ESCRIBE TU RELATO

Hace unos días, publiqué este post en Facebook:

“¿Me haces un favor? Tengo que escribir un relato solidario largo y no estoy inspirada. Si me dices cuál es tu palabra preferida, cogeré todas las palabras que reciba y las utilizaré para escribir el relato. Seguro que sale una historia.”

Las palabras que me han regalado van escritas en orden y en negrilla.
¡Gracias!

 

Libertad, expresar, experimentando, jardín, vida, aprender, constancia, risa, sorpresa, sueños, respeto, hermana, esperanza, cariño, paraíso, abrazo, paciencia, cómplice, encuentro, sonrisa, energía, humildad, fuerza, notas, Venezuelalibre, luz, consciencia, transgresión, empujé, perdulario, Era, bueno, perdón, sexo, amistad, piscina privada, potencial, abrazos, Tabanco, Albelia, comprensión, guapa, adolescencia, acordes, guirnaldas, piel, salada, pasión, felicidad, mar, tintineos, arte, música, enxebre, cierto, compás, berberecho, caricias, sutilmente, virgulilla, albahaca, reto, tolerancia, sosiego, ensimismado en otra onda, paciencia, traviesa, compañerismo, ilusión y amor.

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Un pensamiento en “ESCRIBE TU RELATO”

  1. Permíteme que te sirva una taza de té.
    Siempre quise llamarme Libertad, es la palabra más bonita del diccionario y, para muchos, la mayor mentira. El día que dije a mi padre que me cambiaría el nombre y dejaría de llamarme Francisco para llamarme Libertad, me estampó contra el armario de una bofetada, sin expresar palabra alguna.

    Aunque me llamen Paco, tú me puedes llamar Libertad. Aquí tienes el té. Eres la única vecina que me faltaba por invitar.

    Llegué a esta ciudad sin saber dónde vivir. Recorría las calles con mi mochila, experimentando una desolación que me abatía. Creí que la ciudad me iba a librar de la tristeza de mi pueblo y me encontré con unos edificios tan grises como las personas que en ellos viven. Cuando vi este bloque de viviendas llamado LIBERTAD y supe que era el lugar donde habitaría. El jardín, aunque como apreciaras no se ve desde aquí, fue lo primero que me llamó la atención. Tan armónico, tan limpio y tan lleno de vida.
    No es fácil aprender a vivir en una ciudad cuando tus amigos han sido las ovejas, pero si algo me caracteriza es la constancia y sé que lo conseguiré. No volveré a ese maldito pueblo.

    Se te va a enfriar el té. Espera, te quitaré la mordaza. No intentes gritar. Aquí nadie te va a oír.

    No fue fácil convencer a los dueños para que me alquilaran este bajo. Todavía recuerdo su cara de risa y sorpresa cuando, mirándome de arriba abajo, se mofaban animándome a volver a mis orígenes, pues no tenía suficiente clase y dinero para vivir entre ricos. No les guardo rencor, ahora son mis mejores vecinos bajo el suelo de mi cama y guardan mis sueños. Aprendieron lo que es el respeto a base golpes con mi vara de pastor. Mi hermana Esperanza me la dio con mucho cariño antes de partir, para que me guiara en el paraíso urbano.
    ¿No bebes? ¿Tal vez prefieras un refresco?

    Mi madre me dio un abrazo que no olvidaré. No quería soltarme porque sabía que si me iba, ya no tendría en quien apoyarse cuando mi padre le pegara. Tuve mucha paciencia, pero ya no podía ser su cómplice y salir a su encuentro y defensa cada vez que ese malparido de sonrisa perversa la agrediera, pateando con energía su humildad y su fuerza de voluntad, como cuando venía borracho cantando con notas desafinadas: ¡Venezuelalibre!

    El vecino del primer piso me recordaba a él. Siempre gritando a su mujer, empujándola contra todos los muebles y riéndose de su tamaño. Un día, cuando volvió a casa, ebrio como era habitual, no funcionaba la luz del edificio y sin consciencia alguna se dejó las llaves puestas. No me siento culpable de la transgresión. Empujé la puerta sigilosamente y me abalancé sobre ese perdulario, cuchillo en mano. No le guardo rencor, ahora sé que no nos molestará más.

    ¡Vivimos en la Era de los Valientes!
    Bueno… veo que no tienes ganas de beber. Perdón, no me había dado cuenta, te soltaré una mano para que puedas coger el vaso. No intentes nada.

    No creo que la mujer sea el Sexo débil. Sois astutas y calculadoras, supervivientes, y eso os hace más fuerte que nosotros. Podéis destrozar a un hombre con un maltrato psicológica y subliminal, latente y escondido.

    Yo no quería tu amistad, solo que me dejaras usar la piscina privada, pero me mirabas con cara de asco como si oliera a podrido. Tenías un gran potencial para ser elegida la mejor vecina y ganarte mis abrazos, pero la señorita fina de Tabanco, que reniega de sus raíces, pavonea tramposa su alta alcurnia venida abajo. Albelia te haces llamar cuando tu nombre es Alberta. ¿Dónde está tu comprensión, tu compasión? ¿Quién te destrozó tu guapa adolescencia para desafinar los acordes de tu cerebro, engalanado ahora con guirnaldas?

    Mujer de piel salada, sin pasión ni felicidad, hundida en un mar de falsedades. Locos tintineos de grandeza sin arte ni música corren por tu cabeza. Tú me dices que huelo mal. Tú estás podrida. Ni una auténtica enxebre meiga podría salvar tu alma. ¿No es cierto que usaste tus encantos, a compás de boleros, para comerte el “berberecho” de tu casero? ¿Cuántas caricias costó tu casa? ¿Cuántos besos robaste sutilmente bajo el bigote de ese desgraciado, que más parecía una virgulilla que un buen mostacho?

    Ahora yace bajo el tiesto de albahaca. No podía permitir que siguiera siendo infiel a esa buena mujer, que superaba cada día el reto de vivir con tan despreciable ser. Con la ataraxia que mamé de mi madre, le arranqué su corazón sin tolerancia ni sosiego. Ahora estará ensimismado en otra onda, otra dimensión… en el infierno.
    Paciencia, no te agites.

    Eres traviesa, no conoces el compañerismo y vives sin ilusión, sin amor. No mereces vivir. La vida es para los valientes, para los que somos libres, por eso me tienes que agradecer que te vaya a conceder la suprema LIBERTAD

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