Escribe tu relato de Septiembre (I)

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Julián Moreno
Primera semana:

Las palabras Julián Moreno, economista, socio de Cinco Palabras y escritor solidario, que irán dedicadas para recaudar fondos este mes para Fundación Theodora:

BUFONES,  PERICOTE,  MONTAÑA,  LLUVIA y MAR

 

Los escritores solidarios de CINCO PALABRAS siguen las siguientes reglas:

  1. No se cambiará género ni número de las palabras propuestas.
  2. No se modificará la posición de las mismas.
  3. El relato tendrá una extensión de máximo 100 palabras. (*)

(*) Escribe el relato en esta PÁGINA pinchando DEJA UN COMENTARIO (aparecerán publicados una vez sean aprobados por nuestro equipo de edición) – Al final del mes se recopilarán todos los relatos en un volumen editado en PDF, que se podrá adquirir por un donativo de 5€, destinado a cada causa del mes. Colabora con nosotros y nuestras causas.

 

NOTA: CINCO PALABRAS se reserva el derecho de la publicación de los relatos. Se eliminarán relatos ofensivos o insultantes hacia cualquier país, pueblo, animal o personal que puedan herir la sensibilidad del lector.

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25 pensamientos en “Escribe tu relato de Septiembre (I)”

  1. Estaba mi nieta ingresada por una sinovitis, cuando llegaron alegres y joviales “Los theodora” gente maravillosa, pintaron una sonrisa en la mirada de ella y un tío de la familia que estaba presente los llamo bufones, palabra que encanto a mi nieta, el tío Pericote triunfó el también sabía hacer sonreír, le contó a ella y a su compañero de sala, el cuento de la montaña de chocolate puro que en la cima tenia chocolate blanco y que los días en que los niños lloraban de dolor una lluvia templada lo derretía y el chocolate resbalaba hasta el mar

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  2. La boda de mi amiga Anxelina fue sonada.
    Por la mañana a ver los BUFONES, esos surtidores de agua que salen de la tierra bufando como si fueran geyser.Impresionan bastante
    Luego, por la tarde, fuimos a ver bailar el PERICOTE a un grupo folclórico, pero los novios, mas felices y asturianos que nunca, también bailaron al son de la música.
    Al día siguiente la ceremonia se celebró en la ermita, en lo alto de la MONTAÑA. Rezamos para que la LLUVIA no apareciera.
    Todo salió perfecto.El MAR , quieto, nos permitió bañarnos para despejarnos de tantas emociones, comilonas y sidrinas.

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  3. Me asusta la cantidad de bufones que están apareciendo últimamente por doquier. Es alucinante. Y no es porque me asuste con cualquier cosa pues a estas alturas una ya está curada de espanto…..pero es que….Se creen muy graciosos. Ni que fueran el Perico aquél que decía mi maestro de Egb.
    Menos mal que tengo una válvula de escape para ello. Me voy a pasear por la montaña y cuando oigo caer la lluvia me refugio en una pequeña cueva con unas vistas tan impresionantes que hasta puedo otear el mar. Y entonces ya me siento en paz con la humanidad.

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  4. Estábamos en Pría viendo los bufones, sintiendo cómo respiraba el mar con toda su fuerza, con el corazón encogido y el alma sobrecogida.
    Inmensa una tierra de gente que sabe pelear con uñas y dientes por lo que considera justo, y que es capaz de bailar el pericote, un baile tradicional de hace cientos de años.
    Nos encontrábamos en paz y en perfecta comunión con la naturaleza viendo la inmensidad de la montaña, y contemplando cómo el agua de la lluvia que caía se confundía en un largo abrazo con el del mar.

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  5. Círculo vicioso

    Llegaron los funámbulos, procedentes de diferentes cunas y lejanos territorios, y se aproximaron a los acantilados, atraídos por los hilarantes gemidos que habían escuchado desde la carpa circense en la que vivían. Observaban las acrobacias burlescas con las que los BUFONES pretendían bailar su particular PERICOTE, y las comparaban con las que habían aprendido de la mano de los indígenas del otro lado de la MONTAÑA, quienes, disfrazados y cubiertos con gorros de tres picos y campanillas, simulando gestos y piruetas, bailaban su peculiar danza para invocar la LLUVIA, que más tarde regresaría al MAR.

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  6. ¿Nuevas elecciones?

    Ya están de nuevo en marcha, dicen que unas nuevas elecciones. Qué risa me da, los veo a ellos en la tele y me parecen BUFONES bailando el PERICOTE, (sin el traje típico de pastores y aldeanas, que son “mu pijos” ) mientras a muchos millones de españoles nos tienen sin trabajo, derrochando el dinero de nuestra sanidad. A millares nos echaron de nuestras casas, nos dejaron sin hogar. Allá están ellos, debatiendo… los culpables de que vivamos subidos en una MONTAÑA de angustia y soledad. Ojalá que la LLUVIA caiga fuerte y los ahogue a todos en la MAR.

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  7. Cada mañana en el horizonte de los farallones de Cali aparecían los BUFONES replicando el sonido del PERICOTE, que dormía cada día sobre la MONTAÑA hasta el atardecer, justo cuando el sol empezaba a ocultarse el salía volando hasta el pico de loro, donde caía cada día a las 6:00 de la tarde se formaban unas vagas nubes desplegando una fuerte LLUVIA, recorriendo las selvas y los caminos del sur de Colombia, hasta llegar al MAR de Buenaventura en el pacífico colombiano.

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  8. En mis recientes vacaciones, me adentre en el principado de Asturias. El mejor recuerdo que me traje fue la jornada que llegue a Llanes, en plena plaza del pueblo me encontré con un grupo de personas disfrazadas bufones, haciendo una precisa danza llamada pericote.
    La danza, me gustó tanto que quise investigar sobre su origen, fue una danza que me llevó hasta una montaña cercana, donde en una inscripción que encontré en una roca, decía que con ella se invocaba a la lluvia, en la edad media, donde aún se desconocía que el mar pertenecía al ciclo de la lluvia.

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  9. Entre bufones y brujas me encontraba bailando el pericote delante de un fuego, vestida como una chica del norte. Di tantas vueltas que termine volando encima de una gran montaña, pero empezó a llover y la lluvia mis alas mojaron cayendo estrepitosamente sobre un manto verde. Desorientada me acerque al acantilado, me maraville cuándo vi el mar encabritado, sin pensarlo me tire y sin mas estaba buceando y nadando como un delfín sin fin ninguno, seguidamente me desperté, mojada y llena de sudor y no sé porque, lo que soñé no me pareció mas absurdo que mi propia vida.

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  10. Los bufones permanecían inmóviles a los pies del monarca. El tintineo de sus cascabeles no debía distraer la real atención.
    Con los primeros acordes musicales el danzante hizo su entrada.
    La corte, alejada de la periferia, no entendió el baile del pericote, menos aún que el hombre que empezó bailando, al término, resultara ser mujer.
    Impresionado, el rey desposó a la bella dama que jamás regresaría a su montaña natal.
    Dicen que cuando la lluvia cae furiosa y el mar se embravece se sienten el llanto y la pena de aquella hermosa mujer que una vez bailó ante el rey. A.M.

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  11. TU RISA, MI LUZ

    Habita la brisa
    en tu franca sonrisa
    hijo bufón, del reino
    de los bufones,
    en el brillo de tus ojos
    se mecen las estrellas,
    en tus movimientos
    se siente y vislumbra,
    ritmo de tango, cumbia,
    milonga y pericote.

    Se vuelven laderas bajas
    con tus caricias,
    los picos de la montaña,
    la lluvia con tus versos,
    melodía esperanzada.

    Habita en ti la luz
    y cobra en tus hechos
    la vida sentido,
    bufón amigo,
    risa y baile,
    cuentos, besos,
    afluente de abrazos
    que en el mar navegan,
    salpicando espuma
    de alegría llena
    en el mar infinito
    de tu total entrega.

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  12. Recorría la Guardia Costera los bufones del acantilado, antes de que la pleamar les ensordeciera, haciéndoles más difícil su búsqueda. El pueblo, ajeno a la desgracia , seguía bailando su pericote tradicional entre gaitas y tambores.
    Los padres les habían informado, el día anterior, de la desaparición de su hija, cuando a la vuelta de la excursión, los compañeros explicaban que la buscaron por toda la montaña, pero tuvieron que regresar sin ella, por la intensa lluvia que amenazaba el camino.
    La encontraron flotando sobre el mar, mientras se oía a los lejos los rebufos de su gaitero.

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  13. Entre bufones de la corte anda el pericote aprendiendo a volar. Hablar, ya lo hacía mientras aguantaba las bufonadas de sus dueños en el interior de la jaula. La montaña era su hogar desde tiempo atrás y por un infortunio le cazaron siendo una cría de ave. Entre sus recuerdos anidaban la lluvia y el mar de aquel paraíso que añoraba mientras lanzaba bastas palabras al azar.

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  14. –Los bufones con su pericote al hombro sortearon la montaña bajo la lluvia y con el mar de fondo. Iban con la ilusión de arrancar una sonrisa a aquellos niños que ya no tenían ganas de vivir. Al entrar en la sala, a pesar de que alguno de ellos se resistía a sonreír insistieron más en sus muecas y chanzas. Se sintieron felices al contemplar la sonrisa de todos los presentes.

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  15. NO MÁS MENTIRAS

    No sé ni cómo dejamos de ser libres para ser gobernados por BUFONES mentirosos que bailaban el PERICOTE mientras nos obligaban a subir a la MONTAÑA para acarrear las piedras con las que edificaban sus fortalezas.
    Un día de LLUVIA en el que el trabajo era penoso alguien propuso que dejáramos caer la pesada carga hacia el MAR.
    Veíamos divertidos como esas piedras, que ellos usaban para magnificar su poder, bajaban por la ladera hasta salpicar espectacularmente al llegar al agua.
    Nos reprendieron duramente y aprendimos, no lo que ellos pretendían, aprendimos a rechazar demagogia y mentiras.

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  16. MATÍAS
    (De cómo seguir viviendo)

    I
    Se sentía asturiano. Desde siempre veraneaba en Llanes. Le gustaba la playa del Sablón y sus frías aguas, le gustaban los bufones cuando ululaban anunciando el restallar atronador del agua y le divertía el pericote que bailaba con Marita, su mujer, y con su hija Adela cada dieciséis de Agosto y la jota de la Magdalena y la Sierra del Cuera. A Matías le gustaba la montaña y disfrutaba oyendo la leve y cansina lluvia que anunciaba Septiembre. Tenía dentro el olor de aquel mar que olía a fuerte y a bravo.

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  17. La noche cálida la invitaba a salir y divertirse. Cuando llegó a la verbena estaban los bufones habituales burlándose de los que bailaban el pericote y por la montaña se elevaban unas nubecillas amenazando lluvia. Lo vio enseguida. Solo. Interesante. Diferente. Sus miradas se cruzaron y él se acercó. Hablaron, rieron y bailaron toda la noche.

    —Permíteme acompañarte a casa —le dijo solícito cuando el aguacero se precipitó sobre ellos. Entraron al coche y la condujo camino al mar donde desaparecería después entre las olas…

    La luna llena iluminó la carretera desierta, pilotando al seductor forastero hasta otro pueblo apartado.

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  18. Parecíamos auténticos bufones intentando bailar el pericote. Zapatero a tus zapatos…, si eres madrileño no puedes pretender bailar algo típico asturiano… Otra cosa es comerlo, porque después de hacer el ridículo un rato nos metimos en un chigre con vistas a la montaña y ahí sí. Ahí bebimos sidra y comimos cabrales y chorizo hasta decir basta y prácticamente no hicimos el tonto. Bueno, al final un poquillo, porque empezó a caer una lluvia fina y salimos borrachos otra vez a la plaza a seguir con el pericote. Pero borrachuzos se nos dio mucho mejor. ¡Te lo juro Mar!

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  19. Asturias es única. Lo mejor, sus Picos de Europa con la ruta del Cares, alucinante, algo que no olvidas nunca ni te puedes perder. También impresiona el rugido de los BUFONES cuando salen esos cañones de agua de las entrañas de la tierra. Mejor verlos en un día ventoso y de mareas fuertes. Otra cosa son sus fiestas y su baile del PERICOTE, símbolo de identidad de Llanes, aunque, muy a su pesar, los cántabros se lo han apropiado como bien cultural de su región. La MONTAÑA, la LLUVIA, el MAR y muchas otras cosas. Lo tienen todo los asturianos y además lo tienen de forma majestuosa, imponente, emocionante.

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  20. Araño horas a la noche porque las del día se quedan cortas.
    Al cobijo de la noche cerrada no hay bufones danzando pericote que distraigan mi mirada.
    Ya no distingo la montaña nevada desde mi ventana,la aldea duerme callada desde que la lluvia se llevó los últimos hielos en forma de agua hacia el mar en calma.
    Y yo en tu ausencia,espero que llegue el día y el invierno regrese para llenar mi cama.

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  21. El día que MAR conoció al tritón la LLUVIA era tan intensa que le calaba los huesos y apenas veía nada. Lo había encontrado inconsciente sobre la arena… La chica se quedó extasiada ante la belleza de aquel ser herido, mitad muchacho, mitad pez. Jamás le habría encontrado si no se hubiera ido corriendo de clase de educación física, cuando los BUFONES de su curso se rieron de ella por su forma de bailar el PERICOTE. Cuando él despertó, agradecido por haberlo salvado, le hizo una oferta… Ir al Reino Submarino con él y dejar atrás su MONTAÑA de problemas.

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  22. Otro paso de página. De nuevo vuelve tu recuerdo. Tu asombro ante la fuerza del mar contemplado los bufones. Tus ojos verdes como los prados por los que caminamos. Quise estar contigo en esta tierra que, sin ser la mía, es parte de mí. Vivir la fiesta al son del pericote, de las gaitas. Sentir la montaña como parte de Gaia. No nos importó la lluvia que acompañó nuestros paseos. Tu olor mezclado con el de la tierra mojada fue el mejor perfume del mundo. Y besarte frente al mar intentando perpetuar ese momento para el resto de mi vida.

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  23. No ye un bufón, pero si ye un guaje muy gochu el que bailaba el pericote en la montaña sin importarle la lluvia. Pisoteando la pación de las vacas sin miramiento, cantando a gritos como un babayo y a medio vestir de pastor como si fuese un día de fiesta y tuviera que ir al chigre.
    Estaba orbayando pero parecía no importarle… el guaje seguía cantando con la llamuerga hasta las rodillas, feliz.
    Quería ver el mar, pero se conformaba con la lluvia.
    Solo era otra forma de sentir la libertad del agua, otra forma de nadar a contracorriente.

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  24. Rodeada de bufones, quiso escapar de sí misma. Mimetizando. Se había convertido en un pericote en tierra de nadie. No era su sitio. Ni siquiera se recordaba a sí misma. Dio un paso adelante, hacia esa alta montaña, todavía cubierta por la nieve y que poco a poco se iba derritiendo en agua de ríos, salvaje en su bajada, acoplándose al curso de unas aguas transparentes nacidas de la lluvia, siguiendo sus propios meandros hasta alcanzar su mar. Allí, sacó sus pinceles. Se puso a pintar.-

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