBRERO PANTALLA SOBACO CINTURÓN AVIÓN
    Llevaba ese sombrero que parecía la pantalla de una lámpara. Su delgadez hacía que cuando estaba parada casi te dieran ganas de encenderla. Ahora iba andando lentamente por la acera con una barra de pan bajo el sobaco con todas sus pertenencias atadas con un cinturón. De repente se paró y miró al cielo, a un avión que pasaba en ese momento. Los ojos se le iluminaron con tal fuerza, que toda ella se transformó por un minuto antes de volver a ser esa lámpara andante.

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  14. VUELO DIRECTO

    Me calé el sombrero hasta taparme los ojos y me dispuse a esperar la hora de mi vuelo.

    Tan pronto como apareció en la pantalla de vigilancia de la Sala de embarque, supe que era ella… con el cinturón ajustado y sus caderas cimbreantes, que no podía dejar de mirar disimulando por debajo del sobaco.

    Subimos al avión y la suerte quiso que mi asiento estuviera a su lado. Mi corazón aleteó de emoción junto con las mariposas de mi estómago.

    Bastó un pequeño roce de nuestras manos para mirarnos a los ojos y despegar completamente enamorados…

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  15. Creo que me quedaría bien usar sombrero. Me daría un toque elegante, singular incluso. No hay manera. Por más que miro la pantalla no soy capaz de ponerme a trabajar. Mi mente se evade como si fuera un reo huyendo. Este picor en el sobaco tampoco ayuda. Debo tener alergia al nuevo desodorante. Y la pantalla me sigue esperando. Me obligo a concentrarme. Sé que solo es cuestión de empezar a hacerlo. Sin distracciones. Bajo la mirada para centrarme. Vaya, tengo el cinturón roto. Otra vez. Hoy no acabo. Que sobrecargo tan atractiva. Joder. ¿Será posible bajarme de este avión?

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  16. Sentado en esa sala de espera del aeropuerto acomodó su sombrero mientras veía con aburrimiento la pantalla de televisión, donde se repetían incesantemente las noticias sobre un accidente en la carretera; el olor nauseabundo de una persona que a claras luces no se había duchado en días le llegó lastimando su nariz, el olor a sobaco le hizo sentir arcadas.

    Cuando abrochaba su cinturón ya sentado cómodamente en el avión, ese olor terrible volvió a atacar su sentido del olfato; volteó a mirar a su compañero de viaje, maldijo en silencio… sería un largo viaje.

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  17. Me divertía aquel conejo saliendo del sombrero negro. Como las figuras chinescas tras la pantalla, moviéndose con la narración del mago, haciéndonos reír con un trabalenguas divertido con el sobaco, la sobaquera, el golondrino y su padrino.
    Se quitó el cinturón y, al caer sus pantalones, numerosas palomas volaron de entre sus piernas. Maravillada, gire la cabeza y vi que mi marido había desaparecido. Pensé que sería una broma, hasta que el mago dirigió sus ojos hacia los lavabos.
    Ahora, en este avión destino a Bahamas, doy las gracias a esa pobre mujer por quitarme, mágicamente, un muerto de encima.

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  18. Algo quedaba grabado en su impronta de cuando llevar SOMBRERO era un síntoma de elegancia. La de su abuelo cuando le llevaba a vivir vidas maravillosas en una PANTALLA, tiempos que había perpetuado hasta ser él mismo el abuelo ensombrerado.
    Se acabó, todo se acaba, sentenciaba mientras aquellos recuerdos difuminaban. Casi del todo cuando sintió el empuje de un brazo bajo cada SOBACO para incorporarle. Le condujeron a un coche donde su nieto le ajustó el CINTURÓN diciéndole.
    Te va a gustar la película, es una comedia a bordo de un AVIÓN, le dijo, mientras le ponía su viejo sombrero.

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    1. Hola, perdonad, pero tiene algún fallo, se debe eliminar éste, el bueno es el que publico a continuación. Un fuerte abrazo, compañeros escritores solidarios.

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  19. Algo quedaba grabado en su impronta de cuando llevar SOMBRERO era un síntoma de elegancia. La de su abuelo cuando le llevaba a vivir vidas maravillosas en una PANTALLA, tiempos que había perpetuado hasta ser él mismo el abuelo ensombrerado.
    Se acabó, todo se acaba, sentenciaba mientras aquellos recuerdos se difuminaban. Casi del todo cuando sintió el empuje de un brazo bajo cada SOBACO para incorporarle. Le condujeron a un coche donde su nieto le ajustó el CINTURÓN. Te va a gustar la película, es una comedia a bordo de un AVIÓN, le dijo, mientras le ponía su viejo sombrero.

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  20. El viejo y raído sombrero, apenas una triste pantalla para su nerviosa mirada, inútil protección del Sol. Al calor del mediodía, el calor y la inquietud se delataba en grandes manchas de sudor en cada sobaco. Nervioso, se ajustó por enésima vez el cinturón, estiró la camisa e intentó aparentar una seguridad que no sentía.
    Todo ello se fue al garete en un escalofrío cuando, llena de femenina resolución, la vio descender por la escalerilla del avión.

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  21. Te observo,miro sin ser mirada,y me envuelve la elegancia que desprendes bajo el sombrero,de ala,de ala ancha.
    Delicados movimientos y palabras gratas,transforman el momento en blaco y negro,en una película muda,antigua de esas mil veces vistas en la pantalla….y te miro pero no digo nada,en mi locura abstracta pensamientos dispares se enzarzan:
    ¿cómo siendo el cuerpo tan bello le nombramos con palabras vagas? …¡Sobaco!,si sobaco,no imagino tus labios pronunciandolo.
    Vuelvo,dejo mis pensamientos sin razocinio ni descaro,y te miro,sin ser mirada.
    Abrochas el cinturón con tus manos delicadas como si de un lazo de seda se tratara.
    Tu avion ya despega,pero yo sin ser vista y sin ser mirada,rapto tu imagen y tu elegancia,dejando en tierra todas esas palabras vagas,y te llevo en blanco y negro donde no se necesitan alas.

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  22. Deberías probar, me dijo, no una, varias veces, como un estribillo absurdo por única conversación.
    De rostro huesudo como todo él, con un sombrero anacrónico que se reflejaba en la pantalla a modo de retrato. El brazo separado del cuerpo por un quiste en el sobaco que le martirizaba la vida.
    Sujetaba el vaquero con un cinturón desproporcionado. Así era, sin más.
    Deberías probar, me dijo, antes de marchar en un avión que respiraba libertad.

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  23. Llevábamos el mundo por sombrero y los ojos rojos de no apartar la vista de la pantalla de la maquina de marcianos. Bueno, de mirar a la máquina de marcianos y del porro que nos habíamos fumado en el césped de la plaza de toros. “¡Te huele el sobaco tron!”, “¡pues anda que a ti!” Nada nos preocupaba. ¡Qué gozada de vida! Y ahora, ¿qué? Apriétate el cinturón para llegar hasta final de mes, no quites los ojos del monitor del ordenador del curro y que no te huela la axila. Se nos escapó el tren. ¡Y hasta el avión!

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  24. Acertijo 15

    Liso cuerpo y alargado
    me sujeta la cabeza
    que airea su fortaleza,
    sin boca, a grito pelado.

    Jamás llevaré sombrero
    porque no soy un humano,
    pero suelo ser muy fiero
    bien sujeto en cualquier mano.

    No cabe en mí la mesura
    y la pantalla más dura
    con ligereza acribillo
    y en mi testa hay más negrura
    que en el sobaco de un grillo.

    Me pasean los obreros
    colgado en su cinturón.
    Estos vocablos arteros
    me dieron mil desesperos
    e hicieronme el avión.

    Y digo que un retintin
    lo que buscamos desgrana
    repicando cantarín
    del reloj en la campana.

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  25. Estaba a punto de conseguir su sueño: ver a sus dos actrices favoritas actuando en una obra de teatro de mucho éxito. Había conseguido una buena butaca y se retrepó en ella esperando que llegara el momento de que se levantara el telón. De pronto, apareció una señora y ocupó el asiento delantero. Llevaba un sombrero a la última moda que ocultaba su campo de visión ¡¡¡¡¡MALDICIÓN!!!! -pensó, espero que se lo quite antes de que comience la función. Los minutos pasaban y la señora no parecía tener ninguna intención de hacerlo. Con un poco de ira contenida pero muy correctamente se dirigió a ella: Por favor señora, ¿podría quitarse eso que lleva en la cabeza?, no me deja ver. ¿Y dónde quiere que lo ponga?-contestó la señora de muy mala gana. Pues no se -respondió ella. Podría ponerlo sobre su falda o metérselo debajo del sobaco. Una vez arreglado el asunto, se apagaron las luces, se subió el telón y apareció el escenario, esa gran pantalla de la vida, reflejo de nuestra existencia. De vuelta a casa, se abrochó el cinturón de seguridad y al mismo tiempo que el avión, su imaginación comenzó a volar. Ahora sería ella la protagonista de la historia que acababa de ver.

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  26. Cuatro gotas de agua, pero de a kilo, estaban cayendo en este momento. El sobrero me cubría del líquido elemento, mientras el ruido me transportaba hasta una breve pantalla de la vida, en la que buscando el amor me encontré una hermosa mujer en el autobús. Periódico en el sobaco, bolso al otro lado, piernas perfectas, cinturón de piel con un avión grabado en la hebilla y una sonrisa inmensa, tan agraciada como luna llena en su día más floreciente. Hoy sigue siendo mía, a la imagen me refiero, porque del resto ni hubo ni quedó nada.

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  27. Estaba a punto de conseguir su sueño: ver a sus dos actrices favoritas actuando en una obra de teatro de mucho éxito. Había conseguido una buena butaca y se retrepó en ella esperando que llegara el momento de que se levantara el telón. De pronto, apareció una señora y ocupó el asiento delantero. Llevaba un sombrero a la última moda que ocultaba su campo de visión ¡¡¡¡¡MALDICIÓN!!!! -pensó, espero que se lo quite antes de que comience la función. Los minutos pasaban y la señora no parecía tener ninguna intención de hacerlo. Con un poco de ira contenida pero muy correctamente se dirigió a ella: Por favor señora, ¿podría quitarse eso que lleva en la cabeza?, no me deja ver. ¿Y dónde quiere que lo ponga?-contestó la señora de muy mala gana. Pues no se -respondió ella. Podría ponerlo sobre su falda o metérselo debajo del sobaco. Una vez arreglado el asunto, se apagaron las luces, se subió el telón y apareció el escenario, esa gran pantalla de la vida, reflejo de nuestra existencia. De vuelta a casa, se abrochó el cinturón de seguridad y al mismo tiempo que el avión, su imaginación comenzó a volar. Ahora sería ella la protagonista de la historia que acababa de ver.

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  28. El Juglar
    Le llamábamos el Asturiano. Era un cuentista callejero de edad indefinida, tocado con un raído sombrero de paja que, con voz lastimera, narraba, en las esquinas, truculentos sucesos de traición y muerte. Llevaba una pantalla negra en el ojo derecho porque un barreno, decía, al explotar, se lo había vaciado. Portaba bajo el sobaco pasquines que vendía a perra gorda el ejemplar y que contenían la historia completa del suceso voceado. Un hiscal le servía de cinturón. Yo siempre conseguía la perra gorda para comprar un pasquín con el que luego mi abuelo me hacía un avión de papel. Un papel de color era impagable.

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  29. Matías VIII
    La tienda de alquiler de trajes, al lado del laboratorio de Marita, estaba cerrada aún. En el escaparate, elegantemente vestido, aquel maniquí, con su sombrero de copa que tanta gracia le hacía, sonreía impertérrito, pero, Matías, hoy, ni lo miró.
    Se sentó frente a la pantalla de rayos X y Marita le palpó el sobaco. Sintió dolor y le apartó la mano, pero ella volvió a palparlo con más cuidado.
    -No te preocupes -le dijo- desabróchate el cinturón y bájate el pantalón que quiero palparte las ingles.
    Sonó el estampido de un avión al atravesar la barrera del sonido y Matías se encogió.

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  30. Jorge silba mientras camina por la vereda del río, el agua susurra la calma chica del mediodía. Con su SOMBRERO de ala ancha oculta su mirada de tristeza producto de una PANTALLA. Silba en silencio porque con música no sabe, y del SOBACO, y no de la chistera porque no tiene, sólo un sombrero, saca un conejo negro de valentía. La suficiente para apretarse el CINTURÓN de la decepción, y seguir silbando mirando al cielo pues un AVION de esperanza ronronea SILBA

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  31. Un sombrero, una pantalla, un sobaco, un cinturón, todas estas palabras cuando tomamos la decisión de embarcarnos en un avión, nos pueden acompañar sin darnos cuenta en cualquier viaje. Cualquier pasajero puede portar ese sombrero, el mismo que da sentido a esta lista de palabras. Una pantalla en los aviones es un objeto que podemos encontrar casi en cada paso en el interior de un avión. ¿Quién no tiene un sobaco? Es totalmente imposible que se despegue sin el sobaco del copiloto y que decir de un cinturón que es la parte más importante para la seguridad en un avión

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